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                <title>Estudios sobre el Notariado Europeo (siglos XIV-XV)</title>
                <funder>École nationale des chartes</funder>
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                    <name xml:id="OC">Olivier Canteaut</name>
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                    <name xml:id="MH">Mathilde Henriquet</name>
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                <title>Éditions en ligne de l'École des chartes</title>
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                    <abbr>Estudios sobre el Notariado Europeo</abbr>
                    <title>Estudios sobre el Notariado Europeo (siglos XIV-XV)</title>, éd. Pilar Ostos et M. <hi rend="sup">a</hi> Luisa Pardo, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla,<date>1997</date>
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            <head><hi rend="i">Estudios sobre el Notariado Europeo (siglos XIV-XV)</hi>, éd. Pilar Ostos et M. <hi rend="sup">a</hi> Luisa Pardo, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla,1997</head>
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                    <head><pb n="9"/>Presentación</head>
                    <byline><docAuthor>Pilar Ostos</docAuthor>, Universidad de Sevilla</byline>
                    <byline><docAuthor>María Luisa Pardo</docAuthor>, Universidad de Sevilla</byline>
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                    <p>En septiembre de 1994, la Universidad de Sevilla acogió a la Comisión Internacional de Diplomática, adscrita al Comité Internacional de Ciencias Históricas y dependiente de la UNESCO. Como era habitual, tuvo su reunión interna sobre un tema concreto, aprobado durante el Congreso internacional de Diplomática, que se había celebrado el año anterior en Innsbrück (Austria). El tema objeto de debate, en esta ocasión, fue <hi rend="i">Notarios y Notariado en Europa</hi> (<hi rend="i">siglos XIV al XV</hi>).</p>
                    <p>Nuestro presidente honorario, G. Battelli, propuso una serie de aspectos a debatir dentro del variado y complejo mundo del Notariado, que los diferentes miembros de la Comisión intervinientes en este Coloquio debían situar en un espacio geográfico concreto. Así, los nombramientos reales y delegados ; la preparación cultural de los candidatos ; la formalidad de la investidura y sus símbolos distintivos ; la extensión y límite de sus facultades ; el nivel de asociacionismo y los colegios profesionales ; sus estatutos, privilegios y legislación ; sus condiciones socio-económicas y culturales ; la práctica de su ejercicio a través de formularios, registros y escrituras ; y, finalmente, los procedimientos penales en los que podían incurrir ante el mal uso de este oficio público.</p>
                    <p>La organización de este Coloquio fue encomendada por el Bureau de la C.I.D. a las que esto suscriben, como miembros de la misma. Tras las anteriores reuniones habidas en nuestro país (Zaragoza, Valencia, Madrid), resultaba para nosotras un honor y una responsabilidad retomar el testigo de una nueva convocatoria a celebrar en España. Para ello, siempre contamos con el apoyo y experiencia del entonces Secretario general de la C.I.D., W. Prevenier, su actual Presidente, y con el entusiasmo científico y personal de nuestros colegas españoles.</p>
                    <p>Desde el principio, fuimos conscientes que la mejor manera de fomentar un verdadero intercambio de ideas e información científica sería la de propiciar un debate múltiple, en el que cada uno de los aspectos anteriormente señalados fueran analizados individual y globalmente por cada uno de los participantes, que de manera activa exponían las realidades de su propio país. De esa manera, se <pb n="10"/>consiguió establecer una efectiva y real comunicación entre los asistentes a esta reunión en la que se puso de manifiesto los elementos comunes y diferenciadores existentes en esta institución notarial dentro del ámbito europeo.</p>
                    <p>Así, Giulio BATTELLI (Roma), analizó “I notai apostolica auctoritate”, como una propuesta de investigación global en Europa. Sobre Portugal, disertó M<hi rend="sup">a</hi> Helena COELHO (Coimbra) ; de Transilvania, Maria DOGARU (Bucarest) ; sobre notariado en la Curia Papal, Peter HERDE (Würzburg) ; de la República Checa, Ivan HLAVACEK (Praha) ; sobre los Paises Bajos, Walter PREVENIER (Gant) ; de Inglaterra hubo dos intervenciones, una sobre notarios arzobispales en Canterbury, de Jane SAYERS (London) y otra, sobre notarios públicos en general, por P. ZUTSHI (Cambridge) ; de Alemania, habló P.J. SCHULER (Postdam) ; sobre Polonia, Krysztof SKUPIENSKI (Lublin) ; y, finalmente, Silio P.P. SCALFATI (Pisa) expuso la realidad del notariado en Córcega. Nuestro país estuvo representado por Rafael CONDE (Barcelona) para la corona de Aragón y por Pilar OSTOS y María Luisa PARDO para el reino de Castilla. La mayoría de las sesiones fueron moderadas por M<hi rend="sup">a</hi> Josefa SANZ (Oviedo), representante española en el Bureau.</p>
                    <p>Estas sesiones se vieron completadas con una visita al Archivo General de Indias y otra a la Institución Colombina, donde pudimos ver los avances de la informática en el campo documental y apreciar un conjunto de documentos notariales del riquísimo fondo que pertenece al Archivo de la Catedral de Sevilla. El Ilustre Colegio Notarial de la ciudad, personificado en su decano, nos recibió en su sede “a la manera española”.</p>
                    <p>El resultado escrito de algunas de aquellas intervenciones, por desgracia no todas, ha sido publicado en el número 23 de la revista de la Universidad de Sevilla <hi rend="i">Historia. Instituciones. Documentos</hi>, y ahora se muestra en este libro.</p>
                    <p>El que esta reunión se llevara a cabo fue posible gracias a la conjunción de varias voluntades. La Junta de Andalucía, a través de su Consejería de Educación, y la Universidad de Sevilla, por medio de su Vicerrectorado de Extensión Universitaria. A ambas instituciones, gracias.</p>
                    <p>Este agradecimiento es también extensible a todos los colegas de la C.I.D. que acudieron e hicieron posible esta cita en Sevilla y el buen ambiente científico y humano que reinó entre nuestro pequeño grupo. El inicio del otoño en el Aljarafe sevillano pudo ser apreciado desde la atalaya del Colegio Mayor “Buen Aire”.</p>
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                <front>
                    <head><pb n="11"/>Os tabeliães em Portugal. Perfil profissional e sócio-económico (sécs. XIV-XV)</head>
                    <byline><docAuthor>Maria Helena da Cruz Coelho</docAuthor>, Universidad de Coimbra</byline>
                </front>
                <body>
                    <p><pb n="13"/>Situarmos o tabelionado português nos séculos XIV e XV é pensarmos uma profissão já com século e meio de história<note type="1"><p>Bem mais antiga é a história do tabelionado em geral, a qual se pode acompanhar na clássica obra de J. BONO, <hi rend="i">Historia del Derecho Notarial Español</hi>, Madrid, 1979, 1982, 2 tomos. Este mesmo autor publicou, recentemente, um outro importante estudo intitulado <hi rend="i">Breve Introducción a la Diplomática Notarial Española. Parte Primeira</hi>, Sevilha, 1990. E sem qualquer pretensão de listagem bibliográfica — que é já abundantíssima sobre esta temática — serão de lembrar as obras mais regionais de R. AUBENAS, <hi rend="i">Études sur le Notariat Provençal au Moyen-Âge et sous l’Ancien Régime</hi>, Aix-en-Provence, 1931 e de G. COSTAMAGNA, <hi rend="i">Il Notaio a Genova tra Prestigio e Potere</hi>, Roma, 1970. Não menos de destacar os estudos recentes, recolhidos nas <hi rend="i">Actas do VII Congreso Internacional de Diplomática, Valencia, 1986</hi>, “<hi rend="i">Notariado público y documento privado : de los orígenes al siglo XIV</hi>”, Valencia, 1989, 2 vols.</p></note>.</p>
                    <p>Depois da primeira tentativa precoce de D. Afonso II de criar tabeliães<note type="1"><p>H. da G. BARROS, <hi rend="i">História da Administração Pública em Portugal nos séculos XII a XV</hi>, 2<hi rend="sup">a</hi> ed. dir. por T. S. SOARES, Lisboa, 1950, VIII, 369-70, apresenta vários exemplos da sua existência de 1212 a 1223, referindo justamente o ano de 1212 como o da primeira notícia da existência de um tabelião em Portugal. É de Martim Martins, tabelião de Guimarães, o primeiro instrumento tabeliónico conhecido entre nós, que data de 1214 (veja-se o artigo de E.B. NUNES, “Martim Martins, primeiro tabelião de Guimarães”, sep. das <hi rend="i">Actas do Congresso Histórico de Guimarães e sua Colegiada</hi>, Braga, 1981, II). A dissertação de doutoramento em Direito de J.A.A. D. NOGUEIRA, <hi rend="i">Sociedade e Direito em Portugal na Idade Média. Dos primórdios ao século da Universidade</hi> (<hi rend="i">Contribuição para o seu estudo</hi>), Lisboa, 1994, 199-230, enquadra de novo esta problemática propondo a existência de tabeliães já nos finais do século XII, o que certamente a tese de doutoramento em curso de Bernardo de Sá Nogueira sobre as origens do tabelionado em Portugal virá, definitivamente, a aclarar.</p></note>, eles são uma realidade segura na segunda metade do século XIII<note type="1"><p>Referências a tabeliães ao tempo de Afonso III (1245-1279) se encontram em H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 370-375. Por sua vez M.C. A. e CUNHA, no seu estudo “Tabeliães bracarenses no século XIII”, sep. de <hi rend="i">Actas do Congresso Internacional sobre o</hi> “<hi rend="i">IX Centenário da Dedicação da Sé de Braga</hi>”, Braga, 1990, 251, aponta 4 tabeliães na cidade entre 1220 e 1230, 12 entre 1250 e 1260 e 18 entre 1290 e 1300.</p></note>. Surgem por determinação régia, impondo-se, gradualmente, a nível local no governo de D. Afonso III. E para que definitivamente se enraizassem, as sistematizações, listagens e codificações começam a surgir — livros de notas e registos, róis de tabeliães e regimentos.</p>
                    <p>Há referência a um livro de notas do tabelião Domingos Pais de Lisboa, em 1264<note type="1"><p>A sua abonação acha-se na síntese elaborada por I. da R. PEREIRA, “O tabelionado em Portugal” sep. das <hi rend="i">Actas do VII Congreso Internacional de Diplomática</hi>, “<hi rend="i">Notariado público y documento privado : de los orígenes al siglo XIV</hi>”, Valencia, 1986, I, 623. Justamente uma carta de venda, em 1264, de um tabelião de Lisboa explicita : “<hi rend="i">qui eam notavit et eam in Registro suo rescripsit et signum suum in testimonium apposuit infrascriptum</hi>”.</p></note>. A sua existência é prescrita com obrigatoriedade, logo no regimento de 1305.</p>
                    <p><pb n="14"/>Possuimos um rol de tabeliães, com data crítica entre 1287-1290, elaborado por mandato régio, com a finalidade de taxar a lucrativa actividade da escrita. Rol de há muito aproveitado nos seus preciosos informes de número de tabeliães por localidade e do respectivo quantitativo a pagar à coroa<note type="1"><p>Leia-se o trabalho de A. H. de O. MARQUES, “A população portuguesa nos fins do século XIII”, <hi rend="i">Ensaios de História Medieval Portuguesa</hi>, 2<hi rend="sup">a</hi> ed., Lisboa, 1980, 51-92, que o publica em apêndice, doc. 2, das páginas 76 à 92, pelas várias versões existentes. Este rol não inclui as terras senhoriais, mormente das Ordens Militares, onde os tabeliães actuavam pelos senhores, nem a província do Algarve, esta última ausente por razões que desconhecemos.</p></note>, que nos ilumina sobre o alcance do exercício do labor do tabelionado.</p>
                    <p>Por sua vez os regimentos dos tabeliães sucedem-se em 1305 (15 de Janeiro) e 1340 (15 de Janeiro)<note type="1"><p>Publicados em <hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, prefácio de N. G. da SILVA, leitura paleográfica e transcrição de M. T. C. RODRIGUES, Lisboa, 1971, 63-70 e incluidos no citado estudo de I. da R. PEREIRA, como os documentos XXIV e XXVII.</p></note>, para além da posterior codificação nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi>.</p>
                    <p>A leitura destes regimentos deixa-nos aperceber claramente um passado já enraizado destes profissionais da escrita. Tão enraizado o seu labor, como os vícios decorrentes do mesmo. Daí que muitas das exigências estipuladas derivem de maus usos então instalados, que se queriam erradicar.</p>
                    <p>Em linhas gerais os 29 artigos do regimento de 1305 têm em vista três aspectos genéricos :</p>
                    <list type="dash">
                        <item>impedir aos tabeliães o acumular de profissões ;</item>
                        <item>exigir que, em todos os detalhes, cumpram escrupulosamente a sua actividade de escrita ;</item>
                        <item>determinar que sirvam a justiça ou se sujeitem a ela quando prevariquem.</item>
                    </list>
                    <p>No que ao primeiro ponto concerne os tabeliães não devem ser clérigos (art. 28), não devem advogar perante os juízes (art. 2), muito menos ser juízes (art. 12). Igualmente lhes fica interdito serem rendeiros do mordomado ou de outras rendas que usualmente detinham (art. 13). Antes, para o correcto exercício do seu mester, nas localidades onde havia 2 tabeliães ou mais, cumpre-lhes ter casa ou paço, onde a clientela saberia poder encontrá-los (art. 21).</p>
                    <p>A sua profissão quer-se exercida correctamente, servindo com prontidão e verdade os clientes.</p>
                    <p>As notas dos instrumentos a escrever devem fixar-se em livros de notas em papel e não em folhas avulsas que se perdem (art. 1)<note type="1"><p>“<hi rend="i">Primeiramente jurem que escrevam as notas das cartas ou dos stromentos que ham de fazer, primeiramente en livro de papel e nom no fazem assy e filham nas en cedulas e em rooes e perdem nas…</hi>”.</p></note>. Expedidos os documentos, o seu registo far-se-á em livro de couro, destinado a perdurar (art. 3)<note type="1"><p>“<hi rend="i">En outra parte jurem que registem e ponham en livro boom de coyro as cartas que fezerem das fermidões…</hi>”.</p></note>.</p>
                    <p>As partes envolvidas no acto devem ouvir previamente a leitura das notas, para que não haja dolos (art. 4), ou, se não se conhecerem as partes, pelo menos <pb n="15"/>ouvi-las-ão ler as testemunhas (art. 8). Também os tabeliães devem ser escolhidos com o acordo das partes (arts. 22, 27).</p>
                    <p>Na execução das cartas tudo se deseja claro — não pode haver palavras entrelinhadas ou rasuradas, nem abreviaturas nos nomes, dívidas ou datas, que tornam os documentos incompreensíveis (art. 14) ; os documentos devem estar devidamente datados pelo dia, Era e lugar em que foram feitos (art. 16) ; os documentos de dívidas têm de ser dados até 3 dias e os demais até 8, para terminar com o abuso de só escreverem as cartas ao fim de anos (art. 5) ; não podem levar mais do que o taxado para as diversas escrituras (art. 10) ; não podem exigir dinheiro por procurar os documentos que os clientes já pagaram, nem provocar demandas por isto ou dar maus tratamentos aos mais pobres (arts. 6, 7 e 23) ; nos prazos de dívidas entre cristãos e judeus deve estar claramente escrito o montante do empréstimo e o juro (art. 9)<note type="1"><p>Este assunto das escrituras entre cristãos e judeus é também objecto das leis dionisinas de Évora, 14 de Janeiro de 1315 e de Lisboa, 3 de Novembro de 1314 (<hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 178, 186-187).</p></note> ; devem respeitar regras para a execução de grandes escrituras, cuja feitura exige até, por vezes, a saída do reino (art. 17) ; se uma das partes pedir um dos actos de uma carta partida tem de lhe ser dado (art. 18).</p>
                    <p>No referente à justiça não a devem obstruir — por isso têm de comparecer como testemunhas quando as partes os convocam ou os juízes exigem o seu testemunho (arts. 11 e 19).</p>
                    <p>Mais, são obrigados a cumprir o que os juízes lhes mandam corrigir e não ameaçar a justiça, como até ao tempo faziam (art. 20). Faz também parte do seu <hi rend="i">munus</hi> coadjuvar a justiça régia, escrevendo as malfeitorias que se fazem, creditando-as por meio de testemunhas (arts. 24, 25), da mesma forma que, havendo acordo entre as partes, também este deve ficar anotado (art. 26)<note type="1"><p>Para maiores desenvolvimentos, consulte-se H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 390-392.</p></note>.</p>
                    <p>D. Dinis considera que desde então os tabeliães prevaricadores seriam penalizados como falsários e acrescenta “eu vos matarey porem”<note type="1"><p>Um acrescento a esta lei é outorgado em carta régia saída de Lisboa, a 1 de Julho do mesmo ano, quanto à exigência de testemunhas e regras de elaboração de certos actos (<hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 203-205). Ainda sobre as funções dos tabeliães, em lei sem data, regulamenta-se a sua presença nas audiências, sempre que fosse conveniente, e em lugares próprios para escrever os actos necessários. E querendo-se que tais tabeliães sejam isentos face aos juízes, determina-se que a sua escolha seja feita pelos homens bons e vereadores (<hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 271-273).</p></note>.</p>
                    <p>Mas a sua lei parecia não ter efeito por falta de esclarecimentos de quem devia julgar os abusos dos tabeliães. Então Afonso IV expede de Leiria, a 1 de Agosto de 1326, uma carta que determina que tal acusação pode ser feita perante o vedor da sua chancelaria ou os juízes locais, reservando para si o direito de apelação<note type="1"><p><hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 70-71. Numa outra lei sem data diz-se : “<hi rend="i">estabeleçudo he que os tabelliões e os moordomos deuem fazer dereyto dante seus juyzes</hi>” (<hi rend="i">Idem</hi>, 226). Igualmente sabemos que, criados os corregedores, estes oficiais tinham poderes sobre os tabeliães (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 393-395).</p></note>.</p>
                    <p>Os abusos pareciam manter-se em 1340, quando Afonso IV manda promulgar um novo regimento, com 22 artigos. Inteiramente decalcado no anterior, faltam-lhe apenas os itens que dizem respeito à interdição dos tabeliães serem <pb n="16"/>clérigos e de não poderem ser eleitos para juízes. O primeiro aspecto talvez já não fosse de particularizar, dado que se sabia estarem genericamente interditos os ofícios seculares a clérigos de ordens sacras ou menores<note type="1"><p><hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 275.</p></note>. Igualmente não se encontra neste regimento o artigo referente aos tabeliães exigirem dinheiro por procurarem as escrituras ou negarem-se mesmo a fazê-lo. Todavia, surge um curioso acrescento quanto ao tempo da feitura dos actos, que bem demonstra a vitalidade crescente da profissão. Assim, admite-se agora, poder haver um acordo entre o tabelião e as partes para se distender o prazo máximo de 8 dias para a entrega de uma escritura (art. 3)<note type="1"><p>Cfr. H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 390-392.</p></note>.</p>
                    <p>Nada de muito substancialmente diferente é regulamentado no título XXXXVII do livro 1 das <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi> em 20 artigos<note type="1"><p>Seguimos a edição da Fundação Calouste Gulbenkian — <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi>, nota de apresentação de M. J. de A. COSTA e nota textológica de E. B. NUNES, Lisboa, 1984, I.</p></note>. Sendo este, todavia, já um verdadeiro código, eliminam-se as exposições de situações dolosas para se evidenciar apenas o que deve ser cumprido. Ausentes estão certos artigos do primitivo regimento<note type="1"><p>É o caso dos artigos 10, 11, 14, 15 e 22 do regimento de 1305.</p></note>, mormente um bom número deles que dizem respeito ao relacionamento com a justiça<note type="1"><p>Assim os artigos 20, 23, 24, 25, 26, 28 e 29 do regimento de 1305.</p></note>. Mas também cláusulas se encontram nestas <hi rend="i">Ordenações</hi> muito mais clarificadas e desenvolvidas<note type="1"><p>A exemplo, os artigos 1, 8, 9 e 17 sobre as diversas formalidades dos actos que escreve, mormente entre cristãos e judeus.</p></note>, sendo outras completamente novas e tradutoras de um progresso desta profissão, já bem amadurecida no século XV, quando em 1447 sai aquela compilação.</p>
                    <p>No artigo 10° discriminam-se, com precisão, as competências dos tabeliães das audiências e do paço, cujas funções devem ser independentes. No 16° exige-se que, quando as pessoas que necessitem de uma escritura não puderem ir ao paço dos tabeliães, estes devam ir a suas casas. No 17°, porque o relacionamento entre judeus e cristãos muito se havia complexificado, estipula-se com minúcia o modo de agir na feitura de documentos entre os homens dos dois credos religiosos. Finalmente, no artigo 19, interdita-se que, depois de dados os documentos às partes — e citam-se contratos de obrigações, aforamentos, arrendamentos, compras, vendas, apenhamentos — não sejam passadas quaisquer outras cópias do mesmo sem autorização régia.</p>
                    <p>Codificadas estavam as funções do tabelionado. Ao mesmo tempo viram-se igualmente determinados os emolumentos a cobrar pelas escrituras. Daí que o primeiro documento regulamentador, que se conhece, anteceda o regimento de 1305 em três dias<note type="1"><p>Publicado por I. da R. PEREIRA, “art. cit.”, doc. XXVI.</p></note>. No final dessa lei anunciam-se, pois, algumas cláusulas profissionais que se constituirão em artigos do aludido regimento.</p>
                    <p>No que às taxações concerne, verifica-se que alguns documentos tinham um preço fixo, enquanto outros eram pagos à linha.</p>
                    <p><pb n="17"/>Assim os mais caros documentos a preço fixo que se registam são as cartas de alforria e os prazos, que orçam a 5 soldos. Por 4 soldos o tabelião escreverá uma carta de doação, venda ou compra, escambo, emprazamento, procuração ou apelação de clérigo ou qualquer outro instrumento “d’algũa fermidoem”. Por 2 soldos se obtém uma carta de “mandadeira” e um prazo que se não registe.</p>
                    <p>Nos demais documentos que os tabeliães escreverem cobrar-se-ão 2 dinheiros por cada 3 regras. Mas, para que não haja fraudes — e elas não faltariam — nas linhas as letras não deviam estar tão afastadas umas das outras que até parecesse haver um engano e o pergaminho haveria que ter de largura um côvado.</p>
                    <p>As escrituras de inquirição pagavam-se de forma diferente — por artigo, cada um a 4 dinheiros ; e por testemunha, cada uma a 2 dinheiros.</p>
                    <p>Regulamentam-se, ainda, as despesas de caminho. Nas deslocações dentro da vila, pela ida e regresso, o tabelião podia cobrar-se de 2 soldos. E nos lugares onde houvesse 2 tabeliães ou mais este percurso devia ser feito por 2 tabeliães a par, cada um deles cobrando-se daquele dinheiro<note type="1"><p>Nas Cortes de Santarém de 1331 pede-se justamente que esta paridade desapareça, podendo só um tabelião andar pela vila, para se não duplicarem as despesas e abusos (<hi rend="i">Cortes Portuguesas. Reinado de D. Afonso IV</hi> (<hi rend="i">1325-1357</hi>), ed. preparada por A.H. de O. MARQUES, M. T. C. RODRIGUES e N. J. P. P. DIAS, Lisboa, 1982, 50).</p></note>. Se porventura os tabeliães tivessem de ir fora do âmbito do seu tabelionado, receberiam 4 soldos por cada légua percorrida, sendo-lhes fornecida uma besta para o regresso. Mas também aqui não se permitiam enganos. Logo, se o tabelião morasse fora da área do seu tabelionado não podia receber qualquer dinheiro pela deslocação até às terras que lhe competiam<note type="1"><p>Cfr. H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 377-379.</p></note>.</p>
                    <p>Quase dois séculos decorridos e a codificação dos salários do tabelionado surge altamente desenvolvida e precisa nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi> em vários títulos<note type="1"><p>Livro I, tits. XXXV a XXXIX. Note-se que neste intervalo de tempo outra legislação deve ter sido promulgada, até para efeitos de actualização dos pagamentos. Conhece-se, de facto, uma taxação de cerca de 1366, copiada num tombo do mosteiro de Grijó, e publicada e analisada por J. de ALARCÃO, no seu estudo “Emolumentos do tabelionado medieval português — Uma tabela inédita”, sep. <hi rend="i">Revista Portuguesa de História</hi>, 8 (1961), 5-11 e uma outra registada no livro 2 da Chancelaria de D. Duarte, sem data, mas talvez de 1440, publicada por I. da R. PEREIRA, “art. cit.”, 663-664.</p></note> — tabelas pela execução dos documentos (diferentes consoante em pergaminho ou em papel), pelas suas buscas e pelas deslocações. Claramente distintos se apresentam os tabeliães das audiências ou do judicial e dos paços das notas<note type="1"><p>Os tabeliães das notas de Lisboa pediram a D. João I, nas Cortes de Lisboa de 1439, para se intitularem notários, nome que consideravam mais formoso e adoptavam quando escreviam para o exterior do reino. Não lhes permitiu, porém, o monarca que o usassem no seu interior (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 364-365).</p></note> e toda a tramitação da escrita judicial fica regulamentada.</p>
                    <p>Como regra, o tabelião das audiências, em inquirições, apelações, traslados e termos de processo, cobra de 9 regras 1 real branco, enquanto o escrivão recebe o mesmo mas por 10 regras, sendo o tabelião compensado, dado o imposto a pagar ao rei (título XXXV). Mas para além desta regulamentação genérica tudo fica pormenorizadamente descrito em 14 artigos quanto ao custo da abundante e <pb n="18"/>variada tramitação processual e escrita que a casuística exige. No título XXXVI, em 8 artigos, especificam-se os emolumentos das sentenças das cartas dos processos. As sentenças que envolvam uma pele de carneiro “chea de boa escriptura, sem malica escripta” custam 50 reais brancos ; escritas em meia pele, orçam a 25 ; e a 1/4 de pele, 15. Os documentos processuais em papel são mais baratos — 16 ou 12 reais brancos, conforme o tamanho e o tipo de carta pretendido.</p>
                    <p>Segue-se no título seguinte, em 3 artigos, o preçário das cartas que dizem respeito aos tabeliães dos paços. As escrituras que encham uma pele de pergaminho bem escrita, sem malícia, serão feitas por 40 reais e a sua nota no livro por 60 : as de meia pele valem 20 reais e 30 de nota ; as de 1/4 de pele 12 reais e 16 de nota. Já uma escritura lavrada numa folha de papel se paga por 12 reais e 16 da sua nota e em meia folha 6 reais e 8 da nota. Nos inventários ou outros documentos semelhantes, os tabeliães dos paços pagavam-se como os dos processos, a saber, a 1 real branco por 9 regras, além dos 4 reais de percurso, caso fossem elaborados na vila ou arrabalde.</p>
                    <p>Os títulos XXXVIII (em 2 artigos) e XXXIX (em 8 artigos) regulamentam as vistas dos feitos e as suas buscas<note type="1"><p>Ainda no título XXXIII se regulamentavam os ónus de deslocação e mantimento dos tabeliães, escrivães e inquiridores quando andavam pelas terras a fazer inquirições.</p></note>.</p>
                    <p>A complexidade da justiça e da burocracia, que se vai adensando nas centúrias de Trezentos e Quatrocentos, conduz a sobreposições, ou mesmo fraudes, por parte dos diversos agentes da escrita. Necessidade teve D. João I de delimitar as esferas de acção dos tabeliães das audiências e do paço, legislação que Afonso V reitera e nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi><note type="1"><p>Título XXXXVIII, com 16 artigos.</p></note> se insere. A grande conflituosidade existente ao tempo, mormente face à alta taxa de mortalidade que levantava problemas de heranças e tutoria de menores, é aproveitada pelos tabeliães das audiências. Chamam então a si a feitura de testamentos e codicilos (art. 2), inventários, arrematações e vendas de bens dos falecidos (arts. 3 e 6). O recurso dos homens à justiça, para terem a confirmação da legalidade de certos actos, levam-nos a escrever as cartas de contratos entre cristãos e judeus (art. 5) e as posses de bens (art. 4). Do mesmo modo se arrogam ao direito da escrita dos actos que os presos necessitam ou dos contratos que os juízes confirmam.</p>
                    <p>Tudo fica agora regulamentado, denunciando-se os abusos dos tabeliães das audiências e ampliando-se o âmbito da competência dos tabeliães do paço. Alguns documentos podem ser, indiferentemente, escritos por ambos os tabeliães — frontas e protestações, citações e outros (arts. 10, 11, 12) — enquanto alguns mais específicos do judicial só cabem aos tabeliães das audiências (arts. 13, 14, 15). Esclarecida fica também a competência dos escrivães dos órfãos e dos tabeliães do paço (art. 9), no tocante à documentação pedida por tutores ou curadores de menores.</p>
                    <p>Finalmente a lei regulamenta a vestimenta e o estado civil dos tabeliães.</p>
                    <p>Por carta saída de Sintra, a 23 de Julho de 1433, D. Duarte determina que os tabeliães tragam “roupas farpadas, e devisadas de colores desvairadas com <pb n="19"/>deferenças partidas bem devisadas, sem nunca trazendo em nenhum tempo coroa aberta grande, nem pequena”<note type="1"><p><hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi>, I, tit. XXXXVIIII.</p></note>. O tabelião fica assim perfeitamente individualizado como um leigo e, adentro destes, com sinais profissionais distintivos<note type="1"><p>Em caso de luto envergava un traje de luto, também farpado, ou apenas uma fita sobre as vestes. A lei entrava em vigor logo a partir de 30 dias para os tabeliães em exercício e, para os demais, desde o acto da sua nomeação.</p></note>. Nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi> (liv. I, tit. II, art. 12) exige-se, além disso, que o tabelião seja casado<note type="1"><p>Sobre os requisitos pessoais para o exercício do cargo de notário em Castela — ter idade de 25 anos, ser homem, livre, secular, cristão, natural do lugar onde exerceria o cargo, com todas as suas faculdades físicas e idoneidade moral — e os demais, técnicos e profissionais — conhecimentos, exame, investidura, juramento — leia-se J. BONO HUERTA. <hi rend="i">Breve Introducción a la Diplomática Notarial Española</hi>, 25-28. Cfr. também com todas as exigências da profissão requeridas aos notários de Milão, desenvolvidas na obra de A. LIVA. <hi rend="i">Notariato e Documento Notarile a Milano dall’Alto Medioevo alla fine del Settecento</hi>, Roma, 1979, 137-198. Igualmente o estudo de V. TIRELLI “Il notariato a Lucca in epoca Basso-Medioevale”, in <hi rend="i">Il Notariato nella Civiltà Toscana. Atti di un Convegno</hi> (<hi rend="i">Maggio 1981</hi>), Roma, 1985, 241-309, refere as condições de acesso à profissão de notário em Lucca e desenvolve alguns aspectos do seu exercício.</p></note>. Os viúvos tinham o prazo de um ano para voltarem a casar, podendo durante esse ano vestir qualquer tipo de roupa, sem perder o ofício<note type="1"><p>A obrigação de roupa farpada, caída em desuso na moda de trajar, era já um ónus em 1490, a que muitos não se queriam submeter. Por isso os povos pedem em Cortes que tal não seja exigido, bastando não terem coroa para se afirmarem da jurisdição régia, ao que o monarca acede (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 425-426).</p></note>.</p>
                    <p>Leis, posturas, códigos. O normativo, não o vivido. Da lei à prática por vezes um longo caminho. Como da realidade ao nosso conhecimento.</p>
                    <p>Comecemos por aqui.</p>
                    <p>Existindo em Portugal tabeliães desde o século XIII, como se formariam ? Não o sabemos. Não se encontrou até agora qualquer referência a uma escola de tabeliães. Os primeiros teriam aprendido a ler e a escrever em qualquer escola catedralícia ou monacal, exercitando-se por certo ao lado dos notários ou monges dessas instituições e, uns quantos, na chanceleria régia. E depois o saber profissional aprendia-se com a prática, nas oficinas tabeliónicas, a ponto de, como já foi verificado, alguns discípulos poderem utilizar os sinais dos mestres<note type="1"><p>Veja-se M.C. A. e CUNHA, “art. cit.”, 255-256.</p></note>.</p>
                    <p>A fundação da Universidade em Lisboa, entre 1288-1290, terá contribuido para uma melhor qualificação intelectual destes agentes da escrita. E talvez só desde então se lhes exigisse o exame sobre o seu saber, a partir do qual ficavam aptos a desempenhar o seu ofício. De uma carta dionisina de 1321 parece intuir-se que teria sido esse monarca a determinar essa “eisaminaçam” a todos os tabeliães<note type="1"><p>Numa contenda desse ano entre tabeliães de Guimarães escreve-se : “<hi rend="i">quando a mim veerom à Eisaminaçom assi como eu mandei aos outros Tabeliões do meu senhorio</hi>” (Extracto documental referido por I. da R. PEREIRA, “art. cit.”, 618).</p></note>. D. Afonso IV exigiria um juramento dos tabeliães na chancelaria da corte, o que os povos dizem, nas Cortes de 1331 (art. 44), que aqueles não <pb n="20"/>cumpriam<note type="1"><p><hi rend="i">Cortes Portuguesas. Reinado de D. Afonso IV</hi> (<hi rend="i">1325-1357</hi>), 43.</p></note>. Depois claramente fica estatuido nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi> (liv. I, tit. II, art. 10) que os tabeliães e escrivães “hão de seer examinados pelo Chanceller, fazendo-os escrepver perante si, e se vir que escrepvem bem, e som perteencentes pera os Officios, devem-lhes dar suas Cartas, e d’outra guisa nom”.</p>
                    <p>Assim habilitados e reconhecidos, eram os tabeliães nomeados pelos reis para as diversas cidades, vilas e lugares do continente e depois das ilhas e demais possessões ultramarinas da África, Índia e América.</p>
                    <p>Mas, como já vimos, a burocracia exigiu a distinção entre tabeliães do judicial e do paço e, de entre os primeiros, até a especialização em tabeliães do crime e do cível. Aliás a diversificação judicial levou ao aparecimento de juízes dos órfãos, dos judeus, dos mouros, dos ovençais, dos besteiros, dos resíduos, do mar, da moeda, entre outros, e todos eles tinham a assessorá-los, na escrita, escrivães, ditos jurados<note type="1"><p>Cfr. H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 457-459.</p></note>. E como se estatui nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi> (liv. I, tit. II, art. 16) estes podiam até dar fé pública aos actos do seu ofício, desde que para tal tivessem sinal reconhecido por licença régia.</p>
                    <p>A competência régia da nomeação dos tabeliães foi sempre muito disputada pelos concelhos que se queriam arrogar ao direito de escolher os seus próprios tabeliães<note type="1"><p>Idem, <hi rend="i">ibidem</hi>, 420-422.</p></note>, como veremos. E já numa lei sem data, mas do século XIV, se admite que sejam os homens bons e vereadores a escolherem os tabeliães do judicial<note type="1"><p>“<hi rend="i">He dito, que os Juizes, e Alvaziis assy do Crime, como do Civil, quando entram por Juizes escolhem quaes Tabelliães querem, pera seerem com elles nas Audiençias… Porem manda El REY… que os homeens boons, e Vereadores da Villa escolham os Tabelliaes ; que ouverem de seer, e escrever em cada hũa Audiençia…</hi>” (<hi rend="i">Livro das Leis e Posturas, 272</hi>).</p></note>.</p>
                    <p>Os monarcas tinham sempre o direito de elevar um destes profissionais a tabelião geral do reino, ampliando assim maximamente o âmbito territorial da sua esfera de acção e conferindo-lhe, em alguns casos, amplos privilégios<note type="1"><p>Alguns exemplos apresenta H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 440-444.</p></note>. Os vários tabeliães das localidades, quando a concorrência aumentou, estavam sujeitos a uma distribuição de serviços feita justamente pelo distribuidor<note type="1"><p>Idem, <hi rend="i">ibidem</hi>, 479, nt. 1.</p></note>. Os tabeliães gerais, ora se submetiam ora se isentavam a ela, o mesmo acontecendo com o pagamento da pensão anual. Quanto a esta, todas as tentativas do tabelionado nos séculos XIV e XV foram no sentido de a reduzir, o que aconteceu em certas vilas do país<note type="1"><p>Idem, <hi rend="i">ibidem</hi>, 445-446, 461-462. Sobre estes notários de número em Castela, a par dos demais, veja-se J. BONO HUERTA, <hi rend="i">Breve Introducción a la Diplomática Notarial Española</hi>, 23-25.</p></note>. Igualmente, pelo menos desde Afonso V, se admitia a nomeação régia de tabeliães substitutos, quando os detentores dos cargos estavam impossibilitados de servir, por doença ou ausência<note type="1"><p>E por capítulos especiais de Coimbra às Cortes de Évora de 1472 sabemos que o cargo de tabelião se vendia ou arrendava, o que o monarca não consente (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 404-406).</p></note>.</p>
                    <p><pb n="21"/>Fugia ao poder régio a faculdade de nomeação de tabeliães nos senhorios com “mero e misto imperio”, portanto de jurisdição máxima, ainda que a <hi rend="i">auctoritas</hi> sempre lhe pertencesse<note type="1"><p>Assim uma carta de D. Fernando, datada de Atouguia, 13 de Setembro de 1375, refere “<hi rend="i">E porque acrescentar, ou fazer Tabelliãaes nos nossos Regnos de direito perteence a nós tam soomente</hi>”, só depois indicando as excepções. Cfr. H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit., VIII, 417-420</hi>.</p></note>. Os senhores, detentores absolutos do judicial, militar e fiscal, controlavam também a burocracia nas suas terras através dos tabeliães que aí colocavam. Deviam, no entanto, escolher homens qualificados<note type="1"><p>Mas os abusos eram muitos. Nas Cortes de Lisboa de 1352 o concelho de Lamego acusa o bispo de, em alguns coutos, não deixar entrar neles os tabeliães da cidade, como era costume, antes nomeava clérigos como escrivães perante os juízes, ameaçando aqueles com a excomunhão (<hi rend="i">Cortes de D. Afonso IV</hi>, art. 21, 146-147).</p></note>, cujos nomes enviavam para a corte para serem examinados e autorizada pelo monarca a sua actividade<note type="1"><p>O tabelionado de Setúbal era, desde 1373, da apresentação do Mestre de Santiago, mas sujeito a essa condição de nomeação régia (P. D. BRAGA, <hi rend="i">Setúbal Medieval</hi> (<hi rend="i">séculos XIII a XV</hi>), Lisboa, 1991, 364). Nas Cortes de Lisboa de 1459, art. 29, os concelhos chegam a pedir que os tabeliães senhoriais — os quais, por mandado ou afeição, faziam mesmo escrituras falsas — só pudessem escrever para o juiz da terra e não as escrituras públicas, que caberiam tão-só aos tabeliães das cidades e vilas, pedido que o rei indefere. Mas já obtêm o requisito de estarem tabeliães régios nas audiências de fidalgos e prelados para obterem escrituras públicas com validade civil (Cortes de Leiria-Santarém de 1433, art. 140). Os elementos citados das Cortes entre 1385 e 1490 foram extraidos da tese de doutoramento de A. de SOUSA, <hi rend="i">As Cortes Medievais Portuguesas</hi> (<hi rend="i">1385-1490</hi>), Porto, 1990, 2 vols., que, no volume segundo, nos dá o resumo dos capítulos gerais das diversas Cortes. Como pela indicação das Cortes e respectivo artigo é fácil localizar o seu conteúdo na obra, assim as citaremos doravante.</p></note>.</p>
                    <p>Nos séculos XIV e XV a dinâmica dos actos escritos exigiria já que, quase por todo o lado, os tabeliães tivessem escrivães que os coadjuvavam. Escreveriam as minutas sob as suas ordens, quando não mesmo o documento final, que o tabelião, se consciencioso, deveria verificar, formalizar com a leitura em voz alta face às partes e testemunhas, e só depois validar com o seu sinal<note type="1"><p>Muitos tabeliães de Coimbra tinham escrivães : do tabelião Afonso Vicente era escrivão jurado dado por el-rei, Rui Lourenço (TT-S. Salvador, m. 5, de 25 de Maio de 1343) ; do tabelião Domingos Nogueira era escrivão jurado dado por el-rei, Gonçalo Anes (TT-Santiago, m. 12, n. 883, 447, de 24 de Dezembro de 1347) ; do tabelião Afonso Vicente era escrivão, Afonso Peres (TT-Lorvão, gav. 1, m. 4, n. 15, de 25 de Novembro de 1349), podendo-se desmultiplicar os exemplos. O tabelião Pedro Afonso tinha mesmo dois escrivães, Fernando Afonso (TT-Santa Clara, m. 7, n. 3, de 27 de Junho de 1407) e Gonçalo Esteves (TT-Celas, m. 6, n. 29, de 26 de Outubro de 1429).</p></note>.</p>
                    <p>Era a escrivaninha, como se disse, por certo, a grande escola do tabelionado português, e alguns destes assessores sucediam ao seu mestre. Dele recebendo, como uma espécie de herança, o seu sinal<note type="1"><p>Esta a hipótese levantada por M. C. A. e CUNHA, “art. cit”, 254, que talvez seja de explorar.</p></note>.</p>
                    <p>Este sinal tabeliónico corporizava o distintivo de cada um destes profissionais. Assumia diversas formas, começando, como no caso do primeiro tabelião conhecido, por uma simples cruz com círculos nas extremidades, para se transformar em figuras mais ou menos geométricas, algumas deveras elaboradas, <pb n="22"/>ainda que esteticamente de pouco valor, contendo uns quantos o nome do referido tabelião, sobretudo nos primeiros séculos. Sendo únicos e específicos de cada um dos seus detentores, podemos afirmar que, pelo menos no século XIII, alguns sinais foram evoluindo, sobretudo para os finais da vida do tabelião, no sentido da sua simplicidade<note type="1"><p>Uma amostra dos sinais dos tabeliães de Braga, na centúria de Duzentos, apresenta M. C. A. e CUNHA, no seu trabalho, “Tabeliães bracarenses no século XIII”. Igualmente uma outra lista de sinais de tabeliães se encontra no seu estudo “Alguns tabeliães do Algarve durante a Idade Média”, sep. de <hi rend="i">Revista de História</hi>, 7 (1987), 154-155. Ainda para outros confrontos, veja-se o apêndice do trabalho de M. J. A. SANTOS, “Alguns aspectos do tabelionado em Coimbra (séculos XIV-XV)”, sep. de <hi rend="i">Arquivo Coimbrão</hi>, 33-34 (1990-1992), 24-29.</p></note>. Também excepcionalmente, e com o assentimento régio, podia haver uma mudança de sinal<note type="1"><p>M. J. A. SANTOS, “art. cit.”, 19, nt. 46.</p></note>. A profusão de tabeliães nos séculos XIV e XV leva à similitude de muitos sinais, se não mesmo à sua inteira semelhança<note type="1"><p>Veja-se, comparativamente, a evolução e características do <hi rend="i">signum</hi> de alguns tabeliães da coroa de Aragão (inicialmente constituidos por uma simples cruz e depois do século XI tornando-se figurativos, com características ornamentais e simbólicas mais ou menos complicadas), que apresenta L. D’ARIENZO, “Il <hi rend="i">signum tabellionis</hi> e la sottoscrizione notarile degli scrivani di cancelleria di Pietro IV d’Aragona” sep. de <hi rend="i">Studi Sardi</hi>, 24 (1978).</p></note> — o que está ainda por provar, dado que são poucos os estudos existentes sobre o assunto — bem como à necessidade de transmissão do mesmo por morte. É que a imaginação de combinar redondos, losangos, quadrados, laçadas, cruzes, linhas, pontos, por entre o negro e o branco, teria limites !.</p>
                    <p>As nossas limitações atingem também o conhecimento da duração da carreira dos tabeliães. Pela amostra dos tabeliães de Torres Vedras, que uma tese de doutoramento nos fornece<note type="1"><p>A. M. S. de A. RODRIGUES, <hi rend="i">Torres Vedras. A vila e o termo nos finais da Idade Média</hi>, Braga, 1992, 520.</p></note>, alguns estavam no cargo 55, 51, 50 ou 44 anos. A média das 74 observações é, porém, substancialmente mais baixa, orçando pelos 18,1 anos, mas ainda assim considerável. Se lhe acrescentarmos os 25 anos com que iniciariam a profissão, teríamos existências bem prolongadas para as expectativas de vida do homem medieval. E, como já foi dito, e repetimo-lo, para uma bela carreira é necessária uma longa vida<note type="1"><p>B. GUENÉE, <hi rend="i">Entre l’Église et l’État. Quatre vies de prélats français à la fin du Moyen Âge</hi> (<hi rend="i">XIII<hi rend="sup">e</hi>-XV<hi rend="sup">e</hi> siècles</hi>), Mayenne, 1987, 39.</p></note>.</p>
                    <p>Mas passemos dos profissionais aos homens, na tentativa de lhes vislumbrar o perfil económico e estatuto social<note type="1"><p>Este tema da dimensão social do notário, a par do seu perfil profissional, cultural e humano, é estudado, em cronologia ampla, por R.M. BLASCO MARTÍNEZ, na obra <hi rend="i">Una aproximación a la Institución Notarial en Cantabria. Desde sus orígenes a la Ley del Notariado</hi>, Cantabria, 1990, 147-163. Muito elucidativos são os artigos de H. BREC, “Il notariato nella società siciliana medioevale” (onde se apresenta mesmo um quadro de fortunas e rendimentos de certos tabeliães) e de A. LEONE, “Il notaio nella società meridionale del Quattrocento” (abordando as estreitas relações entre notários e mercadores), incluidos na obra, <hi rend="i">Per una storia del notariato meridionale</hi>, Roma, 1982, 189-220, 223-297.</p></note>.</p>
                    <p><pb n="23"/>Na variegada estruturação do corpo social de Quatrocentos, os tabeliães, a par de outros profissionais especializados, não se integravam em qualquer das tradicionais categorias do povo, nobreza ou clero. Seriam talvez do grupo dos oficiais de que nos fala D. Duarte no <hi rend="i">Leal Conselheiro</hi><note type="1"><p>A. H. de O. MARQUES, <hi rend="i">Portugal na crise dos séculos XIV e XV. Nova História de Portugal</hi>, Lisboa, 1987, IV, 261-262.</p></note>.</p>
                    <p>Podem ser recrutados em qualquer destes estratos ou podem ascender, durante a vida, por clientelismo e favores régios, a uma nobilitação.</p>
                    <p>Ganham no exercício da sua profissão, e tanto mais quanto mais desenvolvida for a cidade onde são colocados ou conheçam o privilégio de serem tabeliães gerais<note type="1"><p>Um outro privilégio foi dado aos tabeliães de Coimbra, no sentido de que, sendo requeridos pelo prior e convento de Santa Cruz, pudessem fazer as suas escrituras em qualquer lugar e pôr o seu sinal. O mesmo lhes era permitido em terras de fidalgos (TT – Santa Cruz, pasta 13, alm. 5, m. 5, n. 14, de 12 de Julho de 1435).</p></note>. E não ganhariam mal. Na verdade um tabelião do judicial recebe, no século XV, 12 reais pela mais barata sentença escrita em papel que possa redigir, o que equivaleria ao preço de 1 alqueire de trigo<note type="1"><p>O preço do trigo para 1450 — ano quase coevo das <hi rend="i">Ordenações</hi>, publicadas em 1447 — foi extraido da obra de M. H. da C. COELHO, <hi rend="i">O Baixo Mondego nos finais da Idade Média</hi>, 2<hi rend="sup">a</hi> ed., Lisboa, 1989, I, 428. E ainda de maior poder de compra disporiam os tabeliães se o preço do cereal descesse aos 8 e 10 reais, como também se atesta nos anos entre 1448 e 1450 (A. H. de O. MARQUES, <hi rend="i">Introdução à História da Agricultura em Portugal. A questão cerealífera durante a Idade Média</hi>, 3<hi rend="sup">a</hi> ed., Lisboa, 1978, 222).</p></note>. Por sua vez um tabelião dos paços ao escrever e anotar os mais módicos documentos em papel cobra-se de 16 ou 8 reais, portanto do valor de 1,3 alqueires ou 2/3 de um alqueire de trigo.</p>
                    <p>Mas os seus meios de subsistência estão ainda ancorados na posse de bens. Seja bens urbanos, como casas, lagares ou fornos, seja prédios da zona peri-urbana, vinhas, olivais, cortinhais ou azenhas, seja ainda terras dispersas pelas aldeias dos termos concelhios<note type="1"><p>A título de exemplo, e recorrendo à documentação de Coimbra, que trabalhámos na nossa tese de doutoramento, referem-se a bens de tabeliães os documentos – TT – Santa Cruz, m. 59, alm. 11, m. 3, n. 3, de 27 de Março de 1432 ; Santiago, m. 4, n. 526 e 197, de 23 de Dezembro de 1412, m. 5, n. 205 e 498, de 18 de Setembro de 1371 ; Santa Justa, cx. 3, m. 15, n. 304, de 17 de Dezembro de 1382 ; S. Salvador, cx. 4, m. 13 de 3 de Junho de 1418 ; S. Paulo, m. 4, n. 125, de Fevereiro de 1314. Mas as informações, até na confrontação de prédios, sobre a propriedade dos tabeliães, são abundantíssimas.</p></note>. Bens esses herdados, comprados ou escambados<note type="1"><p>São múltiplos os casos que podemos recolher na documentação sobre a região de Coimbra : o tabelião de Coimbra Fernão Vasques e sua mulher compram várias herdades em Vale de Ferreira e Cabeça do Freire (TT – Santa Clara, cx. 3, 4, e 5, de 1372, 1375 e 1378) ; por sua vez o mosteiro de Santa Cruz recebe uma vinha do tabelião de Coimbra Fernão Vasques e dá-lhe em troca um olival (TT – Santa Cruz, m. 61, alm. 18, m. 3, n. 25. de 22 de Janeiro de 1405).</p></note>. A que se juntam ainda os alheios que trazem emprazados<note type="1"><p>São inúmeros os contratos de que apenas se citam uns exemplos : o tabelião geral Afonso Anes da Lameira traz um chão emprazado da igreja de S. Cristóvão, por 20 soldos da moeda antiga (TT – S. Cristóvão, m. 20. n. 1, de 20 de Abril de 1409) ; o tabelião de Coimbra Afonso Cortes traz um olival da igreja de Santa Justa, por 10 alqueires de azeite à safra e 1 capão (TT – Santa Justa, cx. 2, m. 10, n. 184, de 24 de Maio de 1408) ; o tabelião de Coimbra Afonso Martins trazia a quinta de Assafarge emprazada do cabido da Sé de Coimbra por 220 libras (TT – Sé de Coimbra, 2<hi rend="sup">a</hi> incorp., m. 2, n. 80, de 11 de Janeiro de 1389). Não desmultiplicaremos os exemplos, embora seja de lembrar que alguns tabeliães detinham mesmo bens emprazados de diversas instituições ao mesmo tempo, como o tabelião Pedro Afonso os trazia das igrejas de S. Salvador, S. Cristóvão, S. João de Almedina e da Sé.</p></note>.</p>
                    <p><pb n="24"/>Essas propriedades asseguram, em parte, o seu auto-abastecimento. Mas garantem sobretudo a obtenção de géneros excedentes a lançar no mercado. O jogo do mercado não lhe escapa. E como poderia escapar, quando, profissionalmente, ele conhece os meandros de todas as operações financeiras e comerciais que se desenrolam na localidade ?</p>
                    <p>Tem assim uma particular apetência para se colocar como intermediário de reis e senhores. Arrenda os direitos régios ou as rendas eclesiásticas<note type="1"><p>Por exemplo o tabelião de Coimbra, Lourenço Vicente, foi, com um outro homem, portageiro e rendeiro da adega do rei, em Coimbra, entre 1418 e 1420 (TT – Sé de Coimbra, 2<hi rend="sup">a</hi> incorp., m. 18/19, doc. 796, de 21 de Fevereiro de 1421). O abade de Tarouquela arrendou, por seis anos, ao tabelião de Coimbra Estêvão Martins, as rendas, foros e direitos que tinha em Almalaguês, por 20 libras da moeda antiga (TT – S. Pedro, cx. 3, de 18 de Maio de 1389).</p></note>. A sua liquidez de capital permite-lhe saldar os pagamentos. E esperar, com as colheitas, pelos melhores preços sasonais ou anuais. Para então especular e altamente lucrar. Quando não perder<note type="1"><p>Como exemplo, refira-se que o tabelião de Coimbra Afonso Cortes tinha arrendada a sisa da cidade de Coimbra e ficou a dever dinheiro ao rei, pelo que lhe foram vendidos uma vinha e um olival, no valor de 41.500 libras para saldar a dívida (TT – Semide, m. 183, n. 10, de 23 de Abril de 1414) ; o tabelião Estêvão Martins de Belas também tinha dívidas para com o rei e são-lhe vendidas uma vinha, almuinha, fonte e olival, por 1000 libras, para as remir (TT – Santa Clara, cx. 2, m. 3, de 5 de Junho de 1335).</p></note> … E, sempre que podia, burlava<note type="1"><p>Sabemos, a título de exemplo, que o tabelião Afonso Domingues, morador na Rua Nova de Coimbra, não pagava à Sé a renda de 8 libras da moeda antiga por um casal que daquela instituição trazia emprazado (TT – Sé de Coimbra, 2°. incorp., m. 8, n. 391, de 6 de Outubro de 1400). E o tabelião Estêvão Martins, sendo freguês de Santa Justa, não entregava a esta igreja a dízima de uma vinha e olival que explorava (TT – Santa Justa, m. 15, n. 303, de 29 de Abril de 1311).</p></note>.</p>
                    <p>Se o capital abunda, há que o pôr a render. Compra mais terras que alargam a sua base produtiva. Empresta dinheiro, sem dúvida a juros compensadores, ainda que as cartas não o demonstrem.</p>
                    <p>Domina, pois, terras, dinheiros e uma profissão especializada. Domina homens. Tem moços ou escrivães que o coadjuvam no ofício. Tem trabalhadores rurais que lhe amanham as terras. Tem cobradores que lhe arrecadam as rendas. Tem criados<note type="1"><p>O importante tabelião Pedro Afonso de Penela conta com Fernando Afonso e Gonçalo Esteves escrivães, como já vimos, além de serem “seus homens”, Fernando Martins (TT – Santiago, m. 6, perg. 544 e 410, de 17 de Novembro de 1400), Diogo Lourenço (TT – S. Paulo, m. 5, doc. 184, de 25 de Dezembro de 1413), Afonso Anes (TT – Santa Clara, cx. 2, n. 24, de 22 de Fevereiro de 1403), Gonçalo Vasques (TT – Santa Cruz, pasta 10, n. 70, de Outubro de 1405) e Rodrigo Anes (TT – Santa Cruz, liv. 40, fl. 38, de 9 de Abril de 1428). E para muitos outros tabeliães há referências aos seus criados, moços ou homens. Por sua vez o tabelião de Coimbra Vasco Martins e sua mulher fazem uma doação de casamento a um seu criado (TT – Santa Justa, m. 24, n. 493, de 24 de Agosto de 1423).</p></note>.</p>
                    <p>É assim o tabelião um homem da classe média urbana. Mas como qualquer categoria social, com profundas clivagens entre si, a nível do país ou até a nível local.</p>
                    <p><pb n="25"/>São alguns da aristocracia vilã<note type="1"><p>E se não o são, a ela se equiparam. Assim nos costumes do concelho de Santarém, compilados em 1294, o tabelião, com a sua mulher e filhos está equiparado a cavaleiro vilão, sendo isento de jugada ou de qualquer outro foro (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 375).</p></note>. Como o tabelião João Lourenço que é cavaleiro e casado com uma filha de Afonso Peres Britacampos, que fora alvazil geral de Coimbra e pertencia à burguesia da cidade. O seu testamento, redigido em 1348, no ano da Peste Negra, é um precioso documento que nos ilustra sobre a sua fortuna e inserção social<note type="1"><p>Estudado, com a publicação da fonte, no nosso trabalho, “Um testamento redigido em Coimbra ao tempo da Peste Negra”, <hi rend="i">Homens, Espaços e Poderes. Séculos XI-XVI. Notas do Viver Social</hi>, Lisboa, 1990, I, 60-77. Os testamentos (como este mesmo) e as doações à igreja levantavam, por vezes, questões, como, por exemplo, a que se desencadeou entre o mosteiro de Santa Clara e o tabelião João Martins por causa de bens herdados pela sua mulher, que tinha uma irmã freira nesse mosteiro (TT – Santa Clara, cx. 3, de 27 de Agosto de 1374 e 5 de Março de 1375).</p></note>. Faz-se sepultar na igreja onde é freguês. Institui uma capela para sufrágio da sua alma. Contempla as diversas instituições religiosas da cidade, desde igrejas a mosteiros. Distribui dinheiros pelas várias confrarias onde é confrade. Contempla familiares, entre eles uma sobrinha freira de Santa Ana. Deixa o cavalo e armas a seu filho. Institui sua testamenteira a mulher.</p>
                    <p>Em Quatrocentos muitos destes tabeliães mais dotados podem já ter ascendido a certos graus da nobreza. Não raro encontramos, assim, tabeliães que são escudeiros<note type="1"><p>Assim é, entre outros, Rui Gomes, tabelião de Montemor-o-Velho (TT – Santa Cruz, m. 24, alm. 40, m. 2, n. 9, de 30 de Agosto de 1435).</p></note>. Nesta posição social enveredam, como os demais, nestas centúrias, pelo clientelismo e vassalidade<note type="1"><p>Por exemplo, o tabelião de Coimbra Afonso Anes é criado do prior de Santa Cruz D. Vasco (TT – Santa Justa, cx. 5, m. 28, n. 644, de 30 de Novembro de 1387) e virá a redigir o seu testamento justamente a favor do mosteiro (TT – Santa Cruz, m. 59, alm. 11, m. 3, n. 3, de 17 de Março de 1432). Os escrivães seguem-lhes os passos. Afonso Rodrigues, escrivão dos vinhos, é criado do senhor regente (TT – Santa Cruz, liv. 47, fl. 57, de 3 de Junho de 1448) ; Álvaro de Vides, escrivão no almoxarifado, é escudeiro e criado do infante D. Pedro (TT – Santa Clara, liv. 48, fl. 20, de 1 de Junho de 1439).</p></note>. São vassalos do rei ou “criados” de fidalgos e instituições eclesiásticas. Esta protecção régia ou senhorial reforça o poder específico que a escrita lhes confere.</p>
                    <p>Entram na casa de um para lhe fazer o testamento ou o inventário dos bens, conhecem a riqueza de outros ao redigir contratos de bens ou obrigações de empréstimos, acercam-se do estatuto social e moral de uns quantos ao passarem cartas de composição e perdão. Conhecem os homens e a tessitura social. Possuem autoridade. São então chamados como testamenteiros<note type="1"><p>O tabelião Lourenço Gonçalves foi indigitado pelo alferes de Coimbra, João Porcalho, como seu testamenteiro, a par da mulher do testador e do prior de Santa Justa (TT – Santa Justa, m. 26, n. 576, de 20 de Dezembro de 1379).</p></note>, procuradores<note type="1"><p>Pedro Afonso, que foi tabelião em Coimbra, é procurador de Santa Clara, em 10 de Junho de 1429 (TT – Santa Clara, m. 6, n. 399).</p></note>, <pb n="26"/>inquiridores<note type="1"><p>Numa inquirição, mandada elaborar pelo monarca, sobre as jurisdições do mosteiro de Santa Cruz, apontam-se dois tabeliães de Coimbra, como inquiridores por parte do rei, e um outro, como inquiridor por ambas as partes (TT – Santa Cruz, m. 1, alm. 5, m. 4, n. 2, de 24 de Janeiro de 1331).</p></note>, árbitros de contendas e demarcações<note type="1"><p>Na partição de bens entre a albergaria de Poiares e um particular estão presentes dois tabeliães (TT – Santa Cruz, m. 13, alm. 29, m. 4, n. 18, de 5 de Fevereiro de 1303). Numa divisão de bens em Cegonheira está o tabelião de Coimbra Miguel Lourenço para demarcar as terras (TT – Santa Cruz, m. 10, alm. 22, m. 1, n. 11, de 5 de Março de 1323).</p></note>, inspectores militares<note type="1"><p>H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 476, refere que D. Dinis, por carta de 25 de Janeiro de 1321, mandou os tabeliães de Marvão inspeccionarem o abastecimento de armas, vitualhas e guarnições do castelo de Marvão.</p></note>, porta-vozes às Cortes<note type="1"><p>É o próprio D. Afonso IV que, em carta de 8 de Junho de 1331, pede ao concelho de Bragança que lhe mande às Cortes dois homens bons e um tabelião “<hi rend="i">pera veerem aquelas cousas que se fezessem nas Cortes e pera me dizerem aquelas cousas per que essa terra podia seer melhor vereada…</hi>” (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 476-477 ; documento publicado por I. da R. PEREIRA, “art. cit.”, 656-657).</p></note>.</p>
                    <p>Porque sabem ler e escrever, numa época de analfabetismo, autorizam com o seu testemunho múltiplos documentos, para além dos que elaboram, chamados pelas partes. A sua presença seria penhor de dupla segurança — não seriam os contraentes enganados pelo tabelião que escrevia o acto ; a autoridade e prestígio de um tabelião dava ao acto redobrada firmidão.</p>
                    <p>Podem almejar o poder. Governar. Na sombra, pressionando os que mandam, ou frontalmente, desempenhando cargos municipais, acumulando-os ilegalmente, ou alternando-os com a sua profissão<note type="1"><p>O tabelião de Coimbra Afonso Martins de Assafarge será juiz de Coimbra (TT – Sé de Coimbra, 2<hi rend="sup">a</hi> incorp., m. 13, doc. 598, de Dezembro de 1406) ; o tabelião de Montemor pela rainha D. Filipa é também juiz pela rainha na dita vila (TT – S. Paulo, m. 5, n. 167, de 16 de Março de 1399 ; S. Paulo, m. 4, n. 158, de 3 de Agosto de 1416).</p></note>.</p>
                    <p>Não descuram as solidariedades profissionais e caritativas. Se os tabeliães não conheceram em Portugal, nos séculos XIV e XV, as corporações, organizaram-se, porém, em confrarias. É conhecida a confraria dos tabeliães de Coimbra, por referência de 1385<note type="1"><p>M. J. A. SANTOS. “art. cit”, 7.</p></note>, e outras existiriam por certo no país. Certo é que os tabeliães podiam integrar-se noutras confrarias, como fregueses ou simples devotos. Quando não como benfeitores, que mais ou menos prodigamente dotavam uma confraria. E alguns viam-se guindados aos lugares prestigiantes de juízes ou alcaides das confrarias<note type="1"><p>Assim o podemos verificar através da tese de doutoramento de M. Â. R. BEIRANTE. <hi rend="i">Évora na Idade Média</hi>, Lisboa, 1995, pela lista dos administradores das diversas confrarias da cidade, nas páginas 635-655.</p></note>.</p>
                    <p>Entreteceriam as suas redes profissionais e de poder com as malhas do parentesco. Casavam com filhas de mercadores ou mesteirais<note type="1"><p>Já atrás nos referimos a João Lourenço, casado com uma filha de uma das famílias da burguesia conimbricense. Por sua vez o tabelião de Coimbra João Domingues fez um segundo casamento com a viúva de um correeiro (AUC – Sé de Coimbra, perg. 78, de 3 de Maio de 1358). Já o tabelião Lourenço Vicente era casado com a filha de um pedreiro (TT – S. Cristovão, m. 19, n. 8, de 2 de Janeiro de 1403). Todavia, não são de excluir outras alianças. E assim encontramos o tabelião de Coimbra, Fernão Vasques, casado com Maria Anes de Ceira, filha do prior de Pombalinho (TT – Santa Clara, cx. 2, m. 5, de 11 de Julho de 1350). Era este tabelião um homem-bom, rico, que vivia em Cernache, e que encontramos, em vários documentos, a doar, comprar, vender ou emprazar bens. Por sua vez o tabelião Vasco Martins era genro de um raçoeiro de Santa Justa (TT – Santa Justa, m. 1, s.n., de 3 de Abril de 1425).</p></note>. E sem dificuldades. <pb n="27"/>O casamento com um tabelião seria desejável socialmente. Ao ponto de uma mulher de Coimbra se dizer <hi rend="i">tabelioa</hi><note type="1"><p>Assim é dita uma Clara, que trazia bens emprazados de Santa Cruz (TT – Santa Cruz, m. 61, alm. 16. m. 2. n. 18).</p></note>. O que logo nos recorda os versos do <hi rend="i">Cancioneiro Geral</hi> de Garcia Resende<note type="1"><p><hi rend="i">Cancioneiro Geral de Garcia de Resende</hi>, Coimbra-Porto, s.d., II, 31.</p></note>, quando nos dizem :</p>
                    <quote>
                        <p>“c’a molher do escrivam</p>
                        <p>cuyda que he hũa raynha”.</p>
                    </quote>
                    <p>Desembocavam assim os tabeliães, pelo casamento, no negócio. Um ramo familiar sempre entrava para o clero regular ou secular, logo se estendendo um tentáculo para o religioso. Um outro cursaria a Universidade, seria bacharel ou doutor, alcançando cargos na administração local ou central. A inserção familiar do tabelião podia assim alargar a sua esfera de influência do local ao nacional, do tecido leigo ao religioso, do profissional ao político. Por isso quando o poder se ostenta, no desfile da procissão do Corpo de Deus, os tabeliães surgem a acolitar o Santíssimo com tochas acesas, logo após aos juízes, escrivão do rei e dos órfãos<note type="1"><p>Tal ocorria na procissão do Corpo de Deus de Évora, como se pode ver no esquema apresentado por M. J. V. M. da SILVA “A procissão na cidade : reflexões em torno da festa do Corpo de Deus na Idade Média Portuguesa”, sep. de <hi rend="i">Actas das Jornadas Inter e Pluridisciplinares</hi> “<hi rend="i">A Cidade</hi>”, Lisboa, 1993, 210.</p></note>.</p>
                    <p>Traçado este quadro, fácil é de reter que a profissão de tabelião era, nos séculos XIV e XV, absolutamente imprescindível e omnipresente. Imperava a escrita. Escrever era usar um poder. O tabelionado era apetecido. Os seus detentores abusavam. Os lesados queixavam-se. A sociedade criticava.</p>
                    <p>A voz do povo em Cortes denuncia este reinado dos agentes da escrita e o cortejo das suas exorbitâncias. Como o farão os poetas e escritores na literatura.</p>
                    <p>Um primeiro conjunto de agravos em Cortes diz respeito ao próprio monarca, já que era ele que tinha o poder de nomear estes oficiais.</p>
                    <p>É uma tónica quase constante a queixa contra o excessivo número de tabeliães, muito para além do número que competia a cada localidade, muitas vezes na qualidade de supranumerários. As queixas fazem-se ouvir nas Cortes de 1371 e vão prolongar-se até aos finais do século XV<note type="1"><p><hi rend="i">Cortes Portuguesas. Reinado de D. Fernando I</hi> (<hi rend="i">1367-1383</hi>), edição preparada por A. H. de O. MARQUES e N. J. P. P. DIAS, Lisboa, 1990 : 1372/Leiria, art. 17 (aqui reclama-se contra os muitos tabeliães e escrivães dados aos corregedores). 1401/Guimarães, art. 2 ; 1418/Santarém, art. 10 ; 1433/Leiria-Santarém, art. 146 ; 1439/Lisboa, art. 12 ; 1468/Santarém, art. 24 ; 1477/Montemor-o-Novo, art. 9. Em capítulos gerais, apenas nas Cortes de Évora de 1475, art. 20, se rogava que nos lugares com mais de 500 vizinhos houvesse 2 tabeliães de notas e não um, como estava estabelecido. Também vários capítulos especiais de Lisboa, Viseu, Porto, Elvas, Guarda, Montemor-o-Novo e Évora, levados a diversas Cortes, focavam este assunto (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 469-474).</p></note>. Sendo uma profissão que dava <pb n="28"/>influência e, conforme as terras, também rendimentos, os monarcas compensavam muitos dos seus vassalos, dando-lhes este ofício. Acresce que reis, infantes ou senhores, ao colocarem nos concelhos os seus apaniguados como tabeliães e escrivães, estavam, <hi rend="i">ipso facto</hi>, a dominarem os meandros da justiça e da administração local. Mais, a dominarem o próprio quotidiano vivido de todos aqueles que se acercavam de um tabelião para comprar ou vender, fazer um testamento, lavrar um contrato, fazer uma procuração. Ganhando um olhar e um poder próximo de controlo sobre homens e instituições.</p>
                    <p>Atente-se, porém, que esta queixa pode ter uma dupla leitura. Nuns casos as oligarquias locais — pois são sempre os seus representantes que falam em Cortes — achariam de facto excessivo este número de oficiais, capaz de ameaçar o seu poder e interferir na vida local. Mas noutros casos o agravo podia fazer eco do sentir desses mesmos tabeliães — se tivessem força para impor as suas reivindicações — que desejavam ser em menor número para acumularem maiores réditos do seu labor.</p>
                    <p>A par do quantitativo exagerado de tabeliães, era igualmente indesejável o de escrivães<note type="1"><p>1427/Lisboa, art. 15.</p></note>. Tanto mais que aqueles se faziam tantas vezes substituir por estes, com os inconvenientes de se dobrarem as custas e trabalhos de um acto<note type="1"><p>Nas Cortes de Guimarães de 1401, art. 5, rogava-se que os tabeliães escrevessem pessoalmente os processos, apelações e escrituras e os não dessem a escrever a seus moços ou outras pessoas privadas. Ainda nas Cortes de Montemor-o-Novo de 1477, art. 9, se estava a pedir que se negassem aos tabeliães os escrivães substitutos.</p></note>.</p>
                    <p>Por isso os concelhos queriam chamar a si este privilégio de escolherem tabeliães e escrivães. Logo nas Cortes de 1433, art. 146, pedem para ter a faculdade de eleger para tabeliães as pessoas idóneas e competentes, embora noutro capítulo (91) sugiram, tão-só, a indigitação do concelho, mantendo-se a nomeação régia. Insistem nas Cortes de Lisboa de 1439, art. 12, de Coimbra-Évora de 1472-73, art. 137, e nas de Évora-Viana de 1481-82, art. 34. Era a garantia de não sofrerem o jugo de clientelas de senhores nobres ou eclesiásticos em tal ofício<note type="1"><p>Queixas contra tais oficiais, afectos a senhores, surgem em várias Cortes : 1472-73/Coimbra-Évora, art. 137 ; 1481-82/Évora-Viana, art. 34.</p></note>. Mas se estes não eram queridos, igualmente o não eram os oficiais mecânicos, que de todos os cargos os dirigentes locais desejavam ver afastados, logo do tabelionado e da sua sindicância<note type="1"><p>1490/Évora, art. 15.</p></note>.</p>
                    <p>Em consentâneo advogavam a exclusiva competência de proverem os ofícios das escrivaninhas da câmara, dos órfãos, das coudelarias, da almotaçaria <pb n="29"/>e dos judeus<note type="1"><p>1433/Leiria-Santarém, art. 124 ; 1439/Lisboa, art. 22.</p></note> e que os nomeados pelo monarca fossem exonerados ao fim de três anos<note type="1"><p>1433/Leiria-Santarém, art. 65.</p></note>.</p>
                    <p>Nunca obtiveram, porém, um deferimento total e definitivo. Porque nunca o monarca queria abdicar de tão influente prerrogativa.</p>
                    <p>Não menos desejavam os concelhos poder controlar a actividade dos tabeliães, pelo que queriam ter a faculdade de substituir ou exonerar os que fossem ignorantes, incompetentes, desonestos, impertinentes e arrogantes<note type="1"><p>1430/Santarém, art. 5.</p></note> e de lançar inquirições anuais para que os prevaricadores fossem punidos<note type="1"><p>1472-73/Coimbra-Évora, art. 79 ; 1490/Évora, art. 15.</p></note>.</p>
                    <p>Ignorância, incompetência, desonestidade, impertinência e arrogância, eis os vícios do tabelionado aos olhos do povo.</p>
                    <p>Ignorantes seriam de facto alguns, já que os concelhos por vezes advogam a escolha dos que bem saibam ler e escrever<note type="1"><p>1433/Leiria-Santarém, art. 91.</p></note>. Será um exagero, sem dúvida, imaginarnos um tabelião sem tais faculdades, mas muitos não seriam nenhuns peritos em tais artes<note type="1"><p>E bem sabemos como no século XIV os conhecimentos de latim de muitos tabeliães eram já insuficientes. Assim o tabelião de Coimbra Álvaro Gonçalves, tendo-lhe sido entregue uma cédula para copiar, disse que o não podia fazer, pois não sabia latim (TT – Lorvão, gav. 6, m. 3, n. 17, de 9 de Setembro de 1358).</p></note>. E se incompetentes para o desempenho do cargo para que haviam sido nomeados, podiam fazer-se substituir na função por escrivães ou quaisquer outros homens habilitados.</p>
                    <p>A incompetência podia, todavia, não provir da ignorância, mas da desonestidade. Não registar os actos, não apôr as decisões dos juízes nas sentenças<note type="1"><p>1427/Lisboa, art. 20.</p></note> eram tantas vezes artimanhas que compensavam com novas escrituras e processos, logo, mais ganho.</p>
                    <p>A cupidez do tabelião é quase uma insígnia profissional. Leva mais dinheiro por elaborar os documentos do que o taxado ou, quando recebe à linha, espaça -as demasiado ou distende a letra<note type="1"><p>1371/Lisboa, art. 93 ; 1390-91/Évora, art. 13 ; 1436/Évora, art. 21 ; 1459/Lisboa, art. 30 ; 1481-82/Évora-Viana, art. 24. Por isso se quer que o monarca declare o preço das escrituras e que os concelhos escolham um executor dos mesmos (1439/Santarém, art. 6), bem como desejam ver o preço arrolado nas escrituras (1390-91/Évora, art. 13).</p></note>. Intenta cobrar-se pela procura dos documentos<note type="1"><p>1459/Lisboa, art. 30.</p></note>. Chega mesmo a exigir dos clientes a entrega do papel e pergaminho para a feitura dos actos<note type="1"><p>1390-91/Évora, art. 13.</p></note>. Tudo isto se agrava com o incumprimento do dever de se encontrarem no seu local de ofício. Clama-se, pois, em Cortes, que aí estivessem a horas certas, antes e depois de comer, e, se faltassem, os distribuidores não lhes deviam dar trabalho<note type="1"><p>1459/Lisboa, art. 30 ; 1481-82/Évora-Viana, art. 24.</p></note>.</p>
                    <p><pb n="30"/>Impertinentes e arrogantes, querem-se intrometer na tramitação da justiça. Vício antigo é o de se arrogarem o direito de advogar e procurar<note type="1"><p>1371/Lisboa, art. 88 ; 1472-73/Coimbra-Évora, art. 138 (nestas pedem os povos ao monarca que não conceda aos tabeliães das notas ou do judicial cartas para poderem procurar). Ponte de Lima, em capítulo especial às Cortes de Santarém de 1468, e Évora, em capítulo especial às Cortes de Évora-Viana de 1481-82, insurgem-se também contra esta acumulação de cargos (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi> VIII, 469).</p></note>, como já anotam os regimentos, sentando-se mesmo nos lugares dos juízes<note type="1"><p>Uma lei sem data do século XIV refere : “<hi rend="i">Defende ELREY, que nenhũ Tabelliam nom seja, nem se asseente com os Juizes ou Alvaziis na seeda hú elles han de seer, nem igual delles ; Mais manda, que sejam em sas seedas ante elles…</hi>”, seguindo-se as respectivas penas conforme as infracções (<hi rend="i">Livro das Leis e Posturas</hi>, 273).</p></note>. Ousam até pôr palavras suas nas querelas, como o referem os concelhos nas Cortes de Évora-Viana de 1481-82, art. 25. Acusam as gentes perante o corregedor e, a coberto deste, nunca são identificados<note type="1"><p>1372/Porto, art. 18.</p></note>. Falsificam as devassas e ficam com elas em seu poder<note type="1"><p>1481-82/Évora-Viana, art. 16.</p></note>. Retêm os documentos que lhes são entregues para trasladar até ao fim dos feitos<note type="1"><p>1444/Évora, art. 2.</p></note>. Não notificam os juízes, que iniciam funções, dos estados da terra<note type="1"><p>1446/Lisboa, art. 8.</p></note>. Entregam as sentenças às partes, sem assinatura dos juízes e sem elaborar o seu registo<note type="1"><p>1427/Lisboa, art. 20.</p></note>.</p>
                    <p>E todo o poder da escrita em exercício devia ser a pressão mais eficaz para arrematarem as rendas dos lugares e para ascenderem aos mais altos cargos municipais, tais como o de vereador ou o ambicionado de juiz. Por isso se lhes proibe, em várias Cortes, a simultaneidade de serem rendeiros<note type="1"><p>1371/Lisboa, art. 92.</p></note> e exercerem outros ofícios<note type="1"><p>1390/Coimbra, art. 10 ; 1427/Lisboa, art. 15. São-lhe, de facto, interditos os ofícios municipais, mas não os de nomeação régia, como por exemplo o de almoxarife, coudel e anadel (H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 477).</p></note>.</p>
                    <p>Estas eram queixas e pedidos feitos. Apenas algumas anuências régias foram obtidas. As mais das vezes a realidade abusiva e opressora mantinha-se. A lei só tinha efeito se cumprida. As conivências entre os agentes da justiça e da escrita seriam numerosas e variadas. Impunha-se pois a força de um real vivido<note type="1"><p>E assim H. da G. BARROS, <hi rend="i">ob. cit.</hi>, VIII, 478, dá exemplos de tabeliães com uma acumulação de ofícios, verdadeiramente espantosa. Um escudeiro, morador em Lamego, reunia estes cargos, perante o corregedor da comarca, e desde Afonso V até D. João II — escrivão, inquiridor e distribuidor, contador dos feitos e custas e tabelião de todas as escrituras judiciais e não judiciais. Noutro caso, um escudeiro, tabelião do judicial no Porto, era escrivão do assentamento dos besteiros do conto, distribuidor dos feitos que corriam perante os juízes da cidade, inquiridor e contador das custas.</p></note>.</p>
                    <p>Que não escapa ao olhar arguto dos poetas e escritores. Atente-se, desde logo, em alguns passos da trova de Álvaro de Brito Pestana, em louvor de Pero Diaz, “escrivam d’ante o corregedor da cidade de Lisboa”, compilada no <hi rend="i">Cancioneiro Geral</hi> de Garcia de Resende :</p>
                    <quote>
                        <p><pb n="31"/>“Pero Diaz é auydo</p>
                        <p>por omem que mereçido</p>
                        <p>tem a Deos e a El Rey</p>
                        <p>…</p>
                        <p>E tem mays hũa herdade</p>
                        <p>que ouue com condiçam</p>
                        <p>de nunca falar verdade,</p>
                        <p>…</p>
                        <p>bebe mais çumo de vinha</p>
                        <p>do que leua hũ tenor.</p>
                        <p>…</p>
                        <p>conuertido de rezam</p>
                        <p>vos escreue o sy por nam</p>
                        <p>asentando falsos termos.</p>
                        <p>…</p>
                        <p>por quem dinheiro arreuesa</p>
                        <p>sua mão com grande presa</p>
                        <p>mete logo antrelinha.</p>
                        <p>Negua sempre a verdade,</p>
                        <p>escreue sempre mentira,</p>
                        <p>…</p>
                        <p>perguntem…</p>
                        <p>se he este o escriuam</p>
                        <p>o mais falso e mays bulrram</p>
                        <p>que no mundo se nomea.”<note type="1"><p><hi rend="i">Cancioneiro Geral de Garcia de Resende</hi>, I, 102-103.</p></note></p>
                    </quote>
                    <p>São estes os “mimos” de caracterização de um tabelião — bajulador, ganancioso, mentiroso, bêbedo, falsário, burlão.</p>
                    <p>Gil Vicente não hesita pois, no seu <hi rend="i">Auto da Barca do Inferno</hi>, em os colocar nas profundezas eternas.</p>
                    <quote>
                        <p>“Diabo — Ora entrae nos negros fados,</p>
                        <p>ireis ao lago dos cães,</p>
                        <p>e vereis os escrivães</p>
                        <p>como estão tão prosperados</p>
                        <p>Corregedor — E na terra dos danados,</p>
                        <p>estão os Evangelistas ?</p>
                        <p>Diabo — Os mestres das burlas vistas</p>
                        <p>lá estão bem fragoados.”<note type="1"><p>G. VICENTE, <hi rend="i">Obras Completas</hi>, Lisboa, 1942, II, 73.</p></note></p>
                    </quote>
                    <p><pb n="32"/>Também Jorge Ferreira de Vasconcelos não poupa, nas suas comédias, o tabelionado. Na Comédia <hi rend="i">Aulegrafia</hi> refere, ao contar a ascendência de uma personagem, que era escudeiro de um fidalgo : “meu pay foy tabalião do judicial da vila de Alfayates, e sendo mexericado por descuidos do seu officio, foy prezo, em que desbaratou o que tinha, e faleceo na cadea”<note type="1"><p>J. F. de VASCONCELOS, <hi rend="i">Comédia Aulegrafia</hi>, com prefácio, notas e glossário por A. M. de VILHENA, Porto, Coimbra e Lisboa, s.d., 42.</p></note>. E na Comédia <hi rend="i">Eufrosina</hi> ouve-se este diálogo :</p>
                    <quote>
                        <p>“Euphrosina — Pois vede laa. Quem he aquella dos pagens tam arrebicada ? Silvia — He molher de hum tabalião.</p>
                        <p>Euphrosina — Grande estado leua, pareceme que he confiada de sy.”<note type="1"><p>J. F. de VASCONCELOS, <hi rend="i">Comédia Eufrosina. Texto de la edición principe de 1555 con las variantes de 1561 y 1566</hi>, edição, prólogo e notas de E. ASENSIO, Madrid, 1951, I, 261.</p></note></p>
                    </quote>
                    <p>Como já se vira, o casamento com um tabelião era apetecido. Como o era o desempenho de tal ofício. E para o obter até à Virgem se recorria.</p>
                    <p>Narra-se nas <hi rend="i">Cantigas de Santa Maria</hi> que Afonso X, tendo visto as pinturas da Virgem que um homem fazia em livros, lhe prometeu uma mercê. Logo :</p>
                    <quote>
                        <p>“mais o ome por merçee lle pediu que lle désse</p>
                        <p>en Vila-Real a meya dũa sa escrivania.”</p>
                    </quote>
                    <p>Porém a carta régia tardava, porque lha obstruiam. Uma promessa a Santa Maria do Porto foi feita e</p>
                    <quote>
                        <p>“logo foi Santa Maria de todo en sa ajuda</p>
                        <p>…e log’a carta ouv’aquel que a pedia.”<note type="1"><p><hi rend="i">Cantigas de Santa Maria</hi>, editadas por W. METTMANN, Coimbra, 1964, III, cant. 377, 309-310.</p></note></p>
                    </quote>
                    <p>Seria com ou sem pedidos do Alto que o rei agraciava com tabelionados. Indiscriminadamente. A ponto de — atente-se — Afonso V fazer tabelião um caçador do príncipe seu herdeiro<note type="1"><p><hi rend="i">História Florestal, Aquícola e Cinegética. Colectânea de documentos existentes no Arquivo Nacional da Torre do Tombo. Chancelarias Reais. II</hi> (<hi rend="i">1439-1481</hi>), direcção e selecção de C. M. L. B. NEVES, transcrição de M. T. B. ACABADO, compilação, sumários e índices de M. L. ESTEVES, Lisboa, 1982, doc. 603.</p></note>. Quer soubesse ou não escrever direito, continuaria por certo a caçar. Mas agora dinheiro em bolso alheio…</p>
                    <p>Em tendência longa sempre os escritores nos oferecem as mesmas tónicas — o tabelionado dá riqueza, confere poder. Mas riqueza e poder conquistados sem ética ou moral.</p>
                    <p>Recordem-se as palavras de Camilo Castelo Branco na sua obra <hi rend="i">Maria da Fonte</hi> :</p>
                    <p><pb n="33"/>“Ninguem se queixa dos cirurgioens ou medicos, dos advogados e tabelliães que reduzem à miséria os que tem a infelicidade de lhes cair nas unhas” ; e mais à frente : “tabelliães, medicos e advogados parece que haõde rebentar de fartos…” ; para rematar “e lá virá o tempo em que os sovinas, os medicos, advogados e tabeliães do publico, judicial e notas saltem no inferno os conhecidos pulos”<note type="1"><p>C. CASTELO BRANCO, <hi rend="i">Maria da Fonte</hi>, Porto, 1885, 290-292.</p></note>.</p>
                    <p>Mas deixemos o tempo longo e o conjunto. Focaremos agora mais de perto, do colectivo ao individual, para analisarmos o exercício profissional do tabelionado.</p>
                    <p>Fixar-nos-emos em Antão Diiz (Dias ou Domingues, ainda um caso a esclarecer), tabelião de Lamego, do qual possuimos um livro de notas de Agosto de 1473 a Agosto de 1474<note type="1"><p>TT – Sé de Lamego, liv. 169.</p></note>. É o mais antigo livro de notas até agora conhecido em Portugal e um dos raros, se não o único completo, que nos ficou para os séculos medievais. Daí, pela sua raridade, o seu valor.</p>
                    <p>Antão Diiz foi nomeado tabelião das notas por carta de D. Afonso V de Lisboa, a 14 de Julho de 1473<note type="1"><p>TT – Chanc. D. Afonso V, liv. 33, fl. 155.</p></note>. O seu antecessor, Gil Esteves, renunciara ao cargo e este sucede-lhe, logo registando na chancelaria, naquela mesma data, o seu sinal. Três anos decorridos e, a 3 de Agosto, D. Afonso V eleva-o a tabelião geral “em nossos regnos e senhorios”, exigindo-lhe a renda devida e o uso das vestes próprias dos tabeliães. Carta esta confirmada por D. João II em Abrantes, a 16 de Agosto de 1483 e por D. Manuel em Palmela, a 28 de Maio de 1496<note type="1"><p>TT – Chanc. D. Manuel, liv. 43, fls. 47v-48.</p></note>. Assim poderá ter exercido o cargo, pelo menos, durante duas décadas.</p>
                    <p>Seus contemporâneos eram os notários da Sé, mas também os tabeliães Rodrigo Anes, João de Riba Coa, Afonso Rodrigues, Pero Afonso, tabelião do judicial, para além de vários tabeliães que no termo de Lamego exerciam a profissão, em nome de um senhor, ou ainda o escudeiro Fernão de Torres, tabelião geral<note type="1"><p>Referências que encontramos no livro de notas, sobretudo entre as testemunhas.</p></note>. Destes três últimos apresentamos uma amostra dos seus sinais. Aliás é curioso referir-se que, no seu livro, Antão Diiz anota um acto em que ele e o tabelião Rodrigo Anes estão a dar o seu consentimento para que Afonso Domingues possa ser tabelião além do número na cidade, do público e das audiências, pedindo inclusivé o assentimento régio para tal<note type="1"><p>TT – Sé de Lamego, liv. 169, fl. 80.</p></note>.</p>
                    <p>Desconhecemos, por ora, o estatuto sócio-económico de Antão Diiz. Sabemos apenas que era propriétário de uma vinha<note type="1"><p><hi rend="i">Idem</hi>, fl. 79. Poderia, talvez, trazer outra do cabido (<hi rend="i">Idem</hi>, fl. 125).</p></note> e parece ter recebido o privilégio de se abastecer na carniçaria do cabido da Sé, com uma ração de meio cónego<note type="1"><p><hi rend="i">Idem</hi>, fl. 65v.</p></note>.</p>
                    <p>Todos os demais informes dizem respeito ao exercício da sua actividade e provêm, essencialmente, do referido livro de notas<note type="1"><p>Sobre a elaboração das notas e os livros onde se encontram, veja-se J. BONO HUERTA, <hi rend="i">Breve Introducción a la Diplomática Notarial Española</hi>, 32-44.</p></note>. É este um livro de papel, <pb n="34"/>forrado com um documento escrito em pergaminho, mas que já perdeu a capa dianteira. Encontra-se muito roído pela traça e danificado nos cantos, manchado, e bastante apagado em algumas folhas iniciais, mas sobretudo nas finais. Foi escrito com tinta castanha, da mais escura à mais clara, numa letra gótica cursiva. Tem numeração posterior que lhe atribui 141 folhas, se bem que se esquecessem de numerar duas, logo perfazendo um total de 143. Sabemos então que lhe faltam 11 folhas, pois que na última folha do livro, em letra que ainda pode ser do século XV, se anota “CLIIII folhas vão neste livro”.</p>
                    <p>Contém cerca de 284 notas de documentos <hi rend="i">in extenso</hi>, redigidas, na maioria, já com todo o seu formulário e apresentando os sinais das testemunhas. Em muitas delas Antão Diiz tem mesmo o cuidado de ressalvar, no final do acto, as palavras riscadas, borradas ou entrelinhadas,<note type="1"><p>Alguns exemplos nas folhas 21 (ressalva de linha riscada), 8 e 138-138v. (ressalva de rasuras), 9v.-10, 13-13v., 32v… (ressalva de entrelinhas).</p></note> ainda que também haja falhas a esta regra<note type="1"><p><hi rend="i">Idem</hi>, fl. 24 (palavra entrelinhada e não ressalvada) ; 25-25v. (erros não ressalvados) : 26 (palavra riscada não ressalvada).</p></note>. Mas não deixam também de aparecer algumas notas apenas minutadas e outras incompletas, podendo surgir ou não posteriormente a nota completa<note type="1"><p>Na fl. 36 surge um documento sem data e sem testemunhas, que não mais parece ter sido completado, talvez porque dele se tivesse desistido. Na fl. 97v. inicia-se um emprazamento que não continua, certamente porque se não levou a efeito. Na fl. 115 há um documento sem início (com omissão de data e outorgantes), parecendo faltar aqui uma folha do livro. Na fl. 9-9v. principia um documento, mas parece ter havido engano nas confrontações e então reinicia-se outro. Na fl. 42v. começa-se a redacção de uma venda com o nome do vendedor, comprador e início da descrição do prédio, mas depois o documento, <hi rend="i">in extenso</hi>, surge na fl. 44-44v. Na fl. 52v. inicia-se um documento que logo a seguir é reiniciado.</p></note>. A expedição do documento definitivo é assinalada, no geral, na margem esquerda, pela palavra, <hi rend="i">fecta</hi>, em sigla (ff.), abreviatura, ou por extenso.</p>
                    <p>Seguindo uma ordem cronológica que vai de Agosto de 1473 — portanto quase de imediato à sua nomeação — até Agosto de 1474, apresenta algumas falhas sequenciais em dias, meses ou até ano, que nos levantam alguns problemas que tentaremos dilucidar na edição crítica do mesmo. A que se junta a dificuldade de certas notas insuficientemente datadas. Acresce que duas notas foram iniciadas por uma mão diferente, mas acabadas por Antão Diiz<note type="1"><p>TT – Sé de Lamego, liv. 169, fl. 65, 85.</p></note>, havendo também aproveitamento de espaços ou folhas em branco, onde outros tabeliães interpolaram notas de documentos muito posteriores<note type="1"><p><hi rend="i">Idem</hi>, fls. 32, 39, 65v.</p></note>.</p>
                    <p>Mas fixemo-nos nesse substancial <hi rend="i">corpus</hi> de 284 notas para perguntarmos — para quem trabalha este tabelião ? ; onde escreve ? ; qual o montante da sua produção ? ; que tipo de documentos redige ?.</p>
                    <p>Eis as respostas.</p>
                    <p>Trabalha para moradores da cidade de Lamego, mas também para alguns do seu termo. Trabalha para particulares leigos e eclesiásticos. Sobressaem de entre estes últimos os cónegos da Sé de Lamego, ainda que a catedral tenha <pb n="35"/>notários próprios. Num caso elaborou, por ordem do juiz de Lamego, um inventário de bens de uma mulher que falecera e noutros dois redigiu, perante o próprio juiz, duas sentenças.</p>
                    <p>Escreveu a maior parte dos documentos em Lamego, mas deslocou-se a alguns lugares do termo para anotar 12 actos. 39,09% das notas que redigiu em Lamego foram escritas no seu local de trabalho — na casa ou morada do tabelião, como afirma. Mas para dar fé de outros percorreu a cidade. Peregrinou pelas casas de muitos vizinhos, uns intervenientes nos actos, outros testemunhas e fiadores e ainda outros que aparentemente nada parecem ter a ver com os assuntos. Escreveu 23,46% das escrituras no enquadramento da Sé — fosse no seu interior, no altar de Santa Maria, na capela de Santa Cruz, onde se fazia cabido, e no claustro, fosse nos paços do bispo, nos paços do deão e nas casas do chantrado, fosse finalmente na porta, no adro ou na praça da Sé. Mais invulgarmente acolheu-se à sombra do carvalho do bispado, ao alpendre da praça, à porta de uma olaria ou foi até à “tabela” da sisa, à igreja de Almacave ou ao campo da feira escrever um documento.</p>
                    <p>Antão Diiz exerce o seu ofício em qualquer dia da semana, incluindo, parece-nos, o Domingo, escrevendo em alguns deles 5 notas. O máximo de documentos produzidos num mês é 35, o que aconteceu em Janeiro e Junho, como se pode ver no gráfico, e o mínimo é de 7 ou 10, valores atingidos, respectivamente, em Agosto de 1474 (e que, por ser o último mês do livro poderá estar incompleto) e Abril. Fica-se então, em média, pelos 23,7 documentos mensais.</p>
                    <p>Escreve o mais variado tipo de documentos, como se pode ver pela tipologia documental que aqui apresentamos. Tipologia devedora do completíssimo estudo de Pilar Ostos e María Luisa Pardo sobre os tabeliães de Sevilha<note type="1"><p>P. OSTOS, M.L. PARDO, <hi rend="i">Documentos y Notarios de Sevilla en el siglo XIII</hi>, Sevilha, 1989.</p></note>, mas também algo diferente, até pelo desfasamento cronológico existente. Trabalhámos na sua elaboração com o apoio de conhecimentos diplomáticos e jurídicos<note type="1"><p>Muito agradecemos, pois, ao nosso colega da Faculdade de Direito, Doutor José Carlos Vieira de Andrade toda a disponibilidade e esclarecimentos prestados.</p></note>, e múltiplas dúvidas se nos levantaram, não, por certo, plenamente resolvidas. Desejavámos, assim, que ela fosse um ponto de partida para ulteriores estudos sobre esta temática que, entre nós, e a nível da documentação particular, estão ainda muito incipientes.</p>
                    <p>Avultam esmagadoramente os 207 documentos sobre bens, créditos e serviços. Seguem-se-lhes os 57 documentos que se reportam à pessoa e suas relações, para, a uma distância considerável, haver um conjunto de 13 actos sobre o casamento e uns escassos 7 documentos “mortis causa”. Nada de admirar, pois era de facto a actividade económica aquela que mais dependia da escrita. Naquele conjunto maioritário a fatia substancial (66,67%) reporta-se a actos sobre bens, créditos e serviços. E aí dominam notoriamente os contratos de exploração — 41 emprazamentos e 23 arrendamentos — ainda que as 32 vendas sejam também significativas da capacidade económica dos homens de Lamego. E ainda mais significativa se lhe acrescermos os 55 documentos que versam sobre operações creditícias. Lamego é uma cidade em plena actividade comercial nesta década <pb n="36"/>de 70 de Quatrocentos. E os seus vizinhos não hesitam em recorrer ao empréstimo — e são 35 os mútuos — para conseguir dinheiro. Com ele se remediando, com ele lucrando, ou por ele se perdendo, é o que nos fica escondido. Igualmente muitos dos contratos de prestação de serviços estão relacionados com a actividade comercial.</p>
                    <p>Já porque os homens se casam geralmente só uma vez, e inegavelmente só têm uma morte, este tipo de documentação é menos abundante. Impressionam, todavia, os 13 documentos relacionados com dotações matrimoniais que, num ano, se realizaram. Constituem, sem dúvida, verdadeiras preciosidades. Aliás este livro dá-nos a conhecer tipos de documentos com que nunca antes tínhamos deparado a partir dos fundos régios, eclesiásticos ou municipais. Mais ainda. Esta tipologia demonstranos, à saciedade, o como a escrita invade o quotidiano do homem medieval de Quatrocentos, mesmo nos seus actos mais vulgares. Conhecimentos, consentimentos, reconhecimentos, quitações, cumprimentos de obrigações, notificações para isto ou aquilo, tudo fica registado. Para que se lembre, para que se ateste, para que se cumpra. E nunca se olvide. Pela fé e perenidade da escrita.</p>
                    <p>E esta capacidade de traduzir por escrito as múltiplas e variadas situações reais que lhe eram apresentadas levaria Antão Diiz a ter de redigir por si mesmo muitos actos, sem que prévios modelos existentes o pudessem ajudar<note type="1"><p>Não se conhecendo os formulários que adoptariam os nossos tabeliães, veja-se, porém o conteúdo de dois formulários maiorquinos Quatrocentista que J. BONO HUERTA estuda em “Dos Formularios Notariales del siglo XV, de Mallorca”, <hi rend="i">De Scriptis Notariorum</hi> (<hi rend="i">S.XI-XV</hi>), Barcelona, 1989, 11-37.</p></note>. Assim estrutura os seus actos segundo uma forma objectiva, atendo-se às cláusulas essenciais do formulário exigidas para cada tipo de documento<note type="1"><p>Cfr. com o formulário dos documentos dos tabeliães de Coimbra em M. J. A. SANTOS, “art. cit.”, 16-17.</p></note>.</p>
                    <p>Logo, no protocolo inicial não há invocação, que já estava praticamente em desuso, como sabemos, mas apenas os autores e destinatários, por vezes com as suas identificações profissionais ou sociais e de morada. Os documentos iniciamse, esmagadoramente, pela notificação — “saibham quantos este estormento virem”, “saibham quantos esta carta virem”.</p>
                    <p>No corpo do texto surge no geral apenas a disposição, introduzida muito objectivamente pelo verbo — “dou e outorgo”, “vendo”, “arrendo”, “estabeleço por meu certo procurador” e tantos outros — que já ligava o autor com o destinatário. A parte dispositiva é clara e correcta, apresentando o conteúdo essencial que a cada tipo documental corresponde.</p>
                    <p>O escatocolo compõe-se da datação e validação por testemunhas e subscrição do tabelião. A datação inclui, de forma directa, a data tópica, o dia, o mês e o ano. Só num caso deparamos com o dia da semana. A data tópica, que surge em quase todos os documentos, é muito precisa, o que nos leva a poder reconstituir os locais de trabalho do tabelião. O dia do mês e as centenas, dezenas e unidades são expressas em numeração romana. Um menor número de actos — sem relação com o seu conteúdo — são datados logo no início. O nome das testemunhas é <pb n="37"/>heterografado, mas surgem as suas assinaturas no final. Apresentam-se, na maior parte dos casos, por cruzes e sinais, cuja simbologia temos em estudo. A subscrição tabeliónica introduz-se, no geral, pela fórmula “e eu Antam Diiz pubrico tabeliam por noso senhor ell rrey na dita cidade e seus termos que esta nota escrevy”.</p>
                    <p>Três notas aduzem no final o seu pagamento — respectivamente 12 reais em 2 casos e 14 no outro. Estando estas taxadas a 16 para a folha de papel e 8 para a meia folha, não condizem, salvo se ao montante das duas primeiras estivessem acrescidos os 4 reais de percurso.</p>
                    <p>Numa exploração não exaustiva, mas ainda assim bastante trabalhosa, tivemos a felicidade de encontrar 9 <hi rend="i">munda</hi> em pergaminho de Antão Diiz (mas um deles com 2 exemplares), escritos para o cabido da Sé de Lamego<note type="1"><p>TT – Sé de Lamego, m. 5, n. 1 ; m. 12, n. 42 ; m. 14, n. 33, n. 34, n. 36 ; m. 15, n. 3, n. 4, n. 5, n. 7, n. 8.</p></note>.</p>
                    <p>Aqui vos apresentamos a nota, escrita na folha 20 rosto e verso e o seu <hi rend="i">mundum</hi><note type="1"><p>TT – Sé de Lamego, m. 12, n. 42.</p></note>.</p>
                    <p>Não há substanciais diferenças entre ambos os documentos. No original, quando se anuncia que o cabido foi reunido “per soom de campãa tangida”, acrescenta-se “segundo costume”. Na precisão do destinatário, depois de “meo conego”, apõe-se “e vigairo da dicta See”. Já na parte final, quando se explicita que dois documentos foram elaborados com o mesmo teor, precisa-se “este he ho de Andre Affomso”, para além de se completar a expressão “fforom outorgados” para “fforom ffeitos e outorgados”. Antes de se introduzir a data tópica pela localização numa capela da Sé escreve-se, no original, “na cidade de Llamego”, que na nota não se viu necessidade de integrar. A maior diferença será o acrescento de uma testemunha “Joham Rroiz preuendeiro do cabiido”, para além de se anunciar, como era de esperar, de forma diferente, a subscrição notarial e aposição do sinal : “e eu Antam Diiz pubrico tabeliam por noso senhor ell rrey na dita cidade e seus termos que esto estormento d’emprazamento escrevy e aquy meu sinall ffiz que tall he”.</p>
                    <p>Tendo tido necessidade de entrelinhar uma palavra, na segunda linha do original, ressalva-a no final. Também no fim do documento acrescenta o pagamento : “pagou deste e doutro com nota<hi rend="sup">ta</hi> reais”. Conferindo com as tabelas este preço afigura-se-nos inferior ao taxado, mas deixamos este ponto em aberto.</p>
                    <p>Se pudessemos tomar esta nota e respectivo original como paradigmáticos, diríamos que Antão Diiz é cuidadoso no seu trabalho e cumpre o estabelecido nas <hi rend="i">Ordenações Afonsinas</hi>, à excepção da data que não escreve por extenso. Pelo menos cumpria, quando trabalhava para aqueles que podiam inspeccionar a sua escrita e formulário. Mas porque a maioria das notas está bastante completa, talvez também o mesmo sucedesse com os demais clientes.</p>
                    <p><pb n="38"/>A concluir :</p>
                    <p>Falámos de tabeliães. Profissionais especializados da escrita. Alguns competentes e sérios sem dúvida. Outros menos bem habilitados. Talvez um razoável número abusador. Todos procurando tirar o melhor partido do seu ofício. Com ele se inserindo na teia social e económica do lugar onde o exerciam. Guindando-se uns quantos a uma posição cimeira na vida local.</p>
                    <p>Falámos de um tabelião. Que mal começou a exercer a sua profissão diligenciou no sentido de anotar os actos produzidos, como mandava a lei. E parece ter escrito os documentos, que a clientela lhe requereu, de uma forma correcta. Se ao escrever quase três centenas de actos num ano ficou a conhecer a vida e os homens de Lamego — disso podendo ter retirado dividendos menos lícitos, o que de todo desconhecemos — certo é que os homens de Lamego obtiveram da sua arte a credibilidade e fé pública de que necessitavam e com que queriam ver credenciados os seus negócios e as suas relações pessoais, das mais particulares às mais públicas. Sem dúvida, a partir de 1473, a casa do tabelião Antão Diiz passou a ser um novo pólo dinamizador da vida dos homens, na cidade de Lamego. Como o seria a dos demais tabeliães nas muitas cidades e vilas do Portugal Quatrocentista.</p>
                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="39"/>Apêndices</head>
                        <div>
                            <head type="h2">I. Gráficos</head>
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                                    <head>Localização dos actos de antão diiz</head>
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                                    <head>Localização da elaboração dos actos de antão diiz em lamego</head>
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                                    <head>Distribuição mensal da actividade do tabelião de lamego antão diiz (ago 1473-ago 1474)</head>
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                                    <head>Tipologia documental</head>
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                                    <head>Documentos sobre bens, créditos e serviços</head>
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                            <pb n="42"/>
                            <head type="h2">II. Láminas</head>
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                            <head type="h2"><pb n="46"/>III. Tipologia documental</head>
                            <list>
                                <item>1. Documentos referentes à pessoa e suas relações
                                    <list>
                                        <item>1.1. Relações interpessoais
                                            <list>
                                                <item>1.1.1. Renúncia a queixa judicial</item>
                                                <item>1.1.2. Transacção</item>
                                                <item>1.1.3. Perdão</item>
                                                <item>1.1.4. Cumprimento de obrigação decorrente de sentença</item>
                                                <item>1.1.5. Consentimento para a concessão de ração vitalícia</item>
                                                <item>1.1.6. Consentimento para troca de ração</item>
                                                <item>1.1.7. Obrigação de alimentos</item>
                                                <item>1.1.8. Contrato de criação</item>
                                                <item>1.1.9. Quitação de obrigações de tutela</item>
                                            </list>
                                        </item>
                                        <item>1.2. Representação da pessoa
                                            <list>
                                                <item>1.2.1. Procuração</item>
                                                <item>1.2.2. Subprocuração</item>
                                            </list>
                                        </item>
                                    </list>
                                </item>
                                <item>2. Documentos sobre bens, créditos e serviços
                                    <list>
                                        <item>2.1. Sobre bens, sua transferência e locação
                                            <list>
                                                <item>2.1.1. Doação</item>
                                                <item>2.1.2. Venda</item>
                                                <item>2.1.3. Venda de colheita</item>
                                                <item>2.1.4. Garantia de venda</item>
                                                <item>2.1.5. Escambo</item>
                                                <item>2.1.6. Emprazamento (contrato enfitêutico em vidas)</item>
                                                <item>2.1.7. Subemprazamento</item>
                                                <item>2.1.8. Consentimento a subemprazamento</item>
                                                <item>2.1.9. Arrendamento</item>
                                                <item>2.1.10. Subarrendamento</item>
                                                <item>2.1.11. Parceria pecuária</item>
                                                <item>2.1.12. Reconhecimento de parceria pecuária</item>
                                                <item>2.1.13. Arrendamento e parceria pecuária</item>
                                                <item>2.1.14. Parceria de exploração de prédio urbano</item>
                                                <item>2.1.15. Consentimento a renúncia</item>
                                                <item>2.1.16. Apessoamento</item>
                                                <item>2.1.17. Quitação de rendas</item>
                                                <item>2.1.18. Reconhecimento de dívida de renda</item>
                                                <item>2.1.19. Reconhecimento de dívida de compra</item>
                                                <item>2.1.20. Quitação de preço de venda</item>
                                                <item>2.1.21. Intimação para restituição de bens</item>
                                                <item>2.1.22. Obrigação de reparação de bens</item>
                                                <item><pb n="47"/>2.1.23. Obrigação de prestação de coisa</item>
                                                <item>2.1.24. Notificação de obrigação de prestação de coisa</item>
                                                <item>2.1.25. Contrato de fornecimento de bens</item>
                                                <item>2.1.26. Acordo de divisão de águas</item>
                                            </list>
                                        </item>
                                        <item>2.2. Sobre crédito
                                            <list>
                                                <item>2.2.1. No privado
                                                <list>
                                                    <item>2.2.1.1. Mútuo</item>
                                                    <item>2.2.1.2. Venda a crédito</item>
                                                    <item>2.2.1.3. Obrigação de prestação pecuniária</item>
                                                    <item>2.2.1.4. Quitação de prestação pecuniária</item>
                                                    <item>2.2.1.5. Penhor</item>
                                                    <item>2.2.1.6. Fiança</item>
                                                    <item>2.2.1.7. Substituição de fiança</item>
                                                    <item>2.2.1.8. Quitação de fiança</item>
                                                    <item>2.2.1.9. Quitação parcial de remissão de penhor</item>
                                                </list>
                                                </item>
                                                <item>2.2.2. No judicial
                                                <list>
                                                    <item>2.2.2.1. Sentença relativa a mútuo</item>
                                                    <item>2.2.2.2. Sentença sobre dívida</item>
                                                </list>
                                                </item>
                                            </list>
                                        </item>
                                        <item>2.3. Sobre serviços e sua locação
                                            <list>
                                                <item>2.3.1. Entre particulares
                                                <list>
                                                    <item>2.3.1.1. Contrato de trabalho</item>
                                                    <item>2.3.1.2. Contrato de prestação de serviço</item>
                                                    <item>2.3.1.3. Contrato de empreitada</item>
                                                    <item>2.3.1.4. Obrigação de prestação de serviço</item>
                                                    <item>2.3.1.5. Quitação de serviço prestado</item>
                                                    <item>2.3.1.6. Quitação de pagamento de serviço prestado</item>
                                                </list>
                                                </item>
                                                <item>2.3.2. Entre oficiais
                                                <list>
                                                    <item>2.3.2.1. Certificado de aferição</item>
                                                    <item>2.3.2.2. Conhecimento de cobrança</item>
                                                    <item>2.3.2.3. Quitação de cobrança</item>
                                                    <item>2.3.2.4. Consentimento para o exercício de profissão</item>
                                                </list>
                                                </item>
                                            </list>
                                        </item>
                                    </list>
                                </item>
                                <item>3. Documentos sobre o casamento
                                <list>
                                    <item>3.1. Doação para casamento</item>
                                    <item>3.2. Dote</item>
                                    <item>3.3. Arras</item>
                                    <item><pb n="48"/>3.4. Doação para casamento, dote e arras</item>
                                    <item>3.5. Obrigação de doação para casamento</item>
                                    <item>3.6. Quitação de doação para casamento</item>
                                    <item>3.7. Quitação de dote</item>
                                </list>
                                </item>
                                <item>4. Documentos “mortis causa”
                                <list>
                                    <item>4.1. Testamento</item>
                                    <item>4.2. Traslado de cédula de testamento</item>
                                    <item>4.3. Cumprimento de legado</item>
                                    <item>4.4. Acordo de partilha de herança</item>
                                    <item>4.5. Inventário</item>
                                </list>
                                </item>
                            </list>
                            <p>1.1.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Renúncia a queixa judicial</hi></hi> : Acto pelo qual o lesado renuncia ao seu direito de ir a juízo.</p>
                            <p>1.1.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Transacção</hi></hi> : Contrato pelo qual as partes previnem ou terminam um litígio mediante recíprocas concessões.</p>
                            <p>1.1.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Perdão</hi></hi> : Acto pelo qual o ofendido, por si ou por outrem, perdoa, por motivos pessoais, a ofensa contra ele praticada.</p>
                            <p>1.1.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Cumprimento de obrigação decorrente de sentença</hi></hi> : Acto pelo qual alguém satisfaz, total ou parcialmente, os deveres decorrentes de uma sentença.</p>
                            <p>1.1.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Consentimento para concessão de ração vitalícia</hi></hi> : Acto pelo qual alguém, no âmbito dos seus direitos, consente na concessão a outrem de uma ração.</p>
                            <p>1.1.6. – <hi rend="b"><hi rend="i">Consentimento de troca de ração</hi></hi> : Acto pelo qual alguém, no âmbito dos seus direitos, consente no escambo de uma ração.</p>
                            <p>1.1.7. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de alimentos</hi></hi> : Acto pelo qual uma pessoa se obriga a prestar alimentos em vida de outrem.</p>
                            <p>1.1.8. – <hi rend="b"><hi rend="i">Contrato de criação</hi></hi> : Acto pelo qual os pais entregam uma filha a outrem que este deve manter e casar, tirando dela proveito honesto.</p>
                            <p>1.1.9. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de obrigações de tutela</hi></hi> : Acto pelo qual se dá um tutor por livre das obrigações que tinha para com o menor que estava sob sua tutela.</p>
                            <p>1.2.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Procuração</hi></hi> : Acto pelo qual alguém confere a outrem o poder para praticar, em seu nome, um ou mais actos jurídicos.</p>
                            <p>1.2.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Subprocuração</hi></hi> : Acto pelo qual o procurador de alguém transfere os poderes recebidos a um terceiro.</p>
                            <p>2.1.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Doação</hi></hi> : Acto pelo qual uma pessoa dispõe gratuitamente de uma coisa, um bem ou um direito, de maneira definitiva e irrevogável, com ou sem encargos.</p>
                            <p>2.1.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Venda</hi></hi> : Acto pelo qual se transmite a propriedade ou a titularidade de uma coisa, um bem ou um direito, mediante o pagamento de um preço.</p>
                            <p>2.1.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Venda de colheita</hi></hi> : Acto pelo qual a posse de frutos pendentes, um bem de existência incerta, passa das mãos do vendedor para as do comprador, mediante o pagamento de um preço oscilante de acordo com a colheita.</p>
                            <p>2.1.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Garantia de venda</hi></hi> : Acto pelo qual um vendedor garante o bom estado do bem a vender.</p>
                            <p><pb n="49"/>2.1.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Escambo</hi></hi> : Acto pelo qual uma coisa ou um bem é entregue a uma pessoa, em contrapartida de uma coisa ou de um outro bem de valor equivalente.</p>
                            <p>2.1.6. – <hi rend="b"><hi rend="i">Emprazamento</hi></hi> : Acto pelo qual o proprietário de um bem ou direito concede o seu usufruto a outrem, em uma ou mais vidas, mediante o pagamento de renda, acrescida ou não de foros e serviços.</p>
                            <p>2.1.7. – <hi rend="b"><hi rend="i">Subemprazamento</hi></hi> : Acto pelo qual o emprazante concede a outrem o usufruto de um bem que traz emprazado, mediante o pagamento de uma renda.</p>
                            <p>2.1.8. – <hi rend="b"><hi rend="i">Consentimento a subemprazamento</hi></hi> : Acto pelo qual o senhorio do bem usufruido dá o seu consentimento ao acto do emprazante.</p>
                            <p>2.1.9. – <hi rend="b"><hi rend="i">Arrendamento</hi></hi> : Acto pelo qual o proprietário de um bem ou direito concede o seu usufruto a outrem, por um tempo curto de meses ou inferior a 10 anos, mediante o pagamento de uma renda fixa.</p>
                            <p>2.1.10. – <hi rend="b"><hi rend="i">Subarrendamento</hi></hi> : Acto pelo qual um arrendatário entrega o bem ou direito usufruido, em todo ou em parte, com os respectivos encargos de renda ao senhorio, acrescida de outra que para si reverte.</p>
                            <p>2.1.11. – <hi rend="b"><hi rend="i">Parceria pecuária</hi></hi> : Acto pelo qual uma ou mais pessoas entregam a outra ou a outras um animal ou vários para esta ou estas criarem, pensarem e vigiarem, com o ajuste de repartirem entre si os lucros futuros em certa proporção.</p>
                            <p>2.1.12. – <hi rend="b"><hi rend="i">Reconhecimento de parceria pecuária</hi></hi> : Acto pelo qual alguém reconhece uma situação de parceria pecuária existente de facto.</p>
                            <p>2.1.13. – <hi rend="b"><hi rend="i">Arrendamento e parceria pecuária</hi></hi> : Acto que acumula os dois contratos anteriores.</p>
                            <p>2.1.14. – <hi rend="b"><hi rend="i">Parceria de exploração de prédio urbano</hi></hi> : Acto pelo qual uma pessoa entrega a outra a exploração de um prédio urbano, convencionando dividir entre si os lucros em certa proporção.</p>
                            <p>2.1.15. – <hi rend="b"><hi rend="i">Consentimento a renúncia</hi></hi> : Acto pelo qual o senhorio consente na desistência do usufrutuário ao bem ou direito usufruido, no geral abrangendo também a indigitação do novo usufrutuário.</p>
                            <p>2.1.16. – <hi rend="b"><hi rend="i">Apessoamento</hi></hi> : Acto pelo qual o usufrutuário aliena o seu direito de usufruto entre vivos.</p>
                            <p>2.1.17. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de renda</hi></hi> : Acto que dá por liberta, total ou parcialmente, a pessoa obrigada ao pagamento de uma renda.</p>
                            <p>2.1.18. – <hi rend="b"><hi rend="i">Reconhecimento de dívida de renda</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se declara devedor de uma renda.</p>
                            <p>2.1.19. – <hi rend="b"><hi rend="i">Reconhecimento de dívida de compra</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se declara devedor do preço a satisfazer por uma compra.</p>
                            <p>2.1.20. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de preço de venda</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se declara pago pela venda de um bem.</p>
                            <p>2.1.21. – <hi rend="b"><hi rend="i">Intimação para restituição de bens</hi></hi> : Acto em que um senhorio, por incumprimento de condições exigidas sobre bens, intima à restituição dos mesmos.</p>
                            <p>2.1.22. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de reparação de bens</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se obriga a reparar um dano causado num bem, reconstituindo a situação anteriormente existente.</p>
                            <p>2.1.23. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de prestação de coisa</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se obriga a entregar alguma coisa a outrem que, a qualquer título, invoca esse direito.</p>
                            <p>2.1.24. – <hi rend="b"><hi rend="i">Notificação de obrigação de prestação de coisa</hi></hi> : Acto pelo qual se dá conhecimento a alguém da obrigação de prestação de coisa.</p>
                            <p><pb n="50"/>2.1.25. – <hi rend="b"><hi rend="i">Contrato de fornecimento de bens</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se compromete a fornecer a outro certos bens em determinadas condições, mediante pagamento especificado.</p>
                            <p>2.1.26. – <hi rend="b"><hi rend="i">Acordo de divisão de águas</hi></hi> : Acto pelo qual as partes chegam a um acordo sobre a fruição de águas comuns.</p>
                            <p>2.2.1.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Mútuo</hi></hi> : Acto pelo qual uma das partes empresta à outra dinheiro ou outra coisa fungível, ficando a segunda obrigada a restituir outro tanto do mesmo género e qualidade, no geral sob garantia de hipotecas, penhores ou fianças.</p>
                            <p>2.2.1.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Venda a crédito</hi></hi> : Acto pelo qual alguém fica de imediato na posse de um bem cuja propriedade adquire, só posteriormente efectivando o pagamento do respectivo preço.</p>
                            <p>2.2.1.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de prestação pecuniária</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se diz obrigado a outrem a uma prestação pecuniária.</p>
                            <p>2.2.1.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de prestação pecuniária</hi></hi> : Acto que liberta a pessoa obrigada a uma certa prestação pecuniária, seja a título de mútuo, ou a qualquer outro, por vezes desconhecido.</p>
                            <p>2.2.1.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Penhor</hi></hi> : Acto que confere ao credor o direito à satisfação do seu crédito pelo valor da coisa móvel pertencente ao devedor.</p>
                            <p>2.2.1.6. – <hi rend="b"><hi rend="i">Fiança</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se constitui como garante de um crédito ou de outros pagamentos a efectuar por outrem.</p>
                            <p>2.2.1.7. – <hi rend="b"><hi rend="i">Substituição de fiança</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se coloca como fiador, libertando outro das suas obrigações.</p>
                            <p>2.2.1.8. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de fiança</hi></hi> : Acto que liberta a pessoa obrigada por fiadoria.</p>
                            <p>2.2.1.9. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação parcial de remissão de penhor</hi></hi> : Acto pelo qual o credor reconhece que o devedor satisfez, apenas em parte, as obrigações creditícias de um penhor.</p>
                            <p>2.2.2.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Sentença relativa a mútuo</hi></hi> : Acto no qual um juiz decide sobre as cláusulas de um mútuo.</p>
                            <p>2.2.2.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Sentença sobre dívida</hi></hi> : Acto pelo qual um juiz decide sobre as relações entre um credor e um devedor.</p>
                            <p>2.3.1.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Contrato de trabalho</hi></hi> : Acto pelo qual uma pessoa se obriga, mediante retribuição, a prestar a sua actividade intelectual ou manual a outra pessoa, sob a autoridade e direcção desta.</p>
                            <p>2.3.1.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Contrato de prestação de serviço</hi></hi> : Acto em que uma das partes se obriga a proporcionar a outra certo resultado do seu trabalho intelectual ou manual, com ou sem retribuição.</p>
                            <p>2.3.1.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Contrato de empreitada</hi></hi> : Acto pelo qual uma das partes se obriga em relação à outra a realizar certa obra, mediante um preço.</p>
                            <p>2.3.1.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de prestação de serviços</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se declara obrigado à prestação de um determinado serviço a outrem.</p>
                            <p>2.3.1.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de serviço prestado</hi></hi> : Acto que reconhece um serviço prestado, libertando de qualquer encargo o obrigado.</p>
                            <p>2.3.1.6. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de pagamento de serviço prestado</hi></hi> : Acto pelo qual se dá alguém por quite do pagamento de um serviço que lhe fora prestado.</p>
                            <p>2.3.2.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Certificado de aferição</hi></hi> : Acto que atesta a aferição oficial de pesos e medidas.</p>
                            <p>2.3.2.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Conhecimento de cobrança</hi></hi> : Acto em que uma autoridade dá conhecimento da entrega a outra de uma obrigação de cobrança de direitos públicos.</p>
                            <p>2.3.2.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de cobrança</hi></hi> : Acto pelo qual se dá alguém por quite de uma obrigação de cobrança.</p>
                            <p><pb n="51"/>2.3.2.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Consentimento para o exercício de profissão</hi></hi> : Acto pelo qual uma ou várias pessoas com a mesma profissão dão o seu assentimento para o exercício dela pelos seus pares.</p>
                            <p>3.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Doação para casamento</hi></hi> : Doação feita a um dos esposados ou a ambos, em vista do seu casamento ; nela se considera apenas as doações feitas por terceiros, não parentes.</p>
                            <p>3.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Dote</hi></hi> : Doação para casamento feita pelos pais dos esposados.</p>
                            <p>3.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Arras</hi></hi> : Doação para casamento feita pelo marido à futura esposa.</p>
                            <p>3.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Doação para casamento, dote e arras</hi></hi> : Acumulação, num só acto, das três doações anteriores.</p>
                            <p>3.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Obrigação de doação para casamento</hi></hi> : Acto pelo qual alguém se diz obrigado a uma doação para casamento.</p>
                            <p>3.6. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de doação para casamento</hi></hi> : Acto pelo qual um ou os dois esposados dizem, por si ou por outrem, ter recebido de alguém uma doação para casamento.</p>
                            <p>3.7. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de dote</hi></hi> : Acto pelo qual os filhos, por si ou por outrem, declaram ter recebido de seus pais bens para casamento.</p>
                            <p>4.1. – <hi rend="b"><hi rend="i">Testamento</hi></hi> : Acto de última vontade pelo qual alguém dispõe dos seus bens após a sua morte.</p>
                            <p>4.2. – <hi rend="b"><hi rend="i">Traslado de cédula de testamento</hi></hi> : Cópia autenticada pelo tabelião de um documento, sem fé pública, com disposições testamentárias.</p>
                            <p>4.3. – <hi rend="b"><hi rend="i">Quitação de legado</hi></hi> : Acto pelo qual os legatários, testamenteiros, ou outrem por eles, dão por executado um legado a pessoas ou para sufrágio da alma.</p>
                            <p>4.4. – <hi rend="b"><hi rend="i">Acordo de partilha de herança</hi></hi> : Acto pelo qual, à morte de alguém, os seus herdeiros, muitas vezes depois de desavenças, chegam a um acordo sobre a partilha dos bens herdados.</p>
                            <p>4.5. – <hi rend="b"><hi rend="i">Inventário</hi></hi> : Rol dos bens, totais ou parciais, de uma pessoa falecida.</p>
                        </div>
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                </body>
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            <text xml:id="art_03">
                <front>
                    <head><pb n="53"/>Les notaires publics dans les anciens Pays-Bas du XIII<hi rend="sup">e</hi> au XVI<hi rend="sup">e</hi> siècle</head>
                    <byline><docAuthor>Walter Prevenier</docAuthor>, Universidad de Gante</byline>
                    <byline><docAuthor>James M. Murray</docAuthor>, Universidad de Cincinnati</byline>
                    <byline><docAuthor>Michel Oosterbosch</docAuthor>, Universidad de Lovaina</byline>
                </front>
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                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="55"/>1. Nominations et délégations de nominations</head>
                        <p>Dans les anciens Pays-Bas des 12<hi rend="sup">e</hi> et 13<hi rend="sup">e</hi> siècles, les comtes, les ducs, les évêques, les institutions laïques et les cours de justice avaient à leur disposition des collaborateurs administratifs, nommés par eux et appelés clercs (<hi rend="i">clerici</hi>) ou notaires (<hi rend="i">notarii</hi>). Ils avaient, entre autres tâches, une occupation, qui, plus tard, au 14<hi rend="sup">e</hi> siècle, forme ou formera le territoire des notaires publics&#160;: la confection de documents authentiques de juridiction gracieuse<note type="1"><p>E. REUSENS, ‘Les chancelleries inférieures en Belgique depuis les origines jusqu’au commencement du XIII<hi rend="sup">e</hi> siècle’, <hi rend="i">Analectes pour servir à l’histoire ecclésiastique de la Belgique</hi>, XXVI, 1896, pp. 20-206&#160;; T. DE HEMPTINNE, W. PREVENIER et M. VANDERMAESEN, ‘La chancellerie des Comtes de Flandre (12<hi rend="sup">e</hi>-14<hi rend="sup">e</hi> siècle)’, dans G. SILAGI (éd.), <hi rend="i">Landesherrliche Kanzleien im Spätmittelalter. Referate zum VI. Internationalen Kongress für Diplomatik, München 1983</hi>, t. 1, Münchener Beiträge zur Mediävistik und Renaissanceforschung, XXXV, München 1984, pp. 433-454.</p></note>. Bien que le Concile de Latran (1215) permettait et encourageait<note type="1"><p>C. J. HEFELE – H. LECLERCQ, <hi rend="i">Histoire des Conciles d’après les documents originaux</hi>, V, Paris 1913, pp. 1363-1364&#160;; CIC, X, 2, 19, 11.</p></note> l’introduction d’une <hi rend="i">persona publica</hi> ou de clercs idoines (<hi rend="i">viros idoneos</hi>), ce qui équivalait selon les pères du Concile à des notaires publics, auprès des juges ecclésiastiques (les officiaux), on n’en a pas fait usage dans les Pays-Bas avant le dernier quart du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle<note type="1"><p>M. VLEESCHOUWERS-VAN MELKEBEEK, <hi rend="i">De officialiteit van Doornik. Oorsprong en vroege ontwikkeling</hi> (<hi rend="i">1192-1300</hi>), Verhandelingen van de Koninklijke Academie voor Wetenschappen, Letteren en Schone Kunsten van België. Klasse der Letteren, jg. 47 nr. 117, Brussel 1985, pp. 100-112&#160;; P. PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité et Notaires Publics au service de l’officialité Liégeoise (1252-1337)’, <hi rend="i">Bulletin de la Commission royale d’Histoire</hi>, CXXXII, 1966, pp. 297-332.</p></note>.</p>
                        <p>Sans doute était-ce de la part des princes et ecclésiastiques des Pays-Bas un symptôme de l’indépendantisme, un indice de la volonté de se réserver la nomination (et donc le contrôle politique et social) de leurs collaborateurs proches, et du refus de spécialistes nommés en dehors des Pays-Bas, par le pape ou l’empereur. Ce refus était d’autant plus normal aux Pays-Bas qu’on y a eu recours, dès le 12<hi rend="sup">e</hi> siècle, à des structures et à des solutions alternatives pour <pb n="56"/>remédier à ces problèmes. Tout au long des 12<hi rend="sup">e</hi> et 13<hi rend="sup">e</hi> siècles les clercs des princes et évêques (dès le début), les bureaux des officialités (dès ca. 1180), les doyens de chrétienté (dès ca. 1170)<note type="1"><p>H. NELIS, ‘Les doyens de chrétienté. Étude diplomatique sur leurs actes de juridiction gracieuse en Belgique au XIII<hi rend="sup">e</hi> siècle’, <hi rend="i">Revue belge de Philologie et d’Histoire</hi>, III, 1924, pp. 59-73, 251-278.</p></note>, les échevins des villes et des châtellenies (dès ca. 1225)<note type="1"><p>H. NELIS, ‘Étude diplomatique sur la juridiction gracieuse des échevins en Belgique (1150-1300)’, <hi rend="i">Annales de la Société d’Émulation de Bruges</hi>, LXXX, 1937, pp. 1-49&#160;; R.C. VAN CAENEGEM, <hi rend="i">Le droit romain en Belgique</hi>, Ius romanum medii aevi V/5b, Milan 1966, p. 18&#160;; Ph. GODDING, ‘Les conflits à propos des lettres échevinales des villes brabançonnes (XVe-XVIII<hi rend="sup">e</hi> siècles)’, <hi rend="i">Revue d’Histoire du Droit</hi>, XXII, 1954, pp. 308-319.</p></note> s’occupaient activement de la rédaction des actes de donation et des autres affaires de droit privé. Formellement certains princes, comme l’évêque de Liège, avaient d’ailleurs respecté les conseils du Concile de Latran, en introduisant, en 1252, des clercs idoines, nommés par eux et donc pas par le pape, comme c’était le cas pour les notaires publics<note type="1"><p>PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité…’, p. 319.</p></note>.</p>
                        <p>Le notaire public était un <hi rend="i">homo novus</hi> à la fin du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle dans les Pays-Bas. Le tout premier notaire public arrivant dans ces régions, notamment à Yvoix (Carignan) dans le Luxembourg, dès 1269, était un Italien, Jean, fils d’Odon Blanchi de Parme, nommé par le pape<note type="1"><p>H. GOFFINET, <hi rend="i">Cartulaire de l’abbaye d’Orval</hi>, Bruxelles 1879, n° 435.</p></note>. Douze ans plus tard, en 1281, on rencontre à Liège le premier notaire impérial, Simon Raynerii, originaire de Bologne<note type="1"><p>S. BORMANS – E. SCHOOLMEESTERS, <hi rend="i">Cartulaire de l’église de Saint-Lambert de Liège</hi>, II, Bruxelles 1895, n° 718 – 23.1.1281&#160;; E. PONCELET, <hi rend="i">Inventaire analytique des chartes de la collégiale de Sainte-Croix à Liège</hi>, I, Bruxelles 1911, n° 136 – 30.1.1283.</p></note>. Un autre Italien, Jean Rubeus de Palliano, arrive en 1284<note type="1"><p>PONCELET, <hi rend="i">Inventaire</hi>, n° 138&#160;; S. BORMANS, ‘Notice d’un cartulaire du clergé secondaire de Liège’, <hi rend="i">Bulletin de la Commission royale d’Histoire</hi>, 3<hi rend="sup">e</hi> série, XIV, 1872, p. 335, n° 20.</p></note>. Entre-temps se sont installés dans ces régions les premiers notaires publics autochtones, apostolique comme Roger de Liège en 1274<note type="1"><p>H. HUYSKENS – W. MUMMEHOFF, <hi rend="i">Regesten der Reichsstadt Aachen</hi> (<hi rend="i">Einschliesslich des Aachener Reiches und der Reichsabtei Burtscheid</hi>), Publikationen der Gesellschaft für Rheinische Geschichtskunde, 47, t. 1, Bonn-Cologne 1961<hi rend="sup">2</hi>, n° 289 et 346&#160;; BORMANS – SCHOOLMEESTERS, <hi rend="i">Cartulaire de l’église de Saint-Lambert de Liège</hi>, t. 2, n° 655, 691, 699 et 711&#160;; O.-J. THIMISTER, <hi rend="i">Cartulaire ou recueil des chartes et documents inédits de l’église collégiale de Saint-Paul, actuellement cathédrale de Liège</hi>, Liège 1878, p. 77.</p></note>, impérial comme Gilles de Haneffe en 1286<note type="1"><p>H. NELIS, ‘Les origines du notariat public en Belgique, 1269-1320’, <hi rend="i">Revue belge de Philologie et d’Histoire</hi>, II, 1923, p. 273&#160;; P. PIEYNS-RIGO – E. BROUETTE, ‘Seings manuels des notaires de l’officialité et des notaires publics à Liège des origines à 1320’, <hi rend="i">Revue belge de Numismatique et de Sigillographie</hi>, CXIII, 1967, pp. 87-114.</p></note>. L’arrivée des notaires Italiens se situe dans le contexte plus large de l’emprunt de technologie à l’Italie&#160;: dans le même dernier quart du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle s’est effectuée une importante ‘invasion’ de gens d’affaires, de gens de finance et de tenanciers de tables de prêts d’origine italienne<note type="1"><p>C. TIHON, ‘Aperçu sur l’établissement des Lombards dans les Pays-Bas aux XIIIe et XIV<hi rend="sup">e</hi> siècles’, <hi rend="i">Revue belge de Philologie et d’Histoire</hi>, XXXIX, 1961, pp. 334-364&#160;; G. BIGWOOD, <hi rend="i">Le régime juridique et économique du commerce de l’argent dans la Belgique du moyen âge</hi>, Académie royale de Belgique, Classe des Lettres, 2 vol., Bruxelles 1921-22.</p></note>. En 1281 des marchands Florentins se fixent en Flandre<note type="1"><p>P. ROGGHÉ, ‘Italianen te Gent in de XIVe. eeuw’, <hi rend="i">Bijdragen Geschiedenis der Nederlanden</hi>, I, 1946, pp. 197-225&#160;; J.M. MURRAY, with the collaboration of W. PREVENIER and M. OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Notarial Instruments in Flanders between 1280 and 1452</hi>, Commission royale d’Histoire, Bruxelles 1994, pp. 15, 24-27, 92-100.</p></note>.</p>
                        <p><pb n="57"/>Pendant 50 ans, environ de 1269 à 1320, les Pays-Bas étaient le théâtre d’une vive compétition entre notaires italiens et autochtones, qui s’est soldée par une victoire des derniers. Dans ces mêmes décennies un second processus s’est achevé, celui du remplacement dans les bureaux d’officialités des simples clercs assermentés, nommés par l’évêque, par des notaires apostoliques ou impériaux<note type="1"><p>H. NELIS, ‘Les origines…’, p. 274.</p></note>. A Liège cependant les évêques continuaient à maintenir à leur service encore pendant un certain temps les deux types de notaires<note type="1"><p>PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité…’, pp. 302-303. Selon MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 21-22, 33-40, il s’agissait par contre d’une ‘notarialisation’ beaucoup plus graduelle.</p></note>.</p>
                        <p>Ce changement global allait de pair avec une transformation complète de l’exercice de la juridiction gracieuse. Après 1320 les notaires d’officialité et les doyens de chrétienté ne s’en occupaient plus que sporadiquement. Leur activité est supplantée par celle des notaires publics d’une part, mais essentiellement par celle des échevins urbains d’autre part<note type="1"><p>NELIS, ‘Les doyens’, pp. 59-73, 251-278, 509-525 et 821-840. Dans la première moitié du 14<hi rend="sup">e</hi> siècle, des notaires publics faisaient de plus en plus leur entrée dans les chancelleries des doyens de chrétienté, comme le montre l’exemple de Bruges (MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 22, 41-46) et dans celles des archidiacres (M. OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat in Antwerpen tijdens de late Middeleeuwen</hi> (<hi rend="i">1314-1531</hi>). <hi rend="i">Een institutionele en prosopografische studie in Europees perspectief</hi>, Thèse de doctorat inédite, Louvain 1992, t. 1, pp. 190-191).</p></note>.</p>
                        <p>L’éclipse des notaires traditionnels (nommés par les évêques) par des notaires publics n’est d’ailleurs pas toujours un remplacement réel de personnes, mais plutôt un changement de terminologie et de formes. Ainsi le notaire d’officialité de l’évêché de Liège, Henri de Gueldre, devînt, après 25 ans de carrière comme notaire épiscopal, notaire public en 1305, sans vraiment changer d’occupation. Thomas de Hemricourt a parcouru le même parcours en devenant notaire public en 1306 après 13 ans de service auprès de l’official de Liège<note type="1"><p>PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité…’, p. 310, n. 2. On peut citer des exemples analogues pour Tournai.</p></note>.</p>
                        <p>La facilité avec laquelle, peu après 1300, les évêques des Pays-Bas ont laissé tomber cette tradition et accepté l’innovation, peut sans doute s’expliquer essentiellement par le fait qu’à cette même époque le pape venait d’accorder à ces prélats la charge du soin de pourvoir aux offices de notaires publics, par la voie de la <hi rend="i">licentia creandi notarios</hi> (ou&#160;: <hi rend="i">licentia conferendi officium tabellionatus</hi>)<note type="1"><p>Voir à ce propos&#160;: M. OOSTERBOSCH, ‘Apostolica auctoritate notarius publicus. Benoemingen van pauselijke notarissen uit de ‘Belgische’ bisdommen (1285-1342)’, dans A.M.J.A. BERKVENS et A.Fl. GEHLEN (réd.), “<hi rend="i">Tot beter directie van de saken van justiciën …</hi>”. <hi rend="i">Handelingen van het XII<hi rend="sup">e</hi> Belgisch-Nederlands Rechtshistorisch Congres, Rijksuniversiteit Limburg Maastricht, 20-21 november 1992</hi>, Anvers-Apeldoorn 1994, pp. 21-36.</p></note>. <pb n="58"/>Ainsi le pape Nicolas IV accorde en 1291 à Jean de Syrick, évêque d’Utrecht, la faculté de créer quatre notaires. L’autorisation est répétée en 1318 et en 1323, mais le nombre de notaires y est toujours strictement limité, ce qui prouve qu’il ne s’agit jamais d’une carte blanche. Le même phénomène se présente pour les évêchés de Cambrai en 1297, 1309, 1324 et 1330 et de Tournai en 1301, 1333 et 1343<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, ‘Apostolica’, p. 34.</p></note>. Cette mesure papale ne s’est produite à Liège qu’à deux reprises avant 1342 (la fin du pontificat de Benoît XII), en 1306 et 1313. Cela ne s’explique que très partiellement par le fait de la prépondérance de l’empereur dans une principauté appartenant à la <hi rend="i">Reichskirche</hi><note type="1"><p>NELIS, ‘Les origines…’, p. 275. C’est plutôt la durée de l’épiscopat d’Adolphe de la Marck (1313-1344) qui, en fait, a provoqué la rareté des délégations papales à Liège. Or, c’était avant tout au moment de leur élection que les évêques recevaient une telle délégation (numériquement limitée) du droit de nomination, de façon même qu’on peut y voir une politique expresse, envisageant l’uniformisation et la modernisation des chancelleries épiscopales (OOSTERBOSCH, ‘Apostolica’, pp. 33-35).</p></note>. Cet impact n’a toutefois pas empêché que la très grande majorité des notaires impériaux à Liège (43 sur 56 entre 1283 et 1337), tout comme dans les autres diocèses ‘belges’, étaient des ecclésiastiques. Une variante plus complexe du système de la délégation papale a été également appliquée, par après, à d’autres autorités, comme à l’abbé de Saint-Bavon à Gand en 1342, ou à des seigneurs laïcs, notamment en 1306 et 1321 au comte de Flandre, en 1320 au duc de Brabant et en 1321 et 1335 au comte de Hainaut&#160;; cependant, ces derniers recevaient seulement le droit de présentation, l’examen des candidats étant confié sans exception à l’évêque ou à un autre dignitaire diocésain. Ainsi en 1320, le pape ordonna à l’official de Cambrai d’examiner huit personnes, qui lui seraient proposées par le duc de Brabant.</p>
                        <p>Les empereurs ont également délégué leurs pouvoirs à des tiers, plus particulièrement aux comtes du sacré palais de Latran<note type="1"><p>G.R. DOLEZALEK, ‘Hofpfalzgraf’, <hi rend="i">Handwörterbuch zur deutschen Rechtsgeschichte</hi>, II, 1978, col. 212-213&#160;; J. ARNDT, <hi rend="i">Hofpfalzgrafen-Register 1355-1806</hi>, I, Neustadt/Aisch 1964, pp. V-XXIV&#160;; P.L. NÈVE, ‘Les comtes palatins impériaux et apostoliques dans les Pays-Bas&#160;: une exploration provisoire’, dans F. STEVENS et D. VAN DEN AUWEELE (éds.), ‘<hi rend="i">Houd voet bij stuk</hi>’. <hi rend="i">Xenia iuris historiae G. van Dievoet oblata</hi>, Louvain 1990, pp. 387-403.</p></note>. Ces comtes possédaient le droit d’investiture, sous leur propre responsabilité, sans limites territoriales. Charles IV (1346-1378) est le prince qui a particulièrement favorisé ce système au nord des Alpes, ce qui a conduit à une prolifération excessive. Un des comtes du palais les plus actifs au pays de Liège était le chroniqueur Jean d’Outremeuse, nommé vers 1380. En 1480 un autre prêtre liégeois, comte palatin, Robertus Bliden, obtenait le droit de nommer pas moins de cent notaires<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 340-343.</p></note>.</p>
                        <p>Une troisième autorité dans le secteur des nominations de notaires est le préfet de Rome. C. Cheney lui accorde une origine impériale, à cause de la constatation que tous les notaires publics anglais investis par ce préfet, l’étaient également par l’empereur<note type="1"><p>C. CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public in England in the Thirteenth and Fourteenth Centuries</hi>, Oxford 1972, pp. 84-85. Selon A. GIRY, <hi rend="i">Manuel de diplomatique</hi>, Paris 1894, 1925<hi rend="sup">2</hi>, p. 827, n. 2, c’était le pape qui avait concédé cette prérogative à, entre autres, le préfet de Rome, tandis que H. BRESSLAU, <hi rend="i">Handbuch der Urkundenlehre für Deutschland und Italien</hi>, Leipzig-Berlin 1898, 1968<hi rend="sup">4</hi>, I, p. 631, n. 2, ne prend pas position.</p></note>. Pour la Flandre James M. Murray a fait l’intéressante constatation que <pb n="59"/>certains notaires publics, tel Symon Pauli de Courtrai, furent exclusivement nommés par le préfet<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 8, n. 21.</p></note>. Ceci et en plus le fait curieux que des notaires investis par l’empereur mentionnent, en outre, une nomination par le préfet de Rome, mène Murray à la présomption que ce préfet réclamait une autorité indépendante aussi bien du pape que de l’empereur<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 8.</p></note>. Michel Oosterbosch y ajoute une suggestion intéressante<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 337-339.</p></note>. Selon lui tous les cas de nomination par le préfet se situent entre 1288 et 1320&#160;; il n’est donc pas impossible que le préfet ait usurpé le droit de nommer des notaires dans une période où le trône impérial était vacant.</p>
                        <p>Dans les évêchés des anciens Pays-Bas on a nommé entre 1285 et 1342 84 notaires publics pontificaux<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, ‘Apostolica’, pp. 30-31.</p></note>. De ces 84 cas 26 ont été nommés directement à la Curie, 58 (donc les deux tiers) ont été nommés par délégation, en dehors de l’influence curiale. L’argument par excellence pour autoriser la délégation est le manque de rédacteurs de documents compétents dans une région spécifique. Ainsi l’évêque de Cambrai reçoit, en 1309, le droit de créer six notaires, parce que <hi rend="i">in illis partibus</hi> existait un <hi rend="i">defectus</hi> de personnes capables de rédiger des contrats de qualité. La Curie encourageait donc l’implantation locale de notaires. Elle faisait preuve d’une grande confiance, car la délégation, l’examen des candidats inclus, était intégralement confiée à l’évêque ou à un autre dignitaire ecclésiastique local. La délégation des nominations cachait un autre motif des papes de Rome et d’Avignon&#160;: celui de stimuler la modernisation et la rationalisation des chancelleries épiscopales. Les candidats pouvaient se faire remarquer par le biais des suppliques, ou par la fréquentation des évêques.</p>
                        <p>Quant au rapport numérique entre notaires apostoliques et impériaux, on constate que les premiers formaient une minorité dans les Pays-Bas de 1300 à 1450. Après 1450 les nominations doubles gagnaient en importance, bien que la nomination impériale gardait sa prédominance. Au 16<hi rend="sup">e</hi> siècle cependant la balance basculait totalement dans le sens de l’investiture papale. Le prestige des notaires impériaux avait fortement décliné à cause de multiples délégations douteuses, qui avaient conduit à des nominations de moindre qualité<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 360-364.</p></note>.</p>
                        <p>L’intérêt d’une double inscription s’expliquait par plusieurs motifs. La nomination impériale était plus facile à obtenir, mais l’investiture papale avait plus de prestige, et était requis pour pouvoir traiter les dossiers ecclésiastiques<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 364-371.</p></note>. Dans certaines régions d’Europe, notamment en Angleterre, l’autorité de l’empereur dans ce secteur était ouvertement contestée<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 53-55.</p></note>.</p>
                    </div>
                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="60"/>2. Formation culturelle et universitaire</head>
                        <p>On peut présumer qu’au départ, à la fin du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle, la plupart des notaires publics actifs dans les Pays-Bas, aussi bien Italiens que non-Italiens, avaient reçu une formation intellectuelle et technique en Italie. Un cas comme celui de Barthélemy de Heyle, dont on ne sait pas s’il a oui ou non étudié en Italie, est proche de l’exception qui confirme la règle<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 27.</p></note>.</p>
                        <p>L’Italie, patrie traditionnelle du notariat, avait connu, dès 1080, l’essor du droit romain, et ensuite le succès de la première université d’Europe à Bologne, où venaient s’initier des jeunes de partout. Ce renouveau du système juridique romain a provoqué la modernisation des administrations princières et ecclésiastiques, et le besoin de techniciens, notamment des notaires, pour les équiper. L’université de Bologne a produit des manuels et des formulaires de tabellion dès 1214, elle a organisé des cours spécialisés dans ce secteur dès 1250<note type="1"><p>S. FURTENBACH, ‘Ars Notariatus. Ein kurialer Notariatstraktat des 15. Jahrhunderts’, <hi rend="i">Oesterreiches Archiv für Kirchenrecht</hi>, XXX, 1979, pp. 5-11&#160;; G. VAN DIEVOET, <hi rend="i">Les coutumiers, les styles, les formulaires et les</hi> “<hi rend="i">artes notariae</hi>”, Typologie des sources du moyen âge occidental, 48 (A-III.1*), Turnhout 1986, pp. 83-84.</p></note>.</p>
                        <p>Au 14<hi rend="sup">e</hi> siècle un grand nombre de jeunes originaires des Pays-Bas ont parcouru un curriculum aux universités de Bologne ou, plus tard, d’Orléans, spécialisées toutes deux dans les études de droit. Cette formation menait à des carrières attrayantes&#160;: Jean Abeel, <hi rend="i">licentiatus in artibus</hi>, notaire en 1338, a été nommé précepteur de la fille du comte de Flandre, la future comtesse, en 1363<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial instruments</hi>, p. 51.</p></note>. Les comtes de Flandre ont en effet vite compris l’avantage d’associer des techniciens à la gestion de leurs affaires d’état. En 1297 déjà le comte Guy de Flandre avait pris en service Simon Pauli, notaire public, flamand, originaire de Courtrai, mais ayant étudié à Bologne. Un autre notaire, Jacques Rossiaus, travaillait pour le comte après avoir commencé sa carrière à Rome en 1286<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 69-70.</p></note>.</p>
                        <p>Au cours du 14<hi rend="sup">e</hi> siècle les notaires indigènes deviennent plus nombreux, et les voies de formation à la carrière se diversifient. Les études en Italie ne sont plus de rigueur. Le notaire public Johannes Ledersnidere, originaire du village de Waregem, n’a été <hi rend="i">que</hi> chapelain de Saint-Donatien à Bruges, avant de devenir notaire<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 28.</p></note>.</p>
                        <p>Il est évident que les notaires non-universitaires avaient accès à des éléments de formation technique dans la région même. Les manuels italiens connus (notamment la somme de Rolandin) et les livres de l’<hi rend="i">ars notariae</hi>, rédigés peu <pb n="61"/>avant 1292<note type="1"><p>Il s’agit de la <hi rend="i">Summa</hi> de Jean de Bologne, qui date d’avant 1292, peut-être de 1289 (CHENEY, <hi rend="i">Notaries public</hi>, pp. 26-27, 31-32).</p></note>, 1327<note type="1"><p>G. BARRACLOUGH, <hi rend="i">Public Notaries and the Papal Curia. A Calendar and a Study of a Formularium Notariorum Curiae from the Early Years of the Fourteenth Century</hi>, The British School at Rome, London 1934, pp. 1-9, 20-21, 89, 129-130.</p></note>, et vers 1370<note type="1"><p>FURTENBACH, ‘Ars Notariatus’, pp. 308-327.</p></note>, circulaient dans les Pays-Bas dès le 14<hi rend="sup">e</hi>. siècle<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 57-63.</p></note>. D’autres notaires ont reçu une formation à la chancellerie comtale, ou auprès de collègues expérimentés. L’abbaye des Dunes, en Flandre, possédait un manuscrit du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle, copie du <hi rend="i">Flos Testamentorum</hi> de Rolandinus Passagerii<note type="1"><p>Bruges, <hi rend="i">Bibliothèque municipale</hi>, ms. n° 382&#160;; VAN CAENEGEM, <hi rend="i">Le droit romain</hi>, p. 30. Un fragment jusqu’à présent inconnu du même texte a été identifié par Ph. GODDING, ‘La pratique testamentaire en Flandre au 13<hi rend="sup">e</hi> siècle’, <hi rend="i">Revue d’Histoire du Droit</hi>, LVIII, 1990, p. 297 et n. 97 (Bruges, <hi rend="i">Bibliothèque municipale</hi>, ms. n° 418).</p></note>.</p>
                        <p>Si avant 1450 le notariat était encore un milieu totalement clérical, un processus de sécularisation s’est déroulé dans la deuxième moitié du 15<hi rend="sup">e</hi> siècle.</p>
                        <p>Quant au niveau intellectuel des notaires, les humanistes du 16<hi rend="sup">e</hi> siècle ont émis des doutes, en critiquant leur pauvre connaissance du latin et de l’italien, et la maigreur de leur bagage culturel<note type="1"><p>M. OOSTERBOSCH, ‘De Regelgeving op het Notariaat in de Nederlanden tijdens de late Middeleeuwen’, dans P.L. Nève e.a. (éd.), <hi rend="i">Quod Notemus. Zes opstellen over de regelgeving betreffende het notariaat van de middeleeuwen tot vandaag</hi>, Ars Notariatus LXIII, Deventer 1993, pp. 2-5.</p></note>. On prétendait en outre que les notaires indigènes n’atteignaient pas le niveau des notaires italiens. Dans les deux cas il s’agissait sans doute de jalousies et de calomnies. En fait 90 % des documents notariaux flamands et liégeois des 13<hi rend="sup">e</hi> et 14<hi rend="sup">e</hi> siècles sont rédigés dans un latin normal pour l’époque, ce qui ne doit pas étonner de la part d’ecclésiastiques souvent universitaires, formés techniquement en Italie ou par une longue expérience de clerc. Leur bonne réputation avait, sans doute, encouragé les comtes de Flandre vers 1300 à les engager comme collaborateurs, experts en droit romain. Au 15<hi rend="sup">e</hi> siècle plusieurs notaires flamands travaillaient pour des marchands italiens en Flandre, apparemment sans aucun problème<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial instruments</hi>, p. 94.</p></note>.</p>
                        <p>N’oublions pas que même avant l’arrivée, en 1269, des premiers notaires italiens, les Pays-Bas ont connu une phase d’incubation. Les notaires d’officialité, précédant les notaires publics, ont introduits des éléments caractéristiques pour le notariat italien d’avant 1269<note type="1"><p>L’emploi du titre ‘<hi rend="i">tabellio</hi>’ dès 1254 à Cambrai, 1258 à Liège, n’en est qu’un des exemples multiples, cf. OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 90-95, 133-152. Pour Liège, voir PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité’, 297-332&#160;; pour Tournai&#160;: VLEESCHOUWERS-VAN MELKEBEEK, <hi rend="i">De officialiteit</hi>, pp. 27-40.</p></note>. Les collaborateurs des officiaux ont assuré la promotion du droit romain à Liège dès 1250. On peut même remonter encore plus haut&#160;: dès le premier quart du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle des juristes liégeois faisaient usage des renonciations aux exceptions de droit romain<note type="1"><p>J. GILISSEN, ‘L’apparition des renonciations aux exceptions de droit romain dans le droit flamand du XIIIme siècle’, <hi rend="i">Revue Internationale des Droits de l’Antiquité</hi>, 4 (= <hi rend="i">Mélanges Fernand De Visscher</hi> 3), 1950, pp. 513-550&#160;; F. VERCAUTEREN, ‘Note sur l’apparition des renonciations aux exceptions de droit romain dans les principautés belges au XIII<hi rend="sup">e</hi> siècle’, <hi rend="i">Études historiques à la mémoire de Noël Didier</hi>, Paris 1960, pp. 325-340&#160;; VAN CAENEGEM, <hi rend="i">Le droit romain</hi>, pp. 26-27.</p></note>.</p>
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                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="62"/>3. Formalités de l’investiture</head>
                        <p>Ni l’examen qui précédait l’investiture, ni la procédure de sélection de la cour pontificale et impériale, ni même le serment du notaire public, ne garantissaient toujours le niveau technique et intellectuel des notaires.</p>
                        <p>En 1267 déjà, à la cour de l’archevêque de Reims, on cite la baisse de la qualité par l’<hi rend="i">effrenata multitudo notariorum</hi><note type="1"><p>Cité d’après VLEESCHOUWERS-VAN MELKEBEEK, <hi rend="i">De officialiteit van Doornik</hi>, p. 102 n. 266.</p></note>. A Liège, en 1337, l’évêque se propose de limiter, par l’élaboration d’un statut, les abus (<hi rend="i">ad extirpandum abusus et excessus</hi>), mis au jour par <hi rend="i">cerebris subditorum nostrorum querelis et clamoribus</hi><note type="1"><p>S. BORMANS, <hi rend="i">Recueil des ordonnances de la principauté de Liège. Ière série</hi> (<hi rend="i">974-1506</hi>), Bruxelles 1878, pp. 233-238. Voir aussi A. Fl. GEHLEN, “<hi rend="i">De notariis et scribis causarum</hi>”. Een beknopte verhandeling over de oudste statutaire bepalingen aangaande het officialaatsnotariaat in de bisdommen Keulen, Luik en Utrecht (14de-15de eeuw)’, dans <hi rend="i">Eén Kapitein, Twee Schepen. Bundel opstellen aangeboden aan Prof. Mr. E.A.A. Luyten</hi>, Zwolle 1983, pp. 291-305.</p></note>. L’inflation du nombre a en effet amené aux 14<hi rend="sup">e</hi> et 15<hi rend="sup">e</hi> siècles plusieurs plaintes concernant l’incapacité et le mélange d’intérêts, et même à propos de falsifications par des notaires.</p>
                        <p>D’où venaient ces faiblesses dans le système d’investiture&#160;? Il y a eu, sans aucun doute, dans les services des papes et des empereurs des défaillances d’information sur les candidats. Il y a eu l’éparpillement du droit de nomination, qui a provoqué une certaine vénalité de la fonction notariale. Le système de la délégation ouvrait la porte aux candidats malveillants et incapables. Certains fraudeurs se faisaient passer pour des notaires, sans l’être. En Italie existait un frein réel par l’action de collèges locaux de notaires. Dans les Pays-Bas ces corporations faisaient défaut<note type="1"><p>J. M. MURRAY, ‘Failure of corporation&#160;: notaries public in medieval Bruges’, <hi rend="i">Journal of Medieval History</hi>, XII, 1976, pp. 155-166&#160;; MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 104-108.</p></note>. On ne les y a pas créées parce qu’au début le notariat n’était souvent qu’une occupation secondaire pour des ecclésiastiques, dont la fonction essentielle se situait dans les structures épiscopales. Il est d’autant plus remarquable que si peu d’incidents concrets se sont produits dans les Pays-Bas. Les cas connus concernent des affaires de sous&#160;: un notaire refusant d’instrumenter gratuitement à Anvers en 1459 en faveur des Frères Mineurs<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, p. 455.</p></note>&#160;; un autre refusant de rédiger un instrument à Middelbourg en 1470<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, ‘Regelgeving’, p. 3, n. 7.</p></note>.</p>
                        <p>Dans le but de limiter les abus l’évêque de Liège a donc publié en 1337 le statut des notaires, déjà mentionné, qui vise à régler le train de vie, l’exercice du métier, les salaires et le nombre de notaires (50 au maximum pour l’officialité de Liège).</p>
                        <p>Cette réforme visait, au-delà du notariat, la qualité de l’exercice de la juridiction ecclésiastique de l’officialité, en introduisant des règles plus strictes pour <pb n="63"/>l’investiture des notaires. Avant d’être admis comme notaire auprès des cours ecclésiastiques liégeoises, les candidats devaient passer un examen, qui vérifiait leurs aptitudes intellectuelles, leurs qualités de scribe et leurs moeurs. Les notaires en service avant 1337 furent également soumis à ce test dans les dix jours suivant la publication des statuts. Tous devaient prêter un serment supplémentaire, complémentaire à celui qu’ils avaient prononcé lors de leur nomination pontificale ou impériale, promettant de respecter le statut épiscopal. En cas de non respect une amende pécuniaire, l’excommunication et par là même la destitution de la fonction étaient prévues.</p>
                        <p>Comment expliquer l’introduction de ce second test&#160;? En général le clergé local veut ainsi assurer la protection de son droit d’instrumenter. Sans doute s’agit-il d’une démonstration de l’autorité et de l’ambition politique de la part d’un clergé d’Empire, indépendantiste, à Liège. En 1300 l’évêque de Liège n’avait accepté les notaires publics qu’à la condition que le sceau de l’officialité soit appendu au document à droite du monogramme et de la souscription du notaire. Le serment complémentaire apparaît aussi à Utrecht, également évêché d’Empire, en 1353. Le même comportement se manifeste à Tournai&#160;: on peut y supposer évidemment une attitude analogue d’indépendantisme, mais stimulée dans ce cas-ci par les rois de France. N’oublions pas que les évêques des Pays-Bas ont pu avoir un motif de précaution&#160;: le serment local donne confiance au public dans une région où le notariat au 14<hi rend="sup">e</hi> siècle était toujours considéré comme un corps étranger. Dans d’autres régions des mesures analogues étaient prises&#160;: en Angleterre circulaient des listes officielles<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 92-94.</p></note>&#160;; à Cologne (1320), Mainz (1356) et Prague (1343) on organisait pour les candidats notaires des examens de capacité<note type="1"><p>P.-J. SCHULER, <hi rend="i">Geschichte des südwestdeutschen Notariats. Von seinen Anfängen bis zur Reichsnotariatsordnung von 1512</hi>, Veröffentlichung des Alemannischen Instituts Freiburg/Br. 39, Bühl (Baden) 1976, p. 144.</p></note>.</p>
                        <p>Il n’est pas certain que cette réglementation ait eu un vrai succès, car on constate que l’évêque de Liège a dû la répéter en 1343, 1405, 1445 et 1487<note type="1"><p>GEHLEN, ‘“<hi rend="i">De notariis</hi>”’, p. 296.</p></note>. On pourrait considérer la mesure comme une atteinte à la compétence du pape, mais celui-ci n’a pas réagi avant le Concile de Trente. Quant aux doutes sur la qualité de l’investiture impériale, on renvoie au point 8 (dispositions pénales).</p>
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                        <head type="h1">4. Limites de compétence et d’activités</head>
                        <p>En théorie les notaires avaient le droit d’instrumenter universellement, ce qu’ils réalisaient parfois aussi, mais pas toujours, dans la pratique. Il existait dans les anciens Pays-Bas une limitation de fait et surtout une vive compétition de la part d’autres rédacteurs de documents, qui réduisait sensiblement l’espace des activités des notaires<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 385-390.</p></note>.</p>
                        <p><pb n="64"/>D’abord il faut constater que plusieurs notaires se limitent à un territoire réduit de leur propre choix. Devenus sédentaires, ils n’instrumentent que dans une ville et sa région. Le notaire Jean de Diest (1323-43) se limite uniquement à la région de Diest. Laurent de Longchamps (1328-41) uniquement à Namur. L’officialité de Liège a d’ailleurs volontairement ou involontairement encouragé cette production locale, par son habitude d’employer des notaires sur place, chaque fois que la confection de chartes s’imposait en dehors de Liège, au lieu d’y envoyer un notaire rattaché à la curia de l’officialité<note type="1"><p>PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité’, p. 310&#160;; OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 175-176.</p></note>. L’argument d’un contrôle social efficace a sans doute joué&#160;: le notaire local pouvait mieux juger de la portée réelle des transactions juridiques. Une variante sur le thème des limitations est celle de la spécialisation, par laquelle certains notaires publics sont virtuellement attaché à un chapitre ou à une abbaye pour rédiger systématiquement les actes de l’institution<note type="1"><p>C’est le cas de Robert de Lens, notaire exclusif pour l’abbaye St. Jacques à Liège entre 1313 et 1336 (PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité’, p. 329).</p></note>.</p>
                        <p>Mais en général dans les Pays-Bas de la fin du moyen âge les notaires étaient en compétition avec beaucoup d’autres instances sur le marché libre de la confection de documents de juridiction gracieuse. Le public était en effet pratiquement libre aux 14<hi rend="sup">e</hi> et 15<hi rend="sup">e</hi> siècles de s’adresser à la compétence de son choix. Au début, autour de 1300, le concurrent par excellence des notaires était le clerc d’officialité. Mais après la compétition essentielle et continuelle dans cette région fortement urbanisée qu’étaient les Pays-Bas se jouait évidemment avec les échevins urbains.</p>
                        <p>A Bruges le marché libre jouait pleinement. Dans cette ville cosmopolite, hébergeant un grand nombre de marchands étrangers, notamment italiens (familiers du système notarial), les notaires (en partie d’origine italienne) avaient plus de succès que dans les centres moins ouverts sur le monde extérieur<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial instruments</hi>, pp. 24, 31, 82-101.</p></note>.</p>
                        <p>Anvers est un cas intéressant. Avant 1480 peu de notaires y furent actifs<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 408-415.</p></note>. Après cette date la ville, par son commerce international, commençait à ressembler au Bruges médiéval, et devenait donc un lieu potentiellement propice au notariat. Immédiatement les échevins, qui y avaient exercé jusque-là un quasi monopole pour les actes de juridiction gracieuse, se défendent farouchement. Ils essaient de limiter les dégâts en imposant dès 1515 l’introduction par le magistrat d’Anvers d’un droit d’admission pour les notaires<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 478-481. Voir aussi&#160;: M. OOSTERBOSCH, ‘Justitieraad, magistraat en notariaat in Antwerpen tijdens de XVIde eeuw’, <hi rend="i">Anciens Pays et Assemblées d’États. Bulletin d’information</hi>, 4 (septembre 1994), pp. 6-25&#160;; M. OOSTERBOSCH, ‘Van ‘groote abuysen ende ongeregeltheden’. Overheidsbemoeiingen met het Antwerpse notariaat tijdens de XVIde eeuw’, <hi rend="i">Revue d’histoire du droit</hi>, LXIII (1995), pp. 83-102.</p></note>. Les Anversois avaient sans doute connaissance d’un modèle existant à Neurenberg, où les échevins avaient publié une ordonnance en 1476, stipulant que seuls les notaires autorisés par la <pb n="65"/>ville pouvaient instrumenter à Neurenberg. L’argumentation des Anversois en 1515, pour réduire la compétence et la liberté des notaires, repose explicitement sur le besoin de protéger des formes d’instrumentation locales, le respect de la juridiction et de l’autonomie de la ville et la garantie de la sécurité juridique des bourgeois. Ils pensaient, sans doute, implicitement encore plus aux profits que procure la confection de documents. La compétence des notaires fut d’ailleurs formellement limitée en 1515 en réservant aux échevins le soin de rédiger tout contrat sur l’achat de rentes et de biens, sur des loyers et concernant des quittances. Ce protectionnisme date déjà de 1491, quand la ville d’Anvers avait limité la compétence d’instrumenter de l’évêque et de l’official de Cambrai à Anvers aux testaments, aux affaires de mariage et aux biens ecclésiastiques. En 1515 ce sont exactement ces trois secteurs que la ville cède aux notaires. Le marché libre était devenu bel et bien un marché réglementé à Anvers.</p>
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                        <head type="h1">5. Corporations. Statuts. Privilèges</head>
                        <p>Les Pays-Bas n’ont pas ou peu connu de corporations de notaires comme il en existait dans les grandes villes d’Italie depuis le 12<hi rend="sup">e</hi> siècle, où ces collèges exerçaient un contrôle social, déontologique et professionnel, et se chargeaient même de la continuité de conservation des protocoles après décès du notaire<note type="1"><p>MURRAY, ‘Failure’, pp. 155-166.</p></note>.</p>
                        <p>Cette absence de structures dans les Pays-Bas peut être partiellement expliquée par le caractère marginal du notariat à côté d’institutions concurrentielles bien développées comme les échevinats des villes. Le notariat n’est pas né dans ces régions par une ordonnance princière ou une mesure législative. Il s’agit plutôt d’une génération spontanée, jaillie des nécessités sociales. L’absence de document législatif global peut aussi s’expliquer par la circonstance que la fonction de notaire public est née en grande partie dans le contexte ecclésiastique des officialités, donc régie par le droit canonique concernant le personnel épiscopal, et donc immune à tout contrôle par les autorités civiles. Ce n’est qu’en 1531 que l’empereur Charles-Quint publiait une ordonnance sur le notariat public, qui prévoyait la reconnaissance d’aptitude des candidats par le Conseil Privé, le Grand Conseil de Malines ou un Conseil de Justice<note type="1"><p>Édition dans&#160;: J. LAMEERE, <hi rend="i">Recueil des ordonnances des Pays-Bas. Deuxième série. 1506-1700</hi>, III, Bruxelles 1902, pp. 265-273, notamment p. 266, art. 4.</p></note>.</p>
                        <p>N’y avait-il donc pas de contrôle social et professionnel dans les régions des Pays-Bas avant 1531&#160;? Les notaires publics travaillant pour les évêques tombent évidemment sous le coup des statuts d’officialités, dont le plus ancien est celui de Liège de 1337, suivi d’un texte de 1343, et d’un statut à Utrecht de 1466<note type="1"><p>GEHLEN, ‘“<hi rend="i">De notariis</hi>”’, pp. 291-305.</p></note>.</p>
                        <p>Il ne faut surtout pas oublier que l’activité de <hi rend="i">tous</hi> les notaires pontificaux a toujours été régie par l’ensemble de la législation pontificale, notamment par la <pb n="66"/>collection des Décrétales de Grégoire IX de 1234<note type="1"><p>S. FURTENBACH, ‘Das öffentliche Notariat in der Kanonistik des dreizehnten Jahrhunderts’, dans P.-J. SCHULER (éd), <hi rend="i">Tradition und Gegenwart. Festschrift zum 175 jährigen Bestehen eines badischen Notarstandes</hi>, Karlsruhe 1981, pp. 73-84.</p></note>. Un autre texte important est l’<hi rend="i">Ars Notariatus</hi>, rédigé peu après 1370 à la Cour d’Avignon, et dont des copies circulaient dans les Pays-Bas<note type="1"><p>FURTENBACH, ‘Ars Notariatus’, pp. 5-11&#160;; OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 57-63.</p></note>. Il y a, en outre, le poids du serment que les notaires juraient devant le pape et l’empereur, et l’influence des statuts synodaux<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, ‘De Regelgeving’, pp. 4-6.</p></note>.</p>
                        <p>Les règles du jeu sont également explicites dans des formulaires, comme celui de Léau (Zoutleeuw)<note type="1"><p>Bruxelles, Archives générales du Royaume, <hi rend="i">Archives ecclésiastiques du Brabant</hi>, n° 1013&#160;; éd. par&#160;: W. M. GRAUWEN, ‘Richtlijnen voor jonge notarissen uit de vijftiende eeuw’, <hi rend="i">Archives et bibliothèques de Belgique</hi>, XLIX, 1969, pp. 48-56.</p></note>, du 15<hi rend="sup">e</hi> siècle, donnant des indications sur les <hi rend="i">sollemnitates</hi>, sur le choix des témoins, sur les droits et les obligations des notaires. La validité d’un instrument notarial (la <hi rend="i">fides publica</hi>) dépendait en effet de la présence du notaire pendant l’action juridique, du respect des <hi rend="i">solemnitates</hi>, de l’authenticité de la nomination du notaire<note type="1"><p>M. OOSTERBOSCH, ‘De fide instrumentorum. De notariële oorkonde en haar bewijskracht in de Middeleeuwen’, dans P.L. NÈVE (éd.), <hi rend="i">Instrumentum quantum pactum. Zes opstellen over de kracht van de notariële akte vanaf de tijd van keizer Justinianus tot aan het huidige recht</hi>, Ars Notariatus, LI, Deventer 1991, pp. 13-38.</p></note>. Mais même dans le cas où l’autorité du notaire est contestée, l’acte ne devient pas pour autant invalide&#160;: refusé comme <hi rend="i">instrumentum publicum</hi> il peut parfois être considéré comme acte privé valable.</p>
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                        <head type="h1">6. Condition sociale et culturelle</head>
                        <div>
                            <head type="h2">6.1. Carrière à succès ou profession modeste&#160;?</head>
                            <p>Sauf exceptions la profession de notaire au 15<hi rend="sup">e</hi> siècle rapportait un revenu modeste. Il n’était ni sur, ni substantiel, comme le prouve le fait qu’au début (1269-1320) la plupart des notaires publics aux Pays-Bas exerçaient ce métier comme profession occasionnelle ou secondaire. Les prix payés pour la confection d’actes par les notaires publics ne différaient guère de ceux demandés par de simples notaires d’officialité<note type="1"><p>PIEYNS-RIGO, ‘Notaires d’Officialité’, pp. 314-315.</p></note>. On peut donc estimer que dans les meilleurs cas les notaires publics avaient un revenu de fonctionnaire épiscopal. Un acte notarial coûte alors 8 s. gr., ce qui équivaut à 24 journées de salaire d’un maître-maçon. A cette époque à Liège les deux types de notaires possédaient les mêmes maisons moyennes en ville, acquises par le produit cumulé du travail et de l’héritage. Quand, en 1525, on a une meilleure idée du revenu annuel d’un notaire à Anvers, les gains publiquement connus ne dépassent pas les 15 lb., le double <pb n="67"/>d’un salaire d’aide-maçon, mais il faut tenir compte d’autres types de revenus, et du fait qu’on ne connaît qu’une partie de la production d’actes<note type="1"><p>Anvers, Archives de l’état, <hi rend="i">Notariat</hi>, n° 522&#160;: registre des protocoles de Jacques de Platea (décembre 1524 – décembre 1526), contenant environ 125 actes par an. Un autre notaire anversois, Henri de Haesdonck, gagne comme procureur dans un procès 1 livre 8 sous, ce qui revient à 10% du revenu annuel mentionné (Anvers, Archives de la Cathédrale, <hi rend="i">Comptes de la fabrique</hi>, D, fol. 95<hi rend="sup">r</hi>).</p></note>.</p>
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                            <head type="h2">6.2. Profession libérale ou fonctionnariat&#160;?</head>
                            <p>Les notaires d’officialité du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle étaient évidemment des fonctionnaires, appartenant à l’administration épiscopale. Les notaires publics arrivant d’Italie aux Pays-Bas avaient par contre un statut d’indépendants.</p>
                            <p>Au début, fin 13<hi rend="sup">e</hi> et début 14<hi rend="sup">e</hi> siècle, les notaires publics indigènes ont cependant préféré les avantages d’une combinaison des deux structures, celui de notaire d’officialité, et celui de profession libérale. Barthélemy de Heyle, après des études en Italie, devient notaire public auprès de l’évêque de Tournai, travaille ensuite pour le comte de Flandre, retourne chez l’évêque, en se réservant le droit de travailler pour d’autres maîtres<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 26-27, 34.</p></note>. D’autres, comme Jean de Relenghes (Relinghe), travaillent pendant un temps comme notaire “libre”, mais terminent comme employé formel d’un évêque<note type="1"><p>De Relenghes est investi par le pape en 1303, par l’empereur après 1307, travaille à Tournai pour le comte de Flandre et la ville d’Ypres, appartient formellement à la chancellerie de l’évêque de Tournai de 1311 à 1327 (MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 35).</p></note>. Nicolas Sartiaus de son côté commence comme notaire de l’officialité de Tournai en 1277&#160;; 46 ans plus tard, en 1323, il est notaire public, <hi rend="i">mais</hi> toujours employé de la cour épiscopale<note type="1"><p>VLEESCHOUWERS-VAN MELKEBEEK, <hi rend="i">De officialiteit</hi>, p. 108&#160;; MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 35.</p></note>.</p>
                            <p>Le succès relatif des notaires publics, aussi bien auprès des évêques de Tournai qu’auprès des comtes de Flandre autour de 1300, peut s’expliquer de triple façon. D’abord à cette époque ces princes ont l’ambition de moderniser leur administration, notamment comme structure judiciaire et financière. Les connaissances en droit romain et en droit canonique des notaires étaient particulièrement utiles et appréciées. Ces capacités permettaient en effet de les engager en plus comme diplomates et négociateurs.</p>
                            <p>Les évènements précis de la dernière décennie du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle ont particulièrement influencé le changement d’attitude des princes laïcs et ecclésiastiques dans l’emploi des notaires. En 1292 l’évêque de Tournai commande la confection d’un acte auprès de deux notaires, comme si c’étaient de simples scribes. Son successeur, Jean de Vassoigne, change complètement de tactique. Comme universitaire, ancien collaborateur du roi de France, représentant royal auprès de la cour pontificale à Rome, il savait apprécier les services d’intellectuels. Non seulement il invitait en 1294 un notaire public italien, François d’Arezzo, à travailler régulièrement à sa cour, il le prenait surtout comme homme de confiance et technicien <pb n="68"/>pour l’accompagner dans ses multiples déplacements<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 25-26.</p></note>. Les comtes de Flandre ont engagé des notaires publics, au même moment où ils commençaient à employer des légistes, notamment à cause de leur utilité dans les conflits politiques et juridiques qui les opposaient au roi de France autour de 1300, ensuite comme diplomates dans les négociations de paix et les discussions sur des accords financiers entre la Flandre et la France<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 68-72.</p></note>. Les carrières de notaires à temps plein débutent auprès du comte de Flandre vers 1320, auprès de l’évêque de Tournai vers 1360.</p>
                            <p>Quant aux grandes villes de Flandre, en 1290 déjà la ville de Bruges se payait le luxe d’embaucher un notaire public, bien que temporairement et limité à une tâche ponctuelle. Ce n’est qu’à partir de 1312 que ce marché était suffisamment développé pour qu’un notaire puisse s’installer à Bruges avec un succès relatif. Malgré l’essor d’une nouvelle demande l’essentiel des revenus d’un notaire continue à découler d’activités pour des institutions ecclésiastiques et pour la cour comtale. A Gand et à Ypres, villes plus industrielles que Bruges-la-marchande, les perspectives étaient encore plus limitées. Les petites villes commerçantes ou portuaires, telle Damme, les devancent même avec la présence sporadique d’un notaire dès 1304<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 29.</p></note>.</p>
                            <p>Les notaires ont élargi leur clientèle au cours du 14<hi rend="sup">e</hi> siècle vers d’autres milieux, notamment les chapitres et les abbayes, auxquels ils ont surtout prêté main forte pour des affaires financières et juridiques. Il le fallait bien, car dans les villes les notaires se heurtaient à la concurrence des échevins locaux. Leurs points forts étaient le secteur des traductions, les contacts avec les cours de justice ecclésiastiques et les missions diplomatiques. Quant au milieu marchand, ce sont surtout les commerçants italiens, habitués au notariat, qui faisaient appel à eux. Les marchands flamands ne suivaient que lentement<note type="1"><p>Pour les chapitres et les abbayes voir&#160;: MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 33-64&#160;; pour les villes&#160;: pp. 82-100.</p></note>.</p>
                            <p>On est mal renseigné sur le nombre de notaires actifs dans une seule ville. A Anvers on dénombre 195 noms de notaires entre 1314 et 1531<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, pp. 408-415.</p></note>. Leur nombre augmente avec le succès économique de la ville. De 1350 à 1400 il y en avait en moyenne six simultanément. Entre 1430 et 1480 le chiffre augmente jusqu’à dix. Entre 1500 et 1531, à l’apogée, on y compte 15 à 25 notaires publics. Les chiffres sont sans doute un peu plus élevés dans les villes épiscopales, telles Liège et Tournai, et dans les villes d’officialité, comme Bruxelles. Il est clair que le facteur démographique n’est pas décisif, mais plutôt la fonction spécifique d’une ville.</p>
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                        <head type="h1"><pb n="69"/>7. Fonctionnement. Formulaires. Registres</head>
                        <p>L’absence de corporations de notaires dans les Pays-Bas explique la faiblesse de conservation de la mémoire notariale. Tandis qu’en Italie existent dès le 12<hi rend="sup">e</hi> siècle de protocoles de notaire, et que la corporation (ou la ville) reprend et conserve les minutes des notaires décédés, les notaires des 14<hi rend="sup">e</hi> et 15<hi rend="sup">e</hi> siècles en Flandre ne semblent pas avoir déposé et protégé leurs registres. Parfois les notaires ont été obligés de recourir à des reconstructions compliquées<note type="1"><p>En 1475 le notaire public Olivier de Paeu est envoyé par l’official de Tournai pour aller copier un document de 1434 contenu dans le <hi rend="i">prothocollum</hi>, ou registre de feu Nicolas de Smed, notaire public, conservé dans l’église Saint-Sauveur à Bruges. En fait ce registre contient des documents destinés à l’église, et quelques instruments notariaux, qui ne sont pas de copies conformes. L’acte de 1434 recherché par le notaire de Paeu n’est donné dans le registre que sous forme de résumé de l’acte juridique. De Paeu a donc été obligé de reconstruire l’acte de 1434 sur base de notes. Le registre de de Smed se rapproche donc des <hi rend="i">libri notarum</hi> plutôt que des <hi rend="i">libri extensarum</hi> existants en France (MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, pp. 105-106).</p></note>.</p>
                        <p>Il est cependant probable que les notaires tenaient des ‘registres’ de notices brèves (<hi rend="i">notae</hi>), permettant des réexpéditions ultérieures. Ainsi un collègue-notaire était en mesure de procurer une expédition d’un instrument après le décès du notaire qui l’avait rédigé.</p>
                        <p>Certains de ces registres, tels ceux de Nicholas van Tefelen et Adrien de Blict, ont une forme mixte de <hi rend="i">libri notarum</hi> et <hi rend="i">libri extensarum</hi>, contenant parfois des notes et des brouillons, parfois le texte intégral d’un instrument. Dans ce dernier cas il est difficile de distinguer s’il s’agit d’un brouillon ou d’un enregistrement formel.</p>
                        <p>Dans les Pays-Bas du moyen âge la <hi rend="i">grossa</hi> sur parchemin, rendue aux parties, a souvent été considérée comme le document ayant force probante, plus que la minute conservée auprès du notaire. Au 16<hi rend="sup">e</hi> siècle la grosse, sur papier, devient moins importante.</p>
                        <p>On peut également considérer comme preuve de l’absence du système italien comme tel en Flandre, le fait que le mot <hi rend="i">prothocollum</hi> y ait des connotations différentes de celles en Italie. Ce mot indique en Flandre d’une part la notice brève concernant l’action juridique, produite par le notaire au cours de cette action, comme simple aide-mémoire. D’autre part il peut indiquer un formulaire, c’est-à-dire une collection de modèles.</p>
                        <p>Nous ne connaissons que quelques exemplaires de formulaires qui pourraient avoir été à l’usage de notaires publics aux Pays-Bas à la fin du moyen âge. Le premier, rédigé au 14<hi rend="sup">e</hi> siècle par un notaire d’Utrecht, Hubert van Budel, est plutôt un aide-mémoire qu’une collection de modèles<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, <hi rend="i">Het openbare notariaat</hi>, p. 60, n. 232 et 233.</p></note>. Ce dernier type est <pb n="70"/>présent par le <hi rend="i">Prothocole in Vlaemsche</hi> du juriste flamand Jan van den Berghe<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 105&#160;; sur ce manuscrit et sur son auteur&#160;: E. I. Strubbe, ‘Jean van den Berghe, écrivain et juriste flamand (13…-1439)’, <hi rend="i">Handelingen van de Koninklijke Commissie voor de uitgave van de Oude Wetten en Verordeningen van België</hi>, XII, 1926, pp. 174-201.</p></note>, et par un formulaire de Léau<note type="1"><p>OOSTERBOSCH, ‘De Regelgeving’, p. 6.</p></note> au pays de Liège, tous deux du 15<hi rend="sup">e</hi> siècle.</p>
                        <p>Le genre de l’<hi rend="i">Ars notariatus</hi> était également connu aux Pays-Bas. Un traité rédigé à la cour pontificale d’Avignon entre 1370 et 1400 fut imprimé à Anvers à trois reprises avant 1500<note type="1"><p><hi rend="i">Gesamtkatalog der Wiegendrücke</hi>, II, Leipzig 1926, n<hi rend="sup">os</hi> 2656-2658.</p></note>. A l’évêché de Liège on a conservé un livre de statuts de 1337, qui n’est pas un véritable manuel, mais qui procure des conseils pour rédiger des contrats<note type="1"><p>GEHLEN, ‘“<hi rend="i">De notariis</hi>”’, pp. 291-305.</p></note>.</p>
                        <p>A Liège la confection d’un acte notarié, testament ou autre, nécessitait, pour être juridiquement valide, la présence d’un notaire, des agents (une ou plusieurs parties) de l’<hi rend="i">actio juridica</hi> et de deux témoins au moins. La présence d’un deuxième notaire était facultatif.</p>
                        <p>Quant à la langue, au début le latin a le monopole. Dès 1345 on voit apparaître le néerlandais. A la fin du 15<hi rend="sup">e</hi> siècle la moitié des actes est en néerlandais en Flandre. Le latin résiste dans les milieux ecclésiastiques.</p>
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                        <head type="h1">8. Dispositions pénales</head>
                        <p>L’existence d’abus est attestée par la publication de statuts par l’évêque de Liège en 1337 concernant les notaires de son officialité, mais visant également les notaires publics. Est-ce le signe du succès aléatoire de cette mesure qu’elle a dû être répétée en 1343, 1405, 1445 et 1487<note type="1"><p>GEHLEN, ‘“<hi rend="i">De notariis</hi>”’, pp. 291-305.</p></note>&#160;? On a plutôt l’impression que le contrôle social sur les notaires était assez rigoureux. En 1318 un notaire, qui avait proféré des calomnies contre les chapelains du chapitre Saint-Donatien de Bruges, a été frappé d’une amende de pèlerinage et condamné à l’assistance en manteau noir à toutes les messes d’une journée<note type="1"><p>MURRAY, <hi rend="i">Notarial Instruments</hi>, p. 50.</p></note>. En 1415, les doyen et chapitre de Sainte-Gudule, à Bruxelles, condamnèrent très sévèrement un de leurs confrères, le prêtre et petit chanoine Jean Lievens, notaire public, qui avait aidé à contrefaire le seing manuel du secrétaire de la ville. Lievens serait exposé, durant trois dimanches consécutifs, au pied de la tour de l’église, avec une inscription sur la tête, rappelant en grandes lettres son forfait&#160;; ensuite, il serait enfermé pendant deux ans, après quoi il serait banni du territoire diocésain et du duché de Brabant<note type="1"><p>Pl. LEFÈVRE, ‘A propos d’une falsification de signature au XV<hi rend="sup">e</hi> siècle’, <hi rend="i">Archives, Bibliothèques et Musées de Belgique</hi>, VII, 1930, pp. 124-126.</p></note>.</p>
                        <p><pb n="71"/>Si les abus dépassent les bornes, on retire l’investiture. Les empereurs ont dû introduire un contrôle de la validité de l’investiture. En 1454 Frédéric III a donné mission à son secrétaire, le comte palatin Jean Trogsesse, d’enregistrer et de contrôler tous les notaires impériaux et d’écarter les incapables et les faussaires, notamment ceux qui avaient été investi par des délégués (des vice-comtes palatins) qui n’en avaient jamais reçu légalement l’autorité. On connaît mal son périple en Allemagne, sauf qu’il a pu éliminer un certain nombre de notaires non autorisés à Hildesheim<note type="1"><p>C. MECKSEPER (éd.), <hi rend="i">Stadt im Wandel. Kunst und Kultur des Bürgertums in Norddeutschland. Ausstellungskatalog</hi>, II, Stuttgart – Bad Cannstatt 1985, p. 1023, n° 887.</p></note>. On connaît mieux l’enquête de Trogsesse dans l’évêché d’Utrecht en 1455. Il y a examiné quinze notaires impériaux, dont treize avaient été nommés par un de ces comtes palatins non autorisés, Jean d’Arkingen. Trogsesse a finalement confirmé les quinze notaires dans leur fonction, mais après qu’ils aient reconnu l’autorité du délégué impérial en mettant leur seing notarial sur le procès-verbal de l’enquête<note type="1"><p>E. PONCELET, ‘Les notaires publics et les comtes palatins. Enquête de l’an 1455’, <hi rend="i">Bulletin de la Commission royale d’Histoire</hi>, CV, 1940, pp. 1-33&#160;; OOSTERBOSCH, ‘De Regelgeving’, pp. 8-11.</p></note>.</p>
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                        <head type="h1">Conclusion</head>
                        <p>Le notariat dans les anciens Pays-Bas est caractérisé par son importation (d’Italie) assez tardive (en 1269), à cause de l’existence de systèmes concurrentiels sur place. Son arrivée coïncide avec la résidence permanente à Bruges de marchands italiens. Il allait de pair avec l’introduction d’Italie d’innovations techniques dans le domaine des finances.</p>
                        <p>Il faut cependant tenir compte d’une préhistoire, sous forme d’un intérêt grandissant pour le droit romain, dès le milieu du 13<hi rend="sup">e</hi> siècle dans le milieu des officialités.</p>
                        <p>Les notaires publics n’ont jamais monopolisé le terrain dans les anciens Pays-Bas. Ils ont du être actifs sur un marché libre de la confection d’actes, en compétition difficile avec les échevins urbains. Leur succès n’a été convaincant que dans les villes à vocation cosmopolite, Bruges de la fin du 13<hi rend="sup">e</hi> jusqu’à la fin du 15<hi rend="sup">e</hi> siècle, Anvers au 16<hi rend="sup">e</hi> siècle. Un certain protectionnisme de la part des échevins y a changé le marché libre de la production d’instruments en un marché assez réglementé.</p>
                    </div>
                </body>
            </text>
            <text xml:id="art_04">
                <front>
                    <head><pb n="73"/>Les notaires publics en Pologne au Moyen Âge</head>
                    <byline><docAuthor>Krzysztof Skupienski</docAuthor>, Universidad M. Curie-Sklodowska de Lublin</byline>
                </front>
                <body>
                    <p><pb n="75"/>Les premières recherches sur l’histoire du notariat public polonais datent du début du XIX<hi rend="sup">e</hi> s.<note type="1"><p>J.W. BANDTKIE, “Rzecz historyczna o notaryacie, czyli pisarstwie aktowem kraiowem, tak dawnieyszem, iako i nowszem”, [Sur l’histoire du notariat ou la rédaction des actes aussi bien anciens que plus modernes] <hi rend="i">Pamiętnik Warszawski</hi> 3 (1815), 327-347, 413-444&#160;; J.G.TH. BÜSCHING, <hi rend="i">De signis seu signetis notariorum veterum in silesiacis tabulis</hi>, Vratislaviae 1820. Plus tard c’étaient les notaires eux-mêmes qui en amateur s’intéressaient à leur institution. Il convient de mentionner à ce propos A. NIEMIROWSKI, <hi rend="i">Bibliografia powszechna notariatu</hi> (Bibliographie générale du notariat), Warszawa 1884.</p></note>. Mais il fallait attendre encore longtemps pour qu’elles acquièrent une rigueur scientifique. Dans la période d’entre-deux-guerres paraissent les travaux de Sylwiusz Mikucki<note type="1"><p>S. MIKUCKI, “Początki notariatu publicznego w Polsce”, <hi rend="i">Przegląd Historyczny</hi> 34 (1937/38), 10-26&#160;; version française&#160;: S. MIKUCKI, “Remarques sur les origines du notariat public en Pologne”, <hi rend="i">Revue Historique de Droit Français et Étranger</hi>, Ser. 4, XVI (1937)&#160;; S. MIKUCKI, “Mianowanie notariuszy publicznych imperiali auctoritate w diecezjach krakowskiej i lwowskiej w wieku XV”, <hi rend="i">Studia historyczne ku czci St. Kutrzeby</hi>, I, Kraków 1938&#160;; résumé français&#160;: S. MIKUCKI, “La création des notaires publics impériaux dans les diocèses de Cracovie et de Lvov aux XIV<hi rend="sup">e</hi> et XV<hi rend="sup">e</hi> s.”, <hi rend="i">Bulletin Int. de l’Académie Polonais des Sciences et des Lettres</hi>, 1938, Classe d’hist. et phil.</p></note>. Dans ces dernières années on peut noter un certain progrès dans ce domaine grâce à Antoni Gąsiorowski<note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, <hi rend="i">Notariusze publiczni w Wielkopolsce schyłku wieków średnich. Katalog admisji w Gnieźnie i w Poznaniu 1420-1500</hi> [Les notaires publics dans la Grande Pologne au déclin du Moyen Âge. Catalogue des admissions à Gniezno et Poznań 1420-1500], Poznań 1993, voir aussi les articles que je cite plus loin.</p></note> et Maria Koczerska<note type="1"><p>M. KOCZERSKA, “De manu, signo et nomine, czyli o krakowskich notariuszach publicznych w późnym średniowieczu” [De manu, signo et nomine&#160;; des notaires publics cracoviens au bas Moyen Âge], <hi rend="i">Kultura średniowieczna i staropolska. Studia ofiarowane A. Gieysztorowi</hi>, Warszawa 1991, 191-206.</p></note>. A côté des historiens proprement dits, on remarque aussi des historiens de droit<note type="1"><p>Nous renvoyons les lecteurs qui ne lisent pas le polonais à l’ouvrage de C. BUKOWSKA GORGONI, “Le notariat et la pénétration du droit romain en Pologne”, <hi rend="i">Conférence des droits savants et des pratiques juridiques. Actes du colloque de Montpellier</hi>, Milan 1979, 245-262.</p></note>.</p>
                    <p>On peut observer les influences de <hi rend="i">artis notariae</hi> sur la forme des documents locaux encore avant que le premier notaire public ne soit apparu sur le territoire polonais. Ainsi, certains traits du formulaire de documents polonais des XII<hi rend="sup">e</hi> et XIII<hi rend="sup">e</hi> siècles (p.ex. l’emplacement de la datation au début du document) peuvent s’expliquer par l’influence du formulaire de l’instrument public. Cependant, il s’agit là plutôt de l’influence du formulaire de la notification. On peut considérer que l’apparition <hi rend="i">instrumentum publicum</hi> dans les documents polonais à partir de 1227 constitue une preuve plus certaine de la connaissance de la <pb n="76"/>théorie du notariat public. Le premier notaire public qui sans aucun doute a exercé son office sur le territoire polonais auprès du légat apostolique en 1267, était d’origine italienne<note type="1"><p>La copie de son <hi rend="i">signum</hi> réalisée au XVII<hi rend="sup">e</hi> s. [dans&#160;:] J. MITKOWSKI, <hi rend="i">Początki klasztoru cystersów w Sulejowie</hi> [Les origines du monastère des Cisterciens à Sulejów], Poznań 1949, 328-33, 372.</p></note>. Comme on sait, environ dans les années 1275-1325, en vertu des règlements du droit canonique commun, l’institution du notariat public a franchi la frontière des Alpes et s’est étendue jusqu’aux côtes de la Mer du Nord et de la Baltique. Des notaires publics apparaissaient alors progressivement en Allemagne, en Angleterre, en Bohême, en Hongrie, dans les pays scandinaves et sur les terres de l’Ordre Teutonique<note type="1"><p>Sur les origines du notariat sur le fond européen, voir K. SKUPIEŃSKI, “Miejsce notariatu publicznego wśród środków realizacji programu politycznego arcybiskupa Jakuba Świnki”, <hi rend="i">Kwartalnik Historyczny</hi> 96 (1989), 63-84. [Le notariat public et le programme politique d’archevêque de Gniezno Jakub Świnka (1283-1314)]. Les questions abordées dans cet article seront documentées amplement dans mon livre sur le notariat public polonais au Moyen Âge, qui va bientôt paraître.</p></note>. Dans cette vague il y en a qui sont venus jusqu’en Pologne. En 1284, l’archevêque de Gniezno, Jakub Świnka a obtenu la bulle du pape l’autorisant à nommer deux notaires publics<note type="1"><p><hi rend="i">Bullarium Poloniae</hi>, ed. I.S. KURAŚ, I, Romae 1982, nr 844.</p></note>. Le premier notaire public polonais — Budzisław — a commencé son activité en 1287, donc plus tôt que ses collègues dans les terres qui voisinaient directement avec la Pologne. En 1298, il y a aussi un notaire silésien à Wrocław dont l’évêque était le suffragant de Gniezno<note type="1"><p>Sur le notariat en Silésie, voir J. NUHLIČEK, <hi rend="i">Veřejni notáñ v českých mestech</hi>, Praha 1940 (od 1327 r.)&#160;; F. LUSCHEK, <hi rend="i">Notariatsurkunde und Notariat in Schlesien von den Anfängen</hi> (<hi rend="i">1282</hi>) <hi rend="i">bis cum Ende de 16 Jhr</hi>, Weimar 1940 (Pour Luschek le début du notariat en Silésie date de l’apparition d’un notaire italien)&#160;; K. SKUPIEŃSKI, op. cit., 73-77, qui complète les conclusions de Luschek avec des sources polonaises.</p></note>. On peut supposer que la présence des notaires publics <hi rend="i">in curia archiepiscopi</hi> ait contribué à la réalisation des projets politiques du groupe qui, en 1295, a réussi à la restitution du Royaume de Pologne. Ce groupe savait bien manier cette arme, si populaire en Europe, qui étaient les procès canoniques devant le tribunal. En 1309, Bogusław de Sandomierz, un autre notaire de l’archevêque de Świnka, rédigeait des actes de procès contre l’évêque de Cracovie, Jan Muskat, malveillant envers le prince Ladislas Łokietek qui unifiait les terres polonaises. En 1321, Bogusław aidait un autre notaire<note type="1"><p>Ce collègue c’était Mikołaj <hi rend="i">de Strigonio</hi>, que P.J. SCHULER, <hi rend="i">Geschichte des südwestdeutschen Notariats</hi>, Bühl/Baden 1976, 54, a classifié, on ne sait pour quelle raison, comme notaire allemand, de même que les notaires opérant à Cracovie (ibidem, 55).</p></note> pendant le procès polono-teutonique qui se déroulait en 1321 devant le tribunal du pape à Inowrocław.</p>
                    <p>A la fin du règne du roi Casimir le Grand (1333-1370) le nombre de notaire publics en Pologne a atteint 60. Les documents qui naissaient alors étaient destinés plutôt à l’usage externe et moins à l’intérieur du pays. C’étaient les <hi rend="i">iuris periti</hi> qui obtenaient assez souvent le titre de notaire public, lequel constituait pour eux le complément de leurs qualifications. Ils travaillaient dans les chancelleries d’évêque ou bien ils faisaient la collecte pour le pape&#160;; ils devenaient aussi <pb n="77"/>diplomates royaux et plénipotentiaires des évêques dans la Curie d’Avignon<note type="1"><p>Comme exemple modèle d’une telle carrière on peut rapporter la vie de Bertold de Racibórz, qui débutait comme notaire en 1308 à Wrocław&#160;; il est allé en 1319, en tant que plénipotentiaire des princes de Silésie à Avignon, en 1325 il a été plénipotentiaire de l’évêque de Cracovie dans le procès contre l’archevêque d’Estergom, et en 1339 il a représenté le roi et l’épiscopat de Pologne dans le procès contre les Chevaliers Teutoniques à Varsovie. Un autre exemple — Mikołaj de Strzelce — qui commençait sa carrière comme notaire auprès du légat du pape en Silésie et à Cracovie, et à partir de 1340 rédigeait des documents pour les ecclésiastiques hongrois à Avignon et en Hongrie — sur ces personnes voir K. SKUPIEŃSKI, “Bertold z Raciborza i Mikołaj ze Strzelc. Kariery śląskich notariuszy publicznych w pierwszej połowie XIV w.”, <hi rend="i">Acta Universitatis Wratislaviensis</hi>, Historia XCVIII (Wrocław 1993), 5-13 [Les carrières des notaires publics de Silésie dans la première moitié du XIV<hi rend="sup">e</hi> s.].</p></note>. La vraie propagation du document notarial à l’intérieur du pays n’a commencé qu’à la fin du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. ce qui a fait croître plus rapidement le nombre de notaires publics. Au total nous connaissons plus de 170 notaires investis dans les années 1287-1399<note type="1"><p>Ce nombre ne comprend pas les notaires de Silésie où comme le prouvent les études de J. NUHLICEK, F. LUSCHEK et P.J. SCHULER déjà citées, ils étaient plus nombreux non seulement par rapport aux sièges de suffragants de la métropole de Gniezno, mais aussi par rapport à l’archevêché de Prague et de beaucoup d’autres diocèses allemands.</p></note>. On observe la croissance de plus en plus importante jusqu’aux années 20 du XV<hi rend="sup">e</hi> s. où environ 200 personnes ont obtenu leur titre de notaire. Ensuite, ce nombre a diminué et dans les années 50 du XV<hi rend="sup">e</hi> s. représentait 100 personnes. Ce qui est intéressant, c’est qu’on observe le même rythme d’évolution en Silésie<note type="1"><p>Ces calculs basent sur les fichiers comprenant les données de l’édition des documents (y compris à Lvov et Vilnus) et des archives des diocèses de Cracovie, de Przemyśl, de Płock, de Włocławek. 688 notaires des diocèses de Gniezno et de Poznań sont recensés dans le catalogue de notaires de A. GĄSIOROWSKI cité plus haut. Les données de Silésie, voir P. J. SCHULER, op. cit., 83.</p></note>. Dans la deuxième moitié du XV<hi rend="sup">e</hi> s. nous voyons le nombre de notaires encore augmenter. Dans les années 70, le nombre des personnes affectés à cet office a dépassé 200. Puis, ce nombre a encore diminué de nouveau. Au total nous disposons de données sur environ 1700 notaires publics qu’il y avait en Pologne jusqu’en environ 1510.</p>
                    <p>L’accroissement et ensuite la diminution du nombre de notaires témoignent du fait que dans les années 1375-1425 en Pologne se déroule le processus d’adaptation de l’institution du notariat public aux conditions locales. Nous essaierons de montrer comment, à la suite de ces transformations, ont évoluées définitivement les compétences des notaires publics polonais.</p>
                    <div>
                        <head type="h1">Étendue et limites de la compétence des notaires publics</head>
                        <p>On sait bien que les limites de la compétence du notaire public créé <hi rend="i">apostolica</hi> ou bien <hi rend="i">imperiali auctoritate</hi> devaient en théorie atteindre <hi rend="i">ubique terrarum</hi>. Mais en pratique, il a fallu attendre la période 1275-1325 pour que le notariat se répande jusqu’à la côte de la Baltique et de la Mer du Nord. Au courant du XIV<hi rend="sup">e</hi> et du XV<hi rend="sup">e</hi> s. le territoire sur lequel les compétences des notaires publics étaient <pb n="78"/>reconnues s’étendait de plus en plus à l’est. En général, il correspondait aux frontières de l’État polonais qui étaient en train de s’élargir à l’époque.</p>
                        <p>Plus importante que l’expansion politique était la création des nouvelles structures d’organisation de l’Église catholique romaine sur les territoires jusqu’alors administrés par l’Église orthodoxe. Au XV<hi rend="sup">e</hi> s. les notaires publics étaient déjà bien installés à Lvov — le siège de l’archevêché — ou encore à Vilnius — la capitale du Grand Duché de Lituanie et de l’Évêché à la fois.</p>
                        <p>Il convient de distinguer ici les structures de l’État des structures de l’Église et cela non seulement dans le sens géographique. L’institution du notariat public a été adoptée et développée en Pologne seulement dans le domaine des droits d’un des états — notamment du droit de l’Église. En principe, à la différence des pays allemands voisins, cette institution n’est pas jusqu’à la fin du XVIII<hi rend="sup">e</hi> s. sortie des limites de cette compétence. A l’exception peut-être de l’époque du roi Casimir le Grand (1333-1370), ou bien de l’époque où vivait un chef politique du camp de la noblesse, Jan Zamojski (1542-1605), où on a pu observer quelque intention, d’ailleurs échouée, d’adapter le notariat public au service de l’appareil de l’État<note type="1"><p>Cf. A. JANIK, “Notariusze publiczni promowani w Akademii Zamojskiej 1607-1767” [Notaires publics nommés à l’Académie de Zamość 1607-1767], <hi rend="i">Studia Żródłoznawcze</hi> XXII (1977), 167-178.</p></note>.</p>
                        <p>On peut en chercher des causes dans la résistance de la noblesse contre les tentatives d’élargir les compétences de la juridiction de l’église. Cette résistance allait loin. Ainsi, en 1538, les ecclésiastiques se sont vus priver de la possibilité d’entrer en fonction de notaire terrien général qui était une fonction importante, assignée à vie par le roi.</p>
                        <p>Il s’y ajoutait encore l’attitude défavorable de cette couche dominante envers le droit romain. Dans ce climat, le notariat public n’avait pas beaucoup de chances pour pénétrer dans les domaines de la vie sociale en dehors de l’église. En général, les laïcs avaient affaire aux documents notariaux seulement au moment de régler les affaires appartenant à la compétence du droit de l’Église. Tel était le cas des testaments léguant des biens pour les institutions de l’Église. Dans sa pratique, le droit municipal qui était plus favorable à l’institution du notariat public, permettait parfois aux notaires municipaux d’obtenir aussi le titre de notaire public. Ces notaires rédigeaient les testaments des bourgeois et ensuite ils les inscrivaient <hi rend="i">in publica forma</hi> dans les registres officiels des autorités municipales. Dans certains cas, le droit terrien de la noblesse acceptait aussi que les testaments soient rédigés par des notaires publics, et cela a été même codifié dans la loi de 1543.</p>
                        <p>Quelle était donc l’étendue de la compétence des notaires publics en Pologne dans l’espace régi par le droit de l’Église&#160;?</p>
                        <p>La législation locale ne s’occupait guère de ces questions. Il nous reste donc à observer la pratique notariale. L’un des moyens de connaître l’étendue de la compétence de l’<hi rend="i">officium thabellionatus</hi> polonais c’est de déterminer la valeur probatoire représentée par la validation notariale.</p>
                        <p><pb n="79"/>De même que dans les pays voisins, elle est apparue dans deux types de documents. Dans le premier d’entre eux, l’auteur formel était notaire, puisque l’acte était rédigé en son nom. Le <hi rend="i">signum et subscriptio</hi> notarial devenait dans ce cas un principal signe de validation. Même si, comme c’est le cas le plus courant, il était accompagné du sceau des parties de la transaction enregistrée par le document ou bien du sceau de l’employé.</p>
                        <p>Dans l’autre type de document l’auteur et le notaire qui validait le document n’était pas la même personne. Dans ce cas, il faut considérer que le principal moyen de validation est le sceau de l’auteur, le plus souvent de l’évêque ou de l’official général. Et le signe notarial passait derrière ce sceau.</p>
                        <p>Et quelles affaires étaient-elles enregistrées dans les documents notariaux&#160;? Leur étendue paraît moindre de celle connue en Bohême ou en Silésie. C’étaient avant tout des testaments disposant des legs en faveur de l’Église mais aussi la rédaction des copies officielles <hi rend="i">/transcriptum, vidimus/</hi>, actes de procuration <hi rend="i">/procuratorium/</hi>, ou bien les affaires correspondant à certaines étapes de l’action judiciaire, comme la publication de la demande introductrice, la présentation de l’appel et aussi la conclusion des compromis, le choix des arbitres et la publication de leurs sentences. Pour ce qui est des affaires administratives de l’église, on enregistrait tout ce qui était lié à la création et à la transmission des offices et des bénéfices de l’Église. On peut rencontrer là aussi des déclarations de volonté privées et des contrats de biens des institutions de l’Église ainsi que certaines affaires liées à la gestion du patrimoine de l’Église.</p>
                        <p>En principe, aucune de ces affaires n’était sous le monopole exclusif des notaires. On peut parler seulement d’un certain principe dans le cas des procurations et d’une certaine coutume dans le cas des testaments. Mais d’habitude, pour tous ces documents, les notaires pouvaient être remplacés par un des fonctionnaires de la hiérarchie de l’Église. Et cela avec un document validé uniquement avec le sceau de l’auteur.</p>
                        <p>Et qui étaient ces représentants de la hiérarchie de l’Église&#160;? C’étaient d’abord des évêques, et à partir des années vingt et trente du XV<hi rend="sup">e</hi> s. avant tout leur substituts judiciaires — les officiaux généraux. Parmi les auteurs des documents validés notarialement on rencontre aussi des vicaires généraux <hi rend="i">in spiritualibus</hi>&#160;; parfois des archidiacres et des membres des chapitres cathédraux et collégiaux&#160;; assez souvent des juges délégués par le Siège Apostolique <hi rend="i">/iudices a Sede Apostolica delegati/</hi>&#160;; des juges arbitres&#160;; et parfois des prieurs des couvents et d’autres encore.</p>
                        <p>Conformément à la formule de la loi du Concile de Latran de 1215, il s’agissait avant tout des documents relatifs aux affaires judiciaires. Pour cette raison, la validation était presque de règle pour les documents de l’official général&#160;; dans les documents épiscopaux datant de la première moitié du XV<hi rend="sup">e</hi> s. seulement 10% sont validés par le notaire. Il semble que parfois on faisait valider par le notaire ces documents épiscopaux dont le contenu dépassait l’étendue de la compétence de l’auteur <hi rend="i">potestas ordinaria</hi>. Dans ce cas, il serait néanmoins difficile de parler du respect des règles précises. Il arrivait que dans des affaires <pb n="80"/>analogues, une fois l’évêque qui rédigeait ce document le faisait valider par le notaire et une autre fois il se contentait d’un document scellé seulement.</p>
                        <p>Il est possible qu’il s’agisse là, non de l’étendue du pouvoir de validation notariale dans des circonstances bien définies mais plutôt de la volonté de donner au destinataire un document qui ne perdra pas sa valeur d’un <hi rend="i">instrumentum publicum</hi> même s’il disparaît ou que le <hi rend="i">sigillum authenticum</hi> est endommagé. Il faut se rappeler qu’une des sections de la rubrique <hi rend="i">De fide instrumentorum</hi> des Décrets du pape Grégoire IX apportait à ce sujet des suggestions précises<note type="1"><p><hi rend="i">Corpus Iuris Canonici</hi>, ed. E. FRIEDBERG, Leipzig 1876, I, 346 (cap. VI).</p></note>. Si le destinataire se décidait à couvrir des frais supplémentaires de la validation notariale, il recevait un document doublement protégé.</p>
                        <p>Il faut maintenant poser la question suivante&#160;: y avait-il une concurrence entre le sceau des dignitaires de l’Église et le <hi rend="i">signum notarialis</hi>&#160;?</p>
                        <p>Analysons pour cela la statistique des documents dont l’auteur était notaire et des documents rédigés par d’autres auteurs et dont la validation reculait devant le sceau.</p>
                        <p>Au début, c’étaient les documents notariaux qui dominaient. Puis, vers le règne du roi Ladislas Jagellon (1386-1434), prévalent les documents d’autres auteurs. Ensuite, dans la quatrième décade du XV<hi rend="sup">e</hi> s. on observe une diminution importante des documents des notaires face à la croissance du nombre des documents des officiaux généraux, des évêques et d’autres. Ainsi donc p.ex. pour ce qui est des années 1420-1430, se sont conservés environ 50 documents rédigés au nom de notaires et environ 60 documents faits par d’autres auteurs et lesquels ont été authentifiés de façon notariale. Dans les années 1430-1440 les premiers sont connus seulement au nombre de 25 et les autres au nombre de plus de 80.</p>
                        <p>Qu’est-ce que cela peut signifier&#160;? A notre avis, cela prouve que la suprématie de <hi rend="i">signum notarialis</hi> sur le sceau a d’abord diminué et ensuite elle a été réduite au rôle d’un moyen de validation secondaire par rapport au sceau.</p>
                        <p>On peut y observer aussi une convergence significative dans le temps. La période dans laquelle les documents validés par d’autres auteurs sont devenus plus nombreux que les documents des notaires mêmes correspond au déclin des XIV<hi rend="sup">e</hi> et XV<hi rend="sup">e</hi> siècles . Et c’est pendant cette époque que les évêques ont entrepris une action législative ayant pour but d’imposer le contrôle et l’enregistrement des notaires publics dans des diocèses. Nous en reparlerons en détails plus loin.</p>
                        <p>Rappelons que c’est peu de temps après 1420 on observe la diminution du nombre total de notaires qui allaient en diminuant jusqu’aux années 50 du XV<hi rend="sup">e</hi> s. Il paraît donc qu’à cette époque, en Pologne, le développement de l’autonomie de cet <hi rend="i">officium</hi> a été freiné. On favorisait ces notaires publics qui exerçaient leur activité dans le cadre des chancelleries de l’Église et en même temps on essayait de limiter les compétences des notaires autonomes. On peut bien prouver que peu après 1420, les documents de notaires publics qui n’étaient attachés à aucune institution d’Église devenaient de plus en plus rares. En même temps, plus limité est devenue aussi <pb n="81"/>l’étendue des affaires qu’ils étaient autorisés à enregistrer. Il est probable que ces actions avaient pour but de rendre plus efficace la bureaucratie de l’Église.</p>
                        <p>Nous estimons que dans la période 1400-1500, on peut repérer sur le territoire des diocèses polonais environ 2-3 mille personnes avec le titre de notaire public. Seulement une partie d’entre eux travaillait dans les chancelleries de l’Église. Il en restait encore des centaines qui après avoir obtenu dans la jeunesse l’admission à la charge de notaire gagnaient leur vie avec différentes activités qui ne leur donnaient pas souvent l’occasion de s’exercer dans leur profession pour pouvoir garder un bon niveau de compétences notariales. Cependant, même après des années sans exercice ils conservaient leur titre.</p>
                        <p>Les autorités ecclésiastiques pouvaient exercer réellement le contrôle seulement sur les notaires liés aux structures officielles d’Église. D’autres pouvaient facilement éviter tout contrôle. A cette époque, il n’existait en Pologne aucun équivalent de collège ou de corporation notariale qui étaient tellement importantes sur le territoire méditerranéen. C’est pourquoi, la bureaucratie de l’Église tentait de limiter le rôle des notaires publics autonomes à ce strict minimum qui leur était garanti par la législation commune d’Église.</p>
                    </div>
                    <div>
                        <head type="h1">Fonctionnement des notaires publics</head>
                        <p>Le fonctionnement de cette institution était limité dans la pratique locale à un tel point qu’il faudrait se poser une question fondamentale à savoir&#160;: Peut-on à juste titre parler du fonctionnement du notariat dans la Pologne médiévale&#160;? Du notariat entendu comme un organe indépendant de la juridiction, autorisé à authentifier les documents avec la validation publique dans les affaires entre des particuliers.</p>
                        <p>Tout au début, ces affaires acquéraient la validité publique principalement en vertu des documents du souverain et parfois en vertu des documents de ses fonctionnaires. A partir du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. les affaires privées et juridiques étaient inscrites aux registres tribunaux. Au commencement du XV<hi rend="sup">e</hi> s., ce système s’est déjà entièrement constitué et il avait sa place dans les droits des états<note type="1"><p>Pour un aperçu général sur l’ensemble de la diplomatie polonaise, voir le manuel de K. MALECZYŃSKI, M. BIELIŃSKA, A. GĄSIOROWSKI, <hi rend="i">Dyplomatyka wieków średnich</hi> [La diplomatique au Moyen Âge], Warszawa 1974.</p></note>.</p>
                        <p>Les bourgeois confiaient leurs affaires aux registres des autorités et des tribunaux municipaux. Le clergé se servait des registres épiscopaux et de l’official. Et la noblesse inscrivait ses transactions, contrats, etc., aux registres des tribunaux terriens (<hi rend="i">indicium terrestris</hi>).</p>
                        <p>Tous ces registres ont vite cessé d’être la propriété privée des greffiers tribunaux et de chancelleries. Ils sont devenus une garantie de validité publique et en tant que telles ils jouissaient de la protection officielle.</p>
                        <p><pb n="82"/>Il serait difficile de définir le système basé sur les registres juridiques comme notariat dans la compréhension mentionnée ci-dessus. Et cette opinion demeure valable même si d’habitude les supérieurs des chancelleries des tribunaux nobles et des chancelleries municipales portaient le titre de notaire. “Notarius terrestris generalis” était un employé nommé par le roi<note type="1"><p>Comme exemple de l’étude sur la chancellerie <hi rend="i">iudicium terrestris generalis</hi> voir la monographie de Z. PERZANOWSKI, <hi rend="i">Dokument i kancelaria sądu ziemskiego krakowskiego do połowy XV w.</hi> [Le document et la chancellerie du tribunal terrien de Cracovie jusqu’au milieu du XV<hi rend="sup">e</hi> s.], Kraków 1968.</p></note>. Il possédait une des trois clés du coffre où étaient déposés les registres. Les deux autres clés appartenaient au juge et à son remplaçant.</p>
                        <p>Cependant, même dans le domaine du droit de l’Église, le notariat public menaçait peu le monopole des registres tribunaux dans le domaine de la validation des affaires privées. On peut dire que les notaires publics étaient plus présents en tant qu’employés de tribunaux que les personnes indépendantes par rapport à la juridiction.</p>
                        <p>Les archives polonaises contemporaines abritent un nombre important de registres de tribunaux. Par contre on n’y rencontre pas du tout de protocoles de notaires publics<note type="1"><p>H.E. WYCZAWSKI, <hi rend="i">Przygotowanie do studiów w archiwach kościelnych</hi> [Préparation à l’étude des archives de l’Église], Kalwaria Zebrzydowska 1989, 253.</p></note>. Ils n’ont laissé que de nombreux documents. Les autorités de l’Église polonaise s’intéressaient peu à la question des protocoles de notaires qui demeuraient ainsi l’affaire privée des notaires. On ignore ce que ces protocoles devenaient à la mort de leurs propriétaires. La hiérarchie de l’Église était désintéressée de l’<hi rend="i">officium thabellionatus</hi> exercé par des personnes à part. Elle ne s’occupait que des notaires attachés aux chancelleries de l’Église. Voilà encore un fait qui prouve que l’institution de notariat public en Pologne fonctionnait sur des principes essentiellement différents de ceux connus dans la région méditerranéenne. D’ailleurs, cette situation est connue aussi dans d’autres pays d’Europe Orientale — en Bohême, en Silésie, dans la partie orientale de l’Allemagne, etc.</p>
                        <p>Le système des registres tribunaux sur lesquels on inscrivait les affaires des particuliers a survécu jusqu’au XVIII<hi rend="sup">e</hi> s. Il a fallu l’intervention de Napoléon aux temps du Grand Duché de Varsovie pour qu’on voie apparaître des notaires publics protégés par la législation de l’État, compétents dans le domaine de la validation des affaires privées et juridiques.</p>
                        <p>Tout porte à croire qu’au Moyen Âge, les Polonais étaient contents de ce système fondé sur les registres tribunaux. Entre 1447 et 1475 un projet de réforme de l’État est né — “pro Republicae ordinatione” — conçu par Jan Ostroróg, devenu docteur en décrets à Bologne, ensuite châtelain de Poznań et conseiller du roi. Le problème du notariat public l’intéressait exclusivement du point de vue du prestige du pouvoir royal. Il écrivait&#160;: “in hoc etiam dignitas regia multum laeditur, quod in regno regii non creantur tabelliones, regis et regni fidem custodientes. <pb n="83"/>Caesarei tantum et pontifici auctorisantur hactenus… Si iura omnia imperialia habet rex… itaque etiam et publicos ac tandem tabelliones habebit”<note type="1"><p>J. OSTRORÓG, <hi rend="i">Pamiętnik ku pożytkowi Rzeczypospolitej</hi> [Mémoires dédiés au profit de la République de Pologne], ed. T. Wierzbowski, Warszawa 1891, 6&#160;; sur les opinions de Ostroróg voir p.ex. W. SEŃKO, “Z badań nad historią myśli społeczno-politycznej w Polsce w XV w.” [Des études sur l’histoire de la pensée sociale et politique en Pologne du XV<hi rend="sup">e</hi> s.], <hi rend="i">Filozofia polska XV w.</hi>, Warszawa 1972, 35.</p></note>.</p>
                        <p>C’est dans ce sens-là que le projet a été partiellement réalisé au XVI<hi rend="sup">e</hi> s. quand dans la Prusse Royale, c’est-à-dire celle qui à partir de 1466 a appartenu à la Pologne, apparaissent des notaires nommés par les rois polonais<note type="1"><p>Cf. le document de la création du notaire public par le roi polonais&#160;: Z. WDOWISZEWSKI, “Wiadomość o gdańskim kopjarjuszu urzędowym z XVII w. i o zawartych w nim nobilitacjach i indygenatach” [Nouvelle sur le registre officiel de Gdansk du XVII<hi rend="sup">e</hi> s. et des nobilitations et indigénats qui y figurent], <hi rend="i">Miesięcznik Heraldyczny</hi>, XVI (1936), 13-14, 36.</p></note>. Par contre, cette coutume n’a jamais été adoptée sur d’autres terres polonaises.</p>
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                        <head type="h1">Nomination des notaires publics</head>
                        <p>Au Moyen Âge, en Pologne il n’y a que des notaires publics <hi rend="i">apostolica</hi> ou <hi rend="i">imperiali auctoritate</hi>. Passons maintenant à traiter les problèmes liés à la création des notaires publics en Pologne. Après la bulle du pape mentionnée au début, quelques autres évêques polonais ont obtenu des privilèges analogues. En général, c’étaient ceux qui faisaient la recette pour le Siège Apostolique.</p>
                        <p>Le dernier d’entre eux a obtenu ce privilège en 1344, peut-être pour que ses successeurs ne puissent plus prétendre comme lui que <hi rend="i">in episcopatu suo Cracoviensi non notariorum publicorum copia</hi><note type="1"><p><hi rend="i">Bullarium Poloniae</hi> II 151.</p></note>.</p>
                        <p>Cependant encore dans la première moitié du XIV<hi rend="sup">e</hi> s., c’étaient les notaires publics de nomination impériale qui étaient les plus nombreux. Les notaires nommés par le pape étaient très rares encore jusqu’aux années 70 du XV<hi rend="sup">e</hi> s. Leur nombre constituait de 0,5% à 6% de l’ensemble des notaires polonais.</p>
                        <p>Cet état de choses était sans doute dû aux difficultés pour obtenir la nomination du pape. On pouvait la demander d’abord à Avignon, puis à Rome. Mis à part le voyage, il y avait encore un examen à passer devant les fonctionnaires de la chancellerie du pape, somme toute des dépenses considérables. Sur place, en Pologne, on pouvait obtenir cette nomination par l’intermédiaire de certains légats du pape en mission sur les terres polonaises. On connaît leurs privilèges accordés par le pape qui continuent d’être valables jusqu’au XV<hi rend="sup">e</hi> s.<note type="1"><p>Np. <hi rend="i">Bullarium Poloniae</hi> III 102, 295&#160;; IV 1169.</p></note>. Probablement, ces légats n’étaient pas non plus ni indulgents ni bon marché.</p>
                        <p><pb n="84"/>Et on ne connaît pas en Pologne jusqu’en 1486 d’autres délégués du pape compétents pour la nomination des notaires. Nous ne savons pas qui au XIV<hi rend="sup">e</hi> siècle nommait les notaires publics polonais dits <hi rend="i">imperiali auctoritate</hi>. Il est fort probable que seulement un certain nombre d’entre eux a obtenu leurs titres à l’étranger — peut-être, entre autres, des mains de l’archevêque de Prague.</p>
                        <p>Il y a un demi-siècle, Sylwiusz Mikucki a élaboré une liste d’environ 50 personnes — <hi rend="i">comites sacri Lateranensis palatii, regalis aulae et imperialis consistorii</hi>, ainsi que des <hi rend="i">vicecomites</hi>. A partir de 1446, d’après Sylwiusz Mikucki, ces fonctionnaires nommaient des notaires publics de nomination impériale. Aujourd’hui, nous pouvons allonger cette liste jusqu’à environ 110 personnes y compris près de 25 <hi rend="i">comites</hi> et <hi rend="i">vicomites</hi> du pape. Et certainement cette liste n’est pas encore complète.</p>
                        <p>Ainsi, on peut constater que les sources polonaises attestent les traces du premier <hi rend="i">vicecomes</hi> en 1409. Parmi les personnes figurant sur cette liste on compte plusieurs personnes liées à la cour et à la chancellerie royale, qui exerçaient la fonction de messager à l’étranger, entre autres à la cour impériale. Nous y trouvons également des professeurs de l’Université de Cracovie, ainsi que des représentants de la hiérarchie ecclésiastique — des officiaux généraux, archidiacres, etc. Par exemple, vers la fin du XV<hi rend="sup">e</hi> s., à Lvov, deux archevêques successifs étaient en même temps comes impériaux et un autre était official général.</p>
                        <p>Le premier vicecomes apostolique est apparu en Pologne en 1486, et peu après sont venus d’autres. Leur nombre croissait vite. Au commencement du XVI<hi rend="sup">e</hi> s., ils étaient déjà trois fois plus nombreux que les comes et vicecomes impériaux. Cela faisait augmenter le nombre des notaires publics <hi rend="i">apostolica auctoritate</hi>. Dans les années 1480-1489, ces notaires constituaient 10% de l’ensemble, dans les années 1490-1499 — 35%, dans les années 1500-1509 — 59%, et après — environ 75% du total. Une telle évolution suggère que dans la période antérieure c’était le manque des délégués papistes qui freinait la croissance du nombre des notaires de nomination papale.</p>
                        <p>Le privilège de nomination suffisait aux notaires publics polonais à exercer leur office encore seulement jusqu’à la fin du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. A partir de 1396, certains évêques ont commencé à exiger dans leur législation que les notaires demandent leur accord avant de pouvoir entreprendre la fonction de notaire dans leur diocèse. En 1420, paraissent les statuts de la province de Gniezno. L’un d’eux, intitulé <hi rend="i">De fide instrumentorum</hi> portait sur le notariat public<note type="1"><p><hi rend="i">Statuty synodalne wieluńsko-kaliskie Mikołaja Trąby z r. 1420</hi> [Statuts synodaux de Wieluń et Kalisz de 1420 de Mikołaj Trąba], ed. J. FIJAŁEK i A. VETULANI, Kraków 1915-1920-1951, s. 43-44. Pour la présentation et comparaison des fragments de la législation synodale au sujet du notariat public, voir S. KĘTRZYŃSKI, <hi rend="i">Zarys nauki o dokumencie polskim wieków średnich</hi>, [Introduction à la science sur le document polonais du Moyen Âge] I, Warszawa 1934, 232-244.</p></note>. Il les soumettait sous le contrôle des évêques et d’autres administrateurs du diocèse.</p>
                        <p><pb n="85"/>Ce statut était appliqué dès sa publication<note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, “Admisje notariuszy publicznych w Wielkopolsce u schyłku wieków średnich” [Admissions des notaires publics dans la Grande Pologne à la fin du Moyen Âge], <hi rend="i">Społeczeństwo Polski średniowiecznej</hi>, V, Warszawa 1992, 267-275&#160;; A. GĄSIOROWSKI, “Wprowadzenie w życie uchwały synodu wieluńskiego <hi rend="i">De fide instrumentorum</hi>” [La mise en application de la loi du synode de Wieluń <hi rend="i">De fide instrumentorum</hi>], <hi rend="i">Discernere vera ac falsa</hi>, Lublin 1992, (<hi rend="i">Annales Universitatis Mariae Curie Skłodowska</hi>, XLV, sectio F (1990), 203-208).</p></note>. C’est à Gniezno qu’a pris le commencement un registre spécial, distinct des notaires publics autorisés par l’official général local à l’exercice de leur profession. Jusqu’en 1500, ils étaient 440 inscrits. Le professeur Antoni Gąsiorowski a l’intention de publier les fac-similés de ce registre. Dans d’autres capitales du diocèse, les inscriptions d’admission des notaires figurent parmi d’autres affaires dans les livres d’évêques ou d’officiaux généraux.</p>
                        <p>L’autorisation à la profession de notaire public sur le territoire du diocèse s’appelait d’habitude&#160;: <hi rend="i">admissio ad exercendem officium tabellionatus</hi>, ainsi que <hi rend="i">approbatio, assumptio, receptio</hi>.</p>
                        <p>En quoi consistait cette autorisation&#160;? A la lumière des textes des statuts, ainsi que du formulaire du registre des inscriptions, la procédure commençait d’abord par la présentation du candidat qui demandait la nomination /<hi rend="i">privilegium creationis</hi>/. Puis, il subissait un examen lequel portait aussi bien sur les qualifications professionnelles que les bonnes moeurs. Ensuite, l’évêque ou l’official lui accordait l’<hi rend="i">admissio</hi> et peut-être il faisait cela par un document spécial&#160;? Hélas, nous ne connaissons pas de tels documents qui se seraient conservés en original ou en copie. Après cela, le notaire prêtait serment. Il jurait de veiller à l’authenticité des documents qu’il rédigerait. Il promettait également d’être loyal envers les autorités du diocèse. A la fin, le notaire inscrivait sa&#160;: <hi rend="i">subscriptio notarialis</hi> dans le registre de l’Église et il y dessinait son signe qu’il ne pouvait plus changer.</p>
                        <p>L’acte d’<hi rend="i">admissio</hi> est devenu un moyen par lequel la hiérarchie de l’église polonaise s’assurait le contrôle sur le niveau de compétences, la conduite et la loyauté des notaires publics qui voulaient exercer leur office dans la province de l’Église de Gniezno.</p>
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                        <head type="h1">Préparation culturelle des notaires publics</head>
                        <p>L’un des éléments importants de préparation culturelle des notaires, c’est leur instruction et formation professionnelle.</p>
                        <p>On dit souvent que les notaires polonais devaient être <hi rend="i">in litteratura experti</hi>. Cela veut dire que chacun d’entre eux avait fini au moins une <hi rend="i">trivium</hi> solide<note type="1"><p>Cf. K. STOPKA, <hi rend="i">Szkoły katedralne metropolii gnieźnieńskiej w średniowieczu</hi> [Les écoles cathédrales de la métropole de Gniezno au Moyen Âge], Kraków 1994.</p></note>. Les statuts épiscopaux se plaignaient de ces notaires qui étaient <hi rend="i">rudes et ignari</hi>. Il s’agissait là sans doute de la méconnaissance de <hi rend="i">artis notariae</hi>. Il est difficile <pb n="86"/>d’imaginer que le notaire puisse avoir des lacunes dans les rudiments de la langue latine. Dans les années 1400-1500, environ 30% des notaires publics étaient inscrits à l’Université de Cracovie. Peut-être un quart d’entre eux a obtenu le diplôme de bachelier. A partir de 1420, dans le cadre de la faculté des arts libérés (<hi rend="i">artium liberalium</hi>) fonctionne une chaire où l’on s’occupe des problèmes <hi rend="i">in libris gramaticalibus seu poeticalibus… docendo in rethorica epistolas missiles, aut formam privilegiorum</hi><note type="1"><p>S. KURAŚ, “Fundacja kolegiatury epistolografii i sztuki pisania dokumentów w Akademii Krakowskiej w 1420 r.” [Fondation de la collégiature de l’art épistolaire et de l’art de rédiger les documents à l’Académie de Cracovie en 1420], <hi rend="i">Małopolskie Studia Historyczne</hi>, VI (1964), 121-123&#160;; voir aussi <hi rend="i">Zbiór dokumentów katedry i diecezji krakowskiej</hi>, II, Lublin 1973, nr 233.</p></note>. Si un notaire étudiait à la faculté de droit, c’était sans doute pour faire autre chose que de finir sa carrière dans la chancellerie.</p>
                        <p>Seulement une partie des jeunes gens avec le titre de notaire public, entreprenait le travail dans les chancelleries de l’Église. Là, ils poursuivaient leur formation professionnelle. Elle se déroulait aussi bien sous forme de pratique que sous forme de consultation des recueils de formulaires du droit canonique. Au début, ces recueils venaient de l’étranger. Par exemple, dans les années soixante-dix du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. un évêque de Cracovie a apporté de son voyage à Avignon un code qui comprenait entre autres la “Summa notariorum” de Jean de Bologne et la “Summa super stilo notarii more Romanae Curaie”. Dès la fin du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. paraissent déjà des recueils élaborés en Pologne.</p>
                        <p>Les notaires pouvaient aussi consulter le “Speculum iudiciale” de Guilliaume Durant, très populaire en Pologne. Ce manuel consacre beaucoup de place aux problèmes du notariat public. A la Bibliothèque Jagellone il y a un manuscrit italien de Roland Passageria “Summa artis notarie” qui date du XIII<hi rend="sup">e</hi> s. On sait pas quand il est arrivé à Cracovie<note type="1"><p><hi rend="i">Catalogus codicum manuscriptorum medii aevi latinorum qui in Bibliotheca Jagellonica asservantur</hi>, III, Wratislaviae 1984, nr 458.</p></note>.</p>
                        <p>Le problème de la formation n’épuise pas toute la problématique liée à la préparation culturelle des notaires. On peut en évoquer quelques autres comme p.ex. la caractéristique du groupe des notaires publics en Pologne. Nous connaissons environ 1700 personnes de ce groupe au XIV et XV<hi rend="sup">e</hi> s. On estime que dans cette période leur nombre total était de 2-3 mille. Cela correspond à peu près au nombre total des licenciés de l’Université de Cracovie.</p>
                        <p>Ils ne constituaient pas un groupe professionnel distinct. Seulement une partie d’entre eux trouvaient des emploi dans les chancelleries. Qu’est-ce qui permettait donc de les identifier&#160;?</p>
                        <p>Ils devaient tous passer un examen et payer les frais de la nomination. C’étaient d’abord des gens instruits, qui investissaient dans la possibilité de gagner leur vie avec la rédaction des documents notariaux, ou bien qui croyaient que le travail dans une chancellerie et le titre de notaire accéléreront leur carrière. Dans la situation polonaise cela signifie qu’ils espéraient entrer dans les rangs de la bureaucratie de l’Église.</p>
                        <p><pb n="87"/>Ils faisaient donc partie de cette couche sociale du Moyen Âge qu’on peut appeler les “prolétaires de la culture de l’écriture” C’est le travestissement de la formule employée par Pierre Channu. Plusieurs notaires publics polonais qui n’ont pas travaillé dans les chancelleries sont devenus copistes et illustrateurs des livres. Ils devenaient aussi instituteurs. Ils demeuraient donc dans les milieux <hi rend="i">in littératura expertes</hi>.</p>
                        <p>Au déclin du Moyen Âge, on assiste à une alphabétisation des couches de plus en plus larges de la société. Ces gens constituent, en particulier dans les conditions polonaises, une catégorie assez anonyme. D’habitude, les historiens peuvent dire beaucoup de choses à propos des individus les plus célèbres. Pourtant, la vie spirituelle des couches sociales connaissant la lecture est une sphère très difficile à cerner. Il serait bien utile de considérer les notaires publics comme une sorte d’échantillon, une représentation de catégorie sociale de lettrés.</p>
                        <p>Comme on sait, les signes notariaux étaient chargés de différents contenus. L’analyse d’à peu près mille signes polonais des origines jusqu’au début du XVI<hi rend="sup">e</hi> s. permet de constater qu’ils cachaient certains sens déjà à partir de la fin du XIV<hi rend="sup">e</hi> s.<note type="1"><p>Près de 700 signes notariaux de la grande Pologne sont recensés dans le catalogue de A. GĄSIOROWSKI cité à la note 3.</p></note>.</p>
                        <p>Comment faut-il interpréter le répertoire de ces contenus&#160;? Comment déchiffrer les symboles ambigus qui ont servi de formes pour les signes notariaux&#160;?</p>
                        <p>Je suis bien d’accord avec l’opinion présentée par Peter-Johannes Schuler. Il souligne que ces signes doivent être analysées comme des formes entièrement personnelles, liées à une personne concrète<note type="1"><p>P.-J. SCHULER, <hi rend="i">Südwestdeutsche Notarszeichen</hi>, Sigmaringen 1976, 30.</p></note>. Il semble pourtant qu’on ne peut pas renoncer aux tentatives de l’analyse systématique. Maintes formes de dessins réapparaissent dans plusieurs signes — polonais, allemands, tchèques, hongrois et d’autres aussi. Comment peut-on expliquer cela&#160;?</p>
                        <p>En effet, le signe était une construction libre du notaire ou peut-être de la personne qui le nommait. Pourtant, tous ces gens-là se sont formés dans la culture conventionnelle et universelle. En analysant le contenu des signes notariaux on y retrouve des formes caractéristiques de la conscience collective. On accède ainsi au monde des contenus qui, au moins en partie, sont objectifs.</p>
                        <p>Un signe singulier peut être interprété en rapport aux autres. Je n’ai pas bien entendu la possibilité de présenter les résultats complets des études sur le répertoire des contenus des signes notariaux polonais<note type="1"><p>Je consacre à cette problématique un chapitre de mon livre que je suis en train de préparer. Le problème des contenus dans les dessins des signes notariaux est abordé aussi par M. KOCZERSKA, <hi rend="i">De manu</hi>&#160;; voir également K. SKUPIEŃSKI, “O znaku notarialnym jako źródle poznania polskiej heraldyki średniowiecznej”, [Le signe manuel des notaires en tant que source du savoir sur l’héraldique polonaise au Moyen Âge], <hi rend="i">Discernere vera ac falsa</hi>, 231-243.</p></note>, mais je peux faire part de quelques remarques.</p>
                        <p>Comme on sait, l’iconographie médiévale représentait sous forme de tronc d’arbre le motif d’<hi rend="i">arbor vitae</hi> — l’arbre de la vie. Ce dessin figure dans environ 5% <pb n="88"/>des signes en Pologne et dans l’Allemagne du Sud<note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, <hi rend="i">Notariusze publiczni</hi> [Notaires publics], p.ex. nr 353, 409, 412 i autres.&#160;; P.-J. SCHULER, <hi rend="i">Sudwestdeutsche Notarszeichen</hi>, p.ex. nr 644, 647, 691 et autres.</p></note>. On le rencontre aussi dans d’autres parties de l’Europe. Les signes notariaux semblent abriter des contenus appartenant au courant d’idées religieuses. La vie du Christ ainsi que l’histoire de la Sainte Croix en font bien partie. C’est en fait le thème essentiel de l’histoire du salut. La légende qui s’était formée jusqu’au XIII<hi rend="sup">e</hi> s. annonçait que l’<hi rend="i">arbre de la vie</hi> poussait au milieu du Paradis, près de l’arbre de la connaissance du bien et du mal. Après son exil, Adam a envoyé Set chercher des grains de l’arbre de la vie. Ensuite, ces grains ont été plantés sur les lèvres de l’Adam mort. L’arbre qui a ainsi poussé est devenu — après maintes transformations — celui qui a servi pour faire la croix du Christ<note type="1"><p>Voir T. DOBRZENIECKI, “Legenda o Secie i Drzewie Życia w sztuce średniowiecznej” [La Légende de Seth et de l’Arbre de la Vie dans l’art médiéval], <hi rend="i">Rocznik Muzeum Narodowego w Warszawie</hi>, 10 (1966), 165-198.</p></note>.</p>
                        <p>Il semble nécessaire d’ajouter à l’histoire de la Sainte Croix le thème de la croix sur laquelle poussent des fleurs et des feuilles. Cet élément était très populaire dans les signes notariaux. Parfois, ce tronc d’arbre renaissant était représenté avec les racines<note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, <hi rend="i">Notariusze publiczni</hi>, [Notaires publics], p.ex. nr 357, 479, 594.</p></note>. Cela pouvait faire penser à une prophétie célèbre d’Isaïe&#160;:</p>
                        <quote>
                            <p><hi rend="i">Et egredietur virga de radice Iesse et flos de radice ieus ascendet</hi><note type="1"><p>Is 11 1.</p></note>.</p>
                        </quote>
                        <p>Une telle interprétation n’en reste pas moins dans le cadre de l’histoire du Salut.</p>
                        <p>Ajoutons encore quelques observations générales sur le répertoire des contenus des signes notariaux polonais. Dans les devises, il y avait avant tout des allusions religieuses — relatives à la Vierge ou au Christ. Cela correspond tout à fait à ce que nous savons sur la religiosité du déclin du Moyen Âge. Il rencontre aussi d’autre part des thèmes liés aux prénoms de saints. La Sainte Barbara était considérée comme la patronne de la bonne mort, c’est à dire de la mort douce qui ne surprend pas et laisse le temps de se préparer. En pensant aux bénéfices futurs espérés de la rédaction des testaments, certains notaires mettaient le nom de cette sainte dans leurs signes. D’autres, guidées par la même pensée, recouraient à des devises telles que par exemple&#160;: <hi rend="i">Ultimus spasmus</hi> ou <hi rend="i">Amara mortis memoria</hi><note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, <hi rend="i">Notariusze publiczni</hi>… [Notaires publics], nr 53.</p></note>. On trouve aussi dans les signes le nom de la Sainte Dorothée avec le dessin d’un panier de roses. Il s’agit là sans doute du panier qui, d’après la légende, a été livré à la sainte. Cela a amené le persécuteur de la sainte — protonotaire Théophile — à se reconvertir au christianisme. Dans une des devises ce nom de Théophile apparaît également<note type="1"><p>Ibidem, nr 340 et nr 538.</p></note>.</p>
                    </div>
                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="89"/>Conditions économiques et sociales des notaires publics</head>
                        <p>On peut présenter la situation sociale des notaires publics polonais de deux points de vue. Le premier, c’est la perspective qui englobe toutes les personnes qui, au courant des XIV<hi rend="sup">e</hi> et XV<hi rend="sup">e</hi> siècles, ont obtenu le titre de notaire public. Leur nombre total était de 2-3 mille au maximum. Presqu’une moitié de ce groupe venait des rangs de la noblesse — plutôt petite. A peu près le même nombre de notaires était d’origine bourgeoise. Les fils de famille paysanne constituaient à peine 5% et se recrutaient le plus souvent des familles de maire de village.</p>
                        <p>Après être admis au notariat, les notaires suivaient des chemins bien variés. A la lumière de ces estimations incomplètes on peut dire que la moitié du nombre total des notaires n’a plus laissé de trace dans les sources accessibles. Seulement un tiers de ce nombre est repérable, soit avec le titre de notaire, soit dans leur travail dans les chancelleries ecclésiastiques et à la rédaction des documents notariaux.</p>
                        <p>Les noms des notaires publics qu’on rencontre sur les listes des témoins dans certains documents étaient souvent accompagnés de formules telles que <hi rend="i">discretus, circumspectus</hi> ou bien <hi rend="i">providus</hi>. Cela révèle leur situation des clercs. Dans la hiérarchie, ils étaient placés au même rang que le bas clergé.</p>
                        <p>En fait, un sur six admis arrivait à l’échelon inférieur de la carrière ecclésiastique. Un sur sept, à l’échelon intermédiaire (p.ex. au rang des chanoines collégiaux). Ils sont très rares plus haut — nous ne trouvons qu’une personne sur quatorze admises parmi les chanoines et prélats cathédraux.</p>
                        <p>Contrairement à ce qu’on pourrait croire, parmi les officiaux généraux, il y a seulement un sur trois qui était auparavant notaire. Et nous connaissons aussi douze évêques et archevêques qui ont obtenu le titre de notaire public au début de leur carrière. La plupart d’entre eux vivait au déclin des XV<hi rend="sup">e</hi> et XVI<hi rend="sup">e</hi> s. La moitié travaillait d’abord dans la chancellerie royale. Il en était ainsi avec Jan Łaski (1456-1531), l’archevêque de Gniezno, ancien chancelier — un des personnages éminents de l’histoire de Pologne.</p>
                        <p>Jusqu’à la moitié du XV<hi rend="sup">e</hi> s., les notaires publics constituaient un peu plus de 5% du personnel de la chancellerie royale&#160;; puis ce pourcentage s’est élevé jusqu’à 13%<note type="1"><p>Les calculs ont été faits sur la base de mon fichier de notaires ainsi que des travaux&#160;: I. SUŁKOWSKA-KURASIOWA, <hi rend="i">Dokumenty królewskie i ich funkcja w państwie polskim za Andegawenów i pierwszych Jagiellonów 1370-1444</hi> [Les documents royaux et leur fonction dans l’État polonais sous le règne de la dynastie d’Anjou et des premiers Jagellons 1370-1444], Warszawa 1977&#160;; J. KRZYŻANIAKOWA, <hi rend="i">Kancelaria królewska Władysława Jagiełły</hi> [La chancellerie royale de Ladislas Jagellon], Poznań 1979&#160;; I. SUŁKOWSKA-KURASIOWA, <hi rend="i">Polska kancelaria królewska w latach 1447-1506</hi> [La chancellerie polonaise dans les années 1447-1506], Wrocław 1967.</p></note>. On trouve aussi des cas singuliers des notaires publics qui travaillaient dans les chancelleries municipales et dans les tribunaux des nobles.</p>
                        <p>Ils devenaient aussi fonctionnaires laïcs. Dans les villes ils étaient maires et conseillers. Ils pouvaient difficilement monter dans la hiérarchie des offices de <pb n="90"/>noblesse — même aux échelons inférieurs. Mais nous en connaissons un qui — après avoir passé un certain temps au service du roi — est devenu le châtelain de Gdańsk.</p>
                        <p>On rencontre des notaires publics dans la catégorie des enseignants. Ils administraient les écoles dans de petites villes et parfois les écoles cathédrales. Il y avaient au moins quelques professeurs d’université et même des recteurs de l’Université de Cracovie possédaient le titre de notaire. On s’aperçoit que ces deux mille personnes constituent un groupe bien hétérogène. Pour la majeure partie des membres de ce groupe l’obtention du titre de notaire et de <hi rend="i">admissio</hi> ne prédéterminait aucunement leur vie future.</p>
                        <p>En général, ils n’arrivaient pas à la haute position sociale même si certains individus ont pu monter très haut. Car ni le titre de notaire ni le travail avec les documents notariaux n’étaient pas en soi un ressort qui pousserait automatiquement ces gens aux échelons supérieurs de la carrière, sauf une situation passagère qui a eu lieu vers le milieu du XIV<hi rend="sup">e</hi> s. A cette époque-là, les notaires possédaient une formation juridique solide et ils étaient rares. Aussi obtenaient-ils souvent la position de juristes — experts dans la diplomatie de l’Église et de la cour royale.</p>
                        <p>J’ai déjà eu l’occasion de constater que le modèle de la bureaucratie de l’église polonaise qui s’était formé au déclin des XIV<hi rend="sup">e</hi> et XV<hi rend="sup">e</hi> s. ne laissait guère de place à l’activité autonome des notaires publics. Il serait difficile de trouver au courant du XV<hi rend="sup">e</hi> s. quelqu’un qui, en travaillant en dehors des chancelleries de l’Église, aurait gagné sa vie exclusivement avec la rédaction des documents notariaux.</p>
                        <p>Si l’on veut donc avoir une idée de la situation des gens qui devaient leur position avant tout au titre de notaire public, il faut regarder de plus près les employés des chancelleries d’Église. Ceci constitue le deuxième point de vue que nous avons proposé dans l’introduction. Nous pourrons ainsi compléter le tableau de l’impact social des notaires polonais et faire quelques observations sur leur position économique.</p>
                        <p>Parmi les notaires de la chancellerie épiscopale, environ 80% étaient notaires publics. Dans la chancellerie consistoriale — pareillement. Étant donné le caractère judiciaire de cette dernière seulement le personnel auxiliaire pouvait y travailler sans avoir le titre de <hi rend="i">manu publicae</hi>. Ainsi, les notaires consistoriaux font le groupe dont l’analyse révèle leur situation sociale et économique des personnes qui vivaient seulement de la rédaction des documents notariaux.</p>
                        <p>Les notaires consistoriaux exerçaient leur activité dans des centres cathédraux et dans des villes où siégeaient les officiaux régionaux. Le plus souvent, ils étaient ecclésiastiques des ordres inférieurs ou bien ils étaient laïcs. Ils constituaient un groupe difficile à distinguer d’avec les avocats du consistorial. Des fois, ils entraient en conflit les uns avec les autres à cause du montant de leurs honoraires.</p>
                        <p>Pour une copie la plus simple en papier, ils percevaient la taxe d’l Grosz. Pour un document avec le texte de la sentence — 48 Grosz<note type="1"><p>Un exemple de la taxe notariale appliquée par le consistoire à Gniezno&#160;: <hi rend="i">Acta capitulorum nec non iudiciorum ecclesiasticorum selecta</hi>, ed. B. ULANOWSKI, I, Krakow 1894, nr 520.</p></note>. Et au XV<hi rend="sup">e</hi> s. en <pb n="91"/>Pologne avec 1 Grosz on pouvait acheter la nourriture quotidienne de 3-5 personnes. En 1480, à Cracovie, la mesure d’environ 100 kg de blé coûtait 8 Grosz. Pour la copie du missel (y compris le parchemin, l’encre et la décoration) le copiste pouvait gagner 192 Grosz.</p>
                        <p>Les notaires consistoriaux qui travaillaient dans des villes plus grandes s’intégraient dans le milieu bourgeois. Cela a eu lieu à Gniezno, fait confirmé par les recherches d’Antoni Gąsiorowski<note type="1"><p>A. GĄSIOROWSKI, “<hi rend="i">Circumspecti ac illuminati viri</hi>. Adwokaci gnieźnieńscy początków XV w.” [<hi rend="i">Circumspecti ac illuminati viri</hi>. Les avocats de Gniezno au début du XV<hi rend="sup">e</hi> s.], <hi rend="i">Mente et litteris</hi>, Poznań 1984, 247-252&#160;; A. GĄSIOROWSKI, “Mieszczanie w notariacie publicznym późnośredniowiecznej Polski” (Les bourgeois dans le notariat public en Pologne à la fin du Moyen Âge), <hi rend="i">Czas, przestrzeń, praca w dawnych miastach</hi>, Warszawa 1991, 343-348.</p></note>. Souvent, les notaires arrivaient dans les villes à partir de l’extérieur. L’un d’entre eux — Buszko — est venu à Gniezno de Zitovlice en Bohême. Plusieurs se sont mariés avec des bourgeoises et ils sont devenus propriétaires de maisons. On peut donc considérer que leurs revenus étaient assez élevés pour gagner et conserver la position de bourgeois-possesseur d’immobilier. A Cracovie vivait un chaudronnier qui habitait dans le voisinage du siège du consistorial et dont la femme empruntait de l’argent au notaire. Cette histoire peut servir d’exemple des liens des notaires avec la bourgeoisie.</p>
                    </div>
                </body>
            </text>
            <text xml:id="art_05">
                <front>
                    <head><pb n="93"/>Notaries public in England in the fourteenth and fifteenth centuries<note type="1"><p>I am very grateful to Mrs Mary Cheney for showing me the notes of her late husband, Professor Christopher Cheney, concerning notaries public. Since these are working papers not intended for publication, I have not cited them below; in the cases when I have drawn on them I have gone back to the source referred to by Professor Cheney and cited that. I also wish to thank Dr Pierre Chaplais and Dr Nigel Ramsay for their comments on a draft of this paper, and Dr Richard Beadle and Dr Richard Mortimer for their help on specific points.</p></note></head>
                    <byline><docAuthor>Patrick Zutshi</docAuthor>, Universidad de Cambridge</byline>
                </front>
                <body>
                    <p><pb n="95"/>A series of headings was devised by Professor Giulio Battelli to serve as the basis of discussion during the meeting of the Commission Internationale de Diplomatique concerning notaries public held in 1994 at Seville. The observations in this paper concerning notarial activity in England mainly in the fourteenth and fifteenth centuries are arranged under these headings. They are prefaced by some remarks about the first traces of notarial activity in England.</p>
                    <p>The institution of the notary public was an alien one in England. It was an import from Italy, where, it seems, from the twelfth century notaries are found licensed by papal or imperial authority whose instruments were regarded as universally valid. Such notaries only appear in England in the second half of the thirteenth century. The papal legate Otto in the constitutions of a council which he held at London in 1237 stated that there were no notaries in England (<hi rend="i">tabellionum usus in regno Anglie non habetur</hi>)<note type="1"><p>C.R. CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public in England in the Thirteenth and Fourteenth Centuries</hi>, Oxford, 1972, p. 12.</p></note>. In London two years earlier Angelus, <hi rend="i">magne Imperialis Curie notarius</hi>, had written letters for Petrus de Vinea, proctor of the Emperor Frederick II, concerning the marriage of the latter to Isabella, sister of Henry III, king of England. Angelus corroborated the letters with his <hi rend="i">signum</hi><note type="1"><p>P. CHAPLAIS (ed.), <hi rend="i">Treaty Rolls</hi>, i, London, 1955, pp. 4-5, no. 4: <hi rend="i">hoc scriptum scripsi ego Angelus magne Imperialis Curie notarius de mandato sepe dicti magistri Petri de Vinea et meo signo signavi</hi>. The document also bore the seal of Petrus de Vinea.</p></note>. But there is no reason to think that Angelus was a notary public or to regard this document as a public instrument. However, the first known notarial instrument produced in England, dating from 1257, occurs in a broadly similar context<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 14-15.</p></note>. It is a marriage contract to which one of the parties was the marquess of Montferrat. Most of the other early English notarial instruments likewise in some way concern foreign relations, above all relations with the papacy. The legation of Cardinal Ottobuono in 1265-8 gave impetus to English notarial activity<note type="1"><p>Ibid., pp. 19-23. A notary and chaplain of Ottobuono, Master Milo, appears in 1266 (Westminster Abbey Muniments 5839), but it is not known whether he acted as a notary public in England.</p></note>. However, notarial instruments only became common after 1279, when John Pecham was provided to the see of Canterbury. He brought with him to England from Italy an Italian notary public and a papal faculty to <pb n="96"/>create three more notaries public<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 26ff., 153-4.</p></note>. At about this time, the institution of the notary public was spreading to much of northern and central Europe.</p>
                    <div>
                        <head type="h1">1. Appointment</head>
                        <p>In thirteenth-century England, both notaries by apostolic authority and notaries by imperial authority are found. Little is known about the appointment of the imperial notaries; but among them are notaries appointed by members of the Alliate and Monte Florum families, counts palatine, to whom the Emperor had granted the privilege of creating notaries public<note type="1"><p>Ibid., pp. 82-3.</p></note>. The activities in England of notaries by imperial authority were short-lived, for in 1320 King Edward II forbad them to exercise their office. It was doubtless felt that permitting such notaries to practise implied some kind of subjection to the Empire, for Edward II’s writ stressed that the kingdom of England was quite free from subjection to the Empire<note type="1"><p>T. RYMER (ed.), <hi rend="i">Foedera, Conventiones, Litterae, et cujuscunque generis Acta Publica</hi>, new edn by Adam Clarke and others, 4 vols, Record Commission, 1816-69, II. i. 423: <hi rend="i">licet regnum nostrum Angliae ab omni subjectione imperiali sit immune, &amp; et ab origine mundi extiterit alienum: Tanta tamen multitudo notariorum, autoritate imperiali, officium publicum in regno nostro praedicto, tam de hiis quorum cognitio ad nos &amp; non ad alium pertinet, quam de aliis excercentium crevit, quod nobis et juri coronae nostrae grave exhaeredationis periculum, &amp; incolis &amp; habitatoribus dicti regni nostri dampnum irrecuperabile praesumitur evenire, nisi remedium apponeretur in hac parte</hi>.</p></note>. The king’s action no doubt reflects ideas which were current in the Europe of his day, ideas epitomized by the maxim <hi rend="i">rex est imperator in regno suo</hi>. Philip IV, king of France, had already adopted a similar policy<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 54.</p></note>, and in 1329 at the Cortes of Madrid the expulsion of imperial notaries from the kingdom of Castile was ordered<note type="1"><p>Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla, i, Madrid, 1861, pp. 425-6.</p></note>. In one significant respect, however, the English experience differed from the French: the notariate by imperial authority was not replaced by a notariate by royal authority<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 54.</p></note>.</p>
                        <p>After Edward II’s enactment of 1320, few notaries licensed only by imperial authority appear in English sources, although those licensed by both imperial and apostolic authority are common after about the middle of the fourteenth century<note type="1"><p>For a notary by imperial authority as late as 1470, see Ramsay, ‘Scriveners and notaries as legal intermediaries in later medieval England’, in J.I. KERMODE (ed.), <hi rend="i">Enterprise and Individuals in fifteenth-century England</hi>, Stroud, 1991, pp. 118-131, at p. 130 n. 44.</p></note>. The shortage of notaries public following Edward II’s prohibition is given as the grounds for a papal faculty in 1323 for Walter Reynolds, archbishop of Canterbury, to confer the office by apostolic authority on four unmarried <pb n="97"/>clerks<note type="1"><p>Vatican Archives, Reg. Aven. 18, f. 303<hi rend="sup">r</hi>, cap. 60: <hi rend="i">Cum itaque, sicut ex tenore tue nobis exhibite petitionis accepimus, ex eo quod pro parte carissimi in Cristo filii nostri … regis Anglie illustris tabellionibus quibuscunque imperiali auctoritate creatis sui officii excercitium in regno Anglie generaliter extitit interdictum, tabellionum ad quos in casibus oportunis pro conficiendis publicis instrumentis recursus haberi valeat copia sufficiens non habetur ad presens …</hi>; G. MOLLAT, <hi rend="i">Jean XXII: lettres communes</hi>, 16 vols, Bibliothèque des Écoles françaises d’Athènes et de Rome, 1904-33, iv. 272, no. 17335.</p></note>. It is the notaries by apostolic authority who are the key figures until the Reformation. They were appointed either directly by the pope or by someone possessing delegated authority from the pope. I do not propose to discuss direct papal appointments, which have been described elsewhere<note type="1"><p>See P. M. BAUMGARTEN, <hi rend="i">Von der apostolischen Kanzlei</hi>, Cologne, 1908.</p></note>. Those who had delegated authority from the pope to create notaries public included some of the papal legates and envoys sent to England (and to other countries). Cardinal Nicholas Capocci, for instance, in 1375 was authorised to create ten notaries in England<note type="1"><p>P.N.R. ZUTSHI, ‘Some inedited papal documents relating to the University of Cambridge in the fourteenth century’, <hi rend="i">Archivum Historiae Pontificiae</hi>, 26 (1988), pp. 393-409, at p. 397.</p></note>. The most frequent recipients of delegated authority were bishops. In petitioning for such faculties, English bishops sometimes gave as the grounds for their request the scarcity of notaries public in their dioceses<note type="1"><p>See CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 42.</p></note>.</p>
                        <p>Both direct and indirect appointment of notaries by the pope came to an end in 1533, when the papal power to create notaries public was transferred by a statute of King Henry VIII to the archbishop of Canterbury<note type="1"><p>C.W. BROOKS, R.H. HELMHOLZ and P. STEIN, <hi rend="i">Notaries Public in England since the Reformation</hi>, London, 1991, pp. 18-19.</p></note>. The Court of Faculties under its master exercised the archbishop’s powers in practice<note type="1"><p>See D.S. CHAMBERS, <hi rend="i">The Faculty Office Registers</hi>, Oxford, 1966.</p></note>. The notaries’ licence was no longer held to be universally valid; it was now limited to the kingdom of England. They were normally described as having been appointed <hi rend="i">auctoritate regia</hi>, although the vaguer term <hi rend="i">auctoritate sufficiente</hi> also occurs<note type="1"><p>BROOKS, HELMHOLZ and STEIN, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 21.</p></note>.</p>
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                    <div>
                        <head type="h1">2. Cultural Background</head>
                        <p>It is difficult to generalise about the educational, clerical and cultural back ground of English notaries public, for no prosopographical studies of them have been prepared.</p>
                        <p>Notaries by apostolic authority were typically unmarried clerks in minor orders. The form of the papal letter which appointed a notary refers to him as <hi rend="i">clerico non coniugato nec in sacris constituto</hi><note type="1"><p>M. TANGL (ed.), <hi rend="i">Die päpstlichen Kanzleiordnungen von 1200-1500</hi>, Innsbruck, 1894, p. 329.</p></note>. However, there are frequent divergences from this pattern. We occasionally find references to married notaries. John de <pb n="98"/>Beccles, one of the notaries of John Pecham, archbishop of Canterbury, was married<note type="1"><p>R. C. FINUCANE, ‘Two notaries and their records in England, 1282-1307’, <hi rend="i">Journal of Medieval History</hi>, 13 (1987), pp. 1-14, at pp. 7-8.</p></note>. Pope Urban VI granted a faculty to a later archbishop of Canterbury to create twelve notaries, of whom six might be priests or married men<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 80 n. 3.</p></note>. References to married notaries are thought to become more frequent in the fifteenth century<note type="1"><p>RAMSAY, ‘Scriveners and notaries’, p. 125.</p></note>. There are numerous examples of notaries who were priests at the time of their appointment or who subsequently were ordained priests. A priest, Ralph Hauyes, for instance, was admitted as a notary by Thomas Myllyng, bishop of Hereford, in 1481<note type="1"><p>A.T. BANNISTER (ed.), <hi rend="i">Registrum Thome Myllyng, episcopi Herefordensis</hi>, Canterbury and York Society, 1920, p. 60.</p></note>. William de Overton, who drew up a notarial instrument in Ramsey Abbey in 1358, described himself as <hi rend="i">in ordine sacerdotali constitutus</hi><note type="1"><p>British Library, MS. Cotton Otho B XIV, f. 273v.</p></note>.</p>
                        <p>The notary public needed to be trained in the <hi rend="i">ars notarie</hi>. How English notaries acquired a knowledge of the <hi rend="i">ars notarie</hi> is unclear. Studies at the university of Oxford, from at least the mid-fourteenth century, included basic instruction in drawing up charters and other documents<note type="1"><p>H.E. SALTER, W.A. PANTIN and H. G. RICHARDSON (eds), <hi rend="i">Formularies which bear on the History of Oxford</hi>, 2 vols, Oxford Historical Society, 1942, ii. 331-45; CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 77-8; RAMSAY, ‘Scriveners and notaries’, pp. 119, 124.</p></note>; but it is very doubtful if either of the two English universities, Oxford and Cambridge, ever provided a specifically notarial training. Some Englishmen may have gone to Bologna and attended the notarial courses which were taught there<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 76-7.</p></note>. Probably only a minority of English notaries public were university graduates. However, a notary needed at least a rudimentary knowledge of law, and we come across some notaries who actually studied law at university. William de Doune, for instance, appointed a notary public in 1340, was described in 1343 as a scholar of civil and canon law at Merton College, Oxford. He was registrar of the bishop of Exeter and subsequently official of Lincoln. In 1354 he became archdeacon of Leicester<note type="1"><p>A.B. EMDEN, <hi rend="i">A Biographical Register of the University of Oxford to 1500</hi>, 3 vols, Oxford, 1957-9, i. 587-8; CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 46-7; M.J. HAREN, ‘Social ideas in the pastoral literature of fourteenth-century England’, in <hi rend="i">Religious Belief and Ecclesiastical Careers in Late Medieval England</hi>, Woodbridge, 1991, pp. 43-57, at p. 50. Cf. in general I. HAJNAL, <hi rend="i">L’enseignement de l’écriture aux universités médiévales</hi>, 2nd edn, Budapest, 1959.</p></note>.</p>
                        <p>Someone who wished to be appointed a notary public was obliged to undergo an examination; but it would be difficult to say what expertise and other qualities were expected. The letters of appointment and the oaths which they swore are too general and vague to throw much light on this question. Two letters of 1337-8 concerning the desire of the university of Oxford that Robert de Appleby, who held the university office of bedel, should be appointed a notary public are somewhat fuller. In one letter he is described as <hi rend="i">virum <pb n="99"/>competentis literature, bene scribentem, discretum, providum et maturum</hi>, in the other as <hi rend="i">virum probum, pudicum et sobrium, et honestis undique moribus adornatum, literatum, intelligentem, egregieque scribentem, et omnino nostre communitati perutilem et fidelem</hi><note type="1"><p>SALTER, PANTIN and RICHARDSON, <hi rend="i">Formularies</hi>, i. 99-100.</p></note>.</p>
                    </div>
                    <div>
                        <head type="h1">3. Formalities of Investiture</head>
                        <p>The English evidence adds little to what is known from other sources about the investiture of notaries public by apostolic or imperial authority. I shall therefore comment only briefly on this question.</p>
                        <p>The notary by imperial authority, after being examined and approved, swore an oath to the Roman Church and the Roman Empire and undertook to exercise his office faithfully. He was then invested with the insignia of his office, <hi rend="i">per pennam, calamarium atque cartam</hi>. It is recorded that when in about 1317 the prior of Christ Church, Canterbury, conferred the office on John de Kynaston under powers received from Albertus de Alliate de Mediolano, count palatine, the new notary also received the kiss of peace<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 82-3, 155-9.</p></note>.</p>
                        <p>Papal letters appointing notaries public do not mention investiture<note type="1"><p>TANGL, <hi rend="i">Die päpstlichen Kanzleiordnungen</hi>, pp. 50, 329.</p></note>, but it seems likely that here too formal investiture was normal<note type="1"><p>Cf. the form for the investiture of a <hi rend="i">scrinarius</hi> by the pope (1192) given in J. FICKER, <hi rend="i">Forschungen zur Reichs- und Rechtsgeschichte Italiens</hi>, iv, Innsbruck, 1874, p. 224, no. 179.</p></note>. In 1313 the bishop of Durham, under the terms of a papal faculty, invested a notary <hi rend="i">per pennam, calamarium atque cartam</hi>, the same terms as were used for imperial notaries. The bishop of Hereford in 1344 used different terminology: <hi rend="i">per calami, atramenti et carte tractacionem</hi><note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 89.</p></note>. But it seems likely that a broadly similar ceremony of investiture was used for both imperial and papal notaries in England.</p>
                    </div>
                    <div>
                        <head type="h1">4. Extent and Limits of Competence</head>
                        <p>By the second half of the thirteenth century, when notaries public appear on the scene, the institutions of secular law and government in England were sufficiently developed, and indeed sufficiently elaborate and sophisticated, to allow only limited scope to the newcomers. ‘The English Common Law’, C.R. Cheney concisely observed of the notary public, ‘did not recognize him or his works’<note type="1"><p>Ibid., p. 52.</p></note>. Moreover, notaries were rarely employed in drawing up records of debt or contracts. Accordingly, the <hi rend="i">arenga</hi> of papal letters appointing notaries public, <pb n="100"/>beginning <hi rend="i">Ne contractuum memoria deperiret</hi>, was rather inappropriate as far as English circumstances were concerned. The majority of English notarial instruments were in fact transcripts of judicial acts, charters and other documents.</p>
                        <p>There were occasions when notarial instruments were accepted as evidence by the secular courts, normally in cases involving the church; for instance, when in ecclesiastical proceedings against excommunicates the assistance of the secular arm was sought in the royal chancery<note type="1"><p>Ibid., pp. 55-6.</p></note>. Moreover, the royal government made use of notaries for its own business, above all when that business concerned the church or foreign affairs. In diplomacy, there were obvious advantages in using a notary public, whose transcripts and other instruments would be widely recognised and accepted. The disputed succession to the Scottish throne in 1291-6 (the so-called Great Cause) was subsequently recorded from the standpoint of Edward I, king of England, in elaborate detail in notarialised rolls<note type="1"><p>E.L.G. STONES and G.G. SIMPSON (eds), <hi rend="i">Edward I and the Throne of Scotland, 1290-1296: an Edition of the Record Sources for the Great Cause</hi>, 2 vols, Oxford, 1978.</p></note>. The department of the English royal government in which notaries public are first found is the wardrobe; later they are found in the chancery and the privy seal. John Thoresby by 1336 was acting as notary in the chancery; he dealt with much of the diplomatic correspondence. John de Branketre appears as notary in chancery in 1355, and he remained in this position for twenty years. He not only prepared notarial instruments for the royal government but also took a leading part in writing correspondence concerning foreign affairs. Various innovations in chancery documents have been attributed to him<note type="1"><p>P. CHAPLAIS, ‘Master John de Branketre and the office of notary in Chancery’, <hi rend="i">Journal of the Society of Archivists</hi> 4 (1971), pp. 169-199.</p></note>. John de Branketre is a good instance of a general feature of English notarial activity: the skills of the notary public were employed in writings other than notarial instruments and the influence of the notary is to be found in a range of documents emanating from royal and ecclesiastical institutions.</p>
                        <p>The principal area of work for English notaries public was ecclesiastical law and administration. In the fourteenth century, each bishop normally had at least one notary public in his service, and bishops’ registers were often the responsibility of notaries<note type="1"><p>C. HARPER-BILL, <hi rend="i">The Register of John Morton, Archbishop of Canterbury</hi>, i, Canterbury and York Society, 1987, pp. 80-1, contains testimonies of notaries public who worked in the registry of the archbishop of Canterbury. See also C. Jenkins, ‘Cardinal Morton’s Register’, in R.W. SETON-WATSON (ed.), <hi rend="i">Tudor Studies presented … to A.F. Pollard</hi>, London, 1924, pp. 26-74, at pp. 26-32.</p></note>. Records of resignations of and admissions to benefices, citations and appeals, and <hi rend="i">procuratoria</hi> in public form are common<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 104.</p></note>. Notaries were particularly involved in recording the proceedings of ecclesiastical courts. The registrar of the metropolitan court of the archbishop of Canterbury, the Court of Arches, for instance, was a notary, and other notaries were employed <pb n="101"/>in this court<note type="1"><p>Ibid., pp. 43-4. For notaries in the diocesan courts of Canterbury see B.L. Woodcock, <hi rend="i">Medieval Ecclesiastical Courts in the Diocese of Canterbury</hi>, Oxford, 1952, pp. 42-3, 212-3.</p></note>. Many of the proctors who were active in the ecclesiastical courts were notaries, for notarial skills were useful to them. In the Roman curia, too, one finds that some of the proctors acting for English petitioners were notaries<note type="1"><p>See P.N.R. ZUTSHI, ‘Proctors acting for English petitioners in the chancery of the Avignon popes’, <hi rend="i">Journal of Ecclesiastical History</hi>, 35 (1984), pp. 15-29, at pp. 20-1.</p></note>.</p>
                        <p>It was perfectly possible for a notary employed in royal or episcopal government to work also for private clients, and there may even have been freelance notaries who specialised in this kind of work<note type="1"><p>See CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 64-8.</p></note>. The amount of notarial work for private clients does not seem to have been great. However, caution is necessary in drawing conclusions from the number of surviving documents, because documents were less likely to survive in private than in institutional possession<note type="1"><p>Cf. W. TRUSEN, ‘Zur Geschichte des mittelalterlichen Notariats’, <hi rend="i">Zeitschrift der Savigny-Stiftung für Rechtsgeschichte</hi>, Romanistische Abteilung, 98 (1981), pp. 369-81, at p. 377.</p></note>. Instruments prepared for private clients sometimes occur in an international context (for instance, recording the exchange of currency), where the advantages of the notarial instrument are obvious.</p>
                        <p>In England we find limitations on the role played by the notarial document comparable to those which existed in other parts of northern Europe. Notarial instruments were frequently authenticated by sealing in addition to the notary’s <hi rend="i">signum</hi> and attestation. Their use was mainly confined to ecclesiastical and royal institutions. Even in these areas, there were few types of document which were the monopoly of notaries public<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 136. Cf. P.-J. Schuler, ‘Fortleben des Notariats in Verwaltung und Urkundenwesen in spätmittelalterlichen Deutschland’, in <hi rend="i">Notariado público y documento privado de los orígines al siglo XIV</hi>, 2 vols, Valencia, 1989, ii. 1225-58, at p. 1239.</p></note>.</p>
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                        <head type="h1">5. Professional Colleges</head>
                        <p>There were no professional colleges, corporations or guilds of notaries public in England. It seems worth asking why this situation prevailed. The majority of notaries in England were in the service of ecclesiastical or secular government. They differed from the more independent municipal notaries of much of southern Europe, who undertook a great deal of work for private clients within their community. The English notaries had little need and no opportunity to form themselves into corporate organizations.</p>
                        <p>The nearest English equivalent of the notaries’ guilds which existed on the Continent is found with the scriveners. Scriveners were professional scribes who composed and engrossed documents on behalf of their clients. Their function was <pb n="102"/>in some respects similar to that of municipal notaries in southern Europe and <hi rend="i">notarii iurati</hi> in Switzerland<note type="1"><p>M. POSTAN, ‘Private financial instruments in medieval England’, <hi rend="i">Vierteljahrsschrift für Sozial- und Wirtschaftsgeschichte</hi>, 23 (1930), pp. 26-75, at pp. 34-5; TRUSEN, ‘Zur Geschichte des mittelalterlichen Notariats’, p. 378.</p></note>. The most important group of scriveners consisted of those who worked in London. They formed a company or guild, which is first mentioned in 1357. In 1373, to combat abuses in their craft, which included forgery, they drew up regulations and received formal recognition from the civic authorities. Henceforth only those examined and admitted to the Scriveners’ Company were permitted to practice as scriveners in London. Revised regulations were made in 1392, and from about this date a register was kept, known as the ‘Common Paper’, which among other things recorded those admitted as members of the Company. Each new scrivener stated that he had sworn the oath of admission and undertook to observe the ordinances of the Company<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 139; N.L. RAMSAY, ‘Forgery and the rise of the London Scriveners’ Company’, in R. MYERS and M. HARRIS (eds), <hi rend="i">Fakes and Frauds: Varieties of Deception in Print and Manuscript</hi>, Winchester and Detroit, 1989, pp. 99-108, at pp. 103-4; BROOKS, HELMHOLZ and STEIN, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 52ff.; F.W. STEER (ed.), <hi rend="i">The Scriveners’ Company Common Paper, 1357-1628</hi>, London Record Society, 1968.</p></note>. The scriveners wrote these entries in their own hand over a period of two centuries and more. The Common Paper is therefore of considerable palaeographical interest. From our point of view, it is more important to note that in framing their regulations the scriveners were probably to some extent influenced by notarial practice. Indeed, some scriveners, including two of the earliest wardens of the Company, John Cossier and Martin Seaman, were notaries public<note type="1"><p>BROOKS, HELMHOLZ and STEIN, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 55.</p></note>; and some (but not all) of these notaries recorded their notarial signs in the Common Paper<note type="1"><p>E. FRESHFIELD, ‘Some notarial marks in the “Common Paper” of the Scriveners’ Company’, <hi rend="i">Archaeologia</hi>, 54 (1895), pp. 239-54, at p. 240; H. JENKINSON, <hi rend="i">The Later Court Hands in England</hi>, Cambridge, 1927.</p></note>.</p>
                        <p>Little can be said about scriveners outside London, for virtually no research has been done on them. The scriveners of York, however, were sufficiently well organized and effective to mount performances of a mystery play, ‘The Incredulity of St Thomas’, the text of which is extant<note type="1"><p>A.C. CAWLEY, ‘The Sykes manuscript of the York scriveners’ play’, <hi rend="i">Leeds Studies in English</hi>, 7-8 (1952), pp. 45-80; R. BEADLE (ed.), <hi rend="i">The York Plays</hi>, London, 1982, pp. 366-72.</p></note>. Another unusual survival is the note-book of a scrivener practising at Bury St Edmunds, recording numerous transactions of <hi rend="i">c.</hi> 1460-4<note type="1"><p>Cambridge University Library, Add. MS. 7318. See A.E.B. OWEN, ‘A scrivener’s note-book from Bury St Edmunds’, <hi rend="i">Archives</hi>, 14 (1979), pp. 16-22.</p></note>.</p>
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                    <div>
                        <head type="h1"><pb n="103"/>6. Economic and Social Conditions</head>
                        <p>It is extremely difficult to generalise about the social and economic status of notaries public in England. There are no <hi rend="i">matricula</hi> which record systematically the admission of notaries to their office. The nearest equivalent to these is the Common Paper of the Scriveners’ Company mentioned above. In 1402 Thomas Arundel, archbishop of Canterbury, ordered the bishop of London to enquire into the notaries practising in the diocese of London; and a list of them resulting from this investigation survives. It shows that sixty-one notaries were known to be practising in the diocese, of whom forty-eight were able to show that they were suitably authorised. Of these forty-eight, thirty-five were active in the city of London<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 92-4, 181-4.</p></note>.</p>
                        <p>As far as I am aware, this is the only comprehensive record dating from before the Reformation of notaries public functioning in a particular area of England. Otherwise the sources are scattered and have never been systematically sifted and collected. In the absence of a biographical register along the lines of the invaluable biographical registers of the universities of Oxford and Cambridge compiled by A.B. Emden, we cannot reach secure conclusions about what sort of careers they had. Moreover, the position is complicated by the fact that probably few men practised exclusively or even mainly as notaries public. Notarial instruments form only a very small part of the total documentary output of the fourteenth and fifteenth centuries in England, and the majority of notaries must have been involved also in preparing and copying other types of document, as well as in other administrative and legal activities. English notaries cannot therefore be seen as a homogeneous group.</p>
                        <p>Many (perhaps most) of them were unmarried clerks in minor orders. This status would have made it difficult for a notary on the one hand to establish a hereditary notarial dynasty and on the other to receive certain types of ecclesiastical preferment. Yet there are cases of notaries public who had successful careers in the church. Gilbert de Bruera, for instance, a notary public in priest’s orders, can probably be identified with someone of the same name who was provided to various canonries, became archdeacon of Ely, and died as dean of St Paul’s, London, in 1354<note type="1"><p><hi rend="i">Fasti Ecclesiae Anglicanae, 1300-1451</hi>, 12 vols, London, 1962-7, iv. 17, v. 5, 59, vi. 46, vii. 28, viii. 39, 48, x. 52, 68.</p></note>. John de Thoresby, mentioned earlier as holding the office of notary in the royal chancery, rose to the highest secular and ecclesiastical offices, becoming royal chancellor and archbishop of York<note type="1"><p>CHAPLAIS, ‘John de Branketre’, pp. 172-3.</p></note>.</p>
                        <p>In many cases the principal reward that notaries received for their work in ecclesiastical and lay government must have been in the form of ecclesiastical benefices. There is also some evidence about monetary payments made to notaries for their work. The notary Ildebrandus, probably to be identified with Ildebrandus Bonadote de Senis (Hildebrand of Siena), was paid 13s. 8d. by the executors of Walter of Merton, founder of Merton College, Oxford, between 1277 and 1282 <hi rend="i">pro <pb n="104"/>scriptura et innovacione appellacionum</hi><note type="1"><p>J.R.L. HIGHFIELD (ed.), <hi rend="i">The Early Rolls of Merton College, Oxford</hi>, Oxford Historical Society, 1963, p. 143. For Ildebrandus Bonadote de Senis, see R. BRENTANO, <hi rend="i">York Metropolitan Jurisdiction and Papal Judges Delegate</hi> (<hi rend="i">1279-96</hi>), Berkeley and Los Angeles, 1959, pp. 189-90, 192-4, and C.R. CHENEY, ‘Notaries public in Italy and England in the later Middle Ages’, <hi rend="i">Studi Senesi</hi>, 92 (1980), pp. 173-88, at pp. 176-7.</p></note>. Accounts concerning the appropriation of the parish church of Longdon in the diocese of Worcester to Westminster Abbey record various payments, ranging from 3s 4d to 13s 4d, to notaries for their work in preparing documents<note type="1"><p>R. M. HAINES, <hi rend="i">Ecclesia Anglicana: Studies in the English Church of the Later Middle Ages</hi>, Toronto, 1989, pp. 8-9, 11.</p></note>. John Salmon, bishop of Ely, in 1299 employed a notary by apostolic authority at an annual salary of 20s. plus clothing. In 1306 William de Maldon and certain other notaries who are not named were paid 20 marks by the king’s Exchequer for transcribing no less than ninety-seven papal documents <hi rend="i">in forma publica</hi>. The same William de Maldon received 15s. from the abbot of Westminster for his services during the Worcester visitation of the archbishop of Canterbury in 1303, but what he did for this sum is not stated<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 34, 57 n. 2, 185.</p></note>.</p>
                        <p>These rather random remarks may at least suggest that the investigation of the careers of English notaries public and the comparative study of their careers is likely to be a fertile field of future research.</p>
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                        <head type="h1">7. Functioning</head>
                        <p>In England, as elsewhere, the notary first prepared preliminary notes of the transaction he was recording and then drew up a formal account of it in a register (or protocol). In much of southern Europe the protocol was regarded as the principal record of the transaction, and protocols were carefully preserved in official archives<note type="1"><p>Ibid., pp. 95-102.</p></note>. In England they do not seem to have enjoyed this status, and virtually none of them survive. Some light is thrown on the protocols of two early notaries in England by the records of a commission concerned with the canonisation of Thomas Cantilupe, bishop of Hereford. In 1307 the commission examined and made copies from the protocols of John de Beccles and Hildebrand of Siena, both active in the late thirteenth century, one in the service of the archbishop of Canterbury, the other in that of the bishop of Hereford. By 1307 they were dead and their protocols were in the possession of their sons. Hildebrand’s protocols were in the form of a roll, while John’s were in loose quires<note type="1"><p>FINUCANE, ‘Two notaries’. See also his ‘The registers of Archbishop John Pecham and his notary, John of Beccles’, <hi rend="i">Journal of Ecclesiastical History</hi>, 38 (1987), pp. 406-36.</p></note>.</p>
                        <p>In drafting their instruments, notaries were assisted by formularies, letter books, treatises and similar compilations. We are more fortunate in the survival of these than in the survival of their protocols. John of Bologna, brought to England by John Pecham, archbishop of Canterbury, in 1289 completed a <hi rend="i">Summa notarie</hi> for <pb n="105"/>notaries in ecclesiastical courts. Its declared aim was to instruct them in the <hi rend="i">ars notarie</hi>, which the author said was little practised and understood in England, and to provide the material by which the practices of the Roman curia in judicial processes could be imitated in the court of Canterbury<note type="1"><p>L. ROCKINGER (ed.), <hi rend="i">Briefsteller und Formelbücher des eilften</hi> (sic) <hi rend="i">bis vierzehnten Jahrhunderts</hi>, 2 vols, Munich, 1863-4, especially ii. 603-4, 711-2.</p></note>.</p>
                        <p>Formularies and letter books associated with particular notaries have been identified. If one bears in mind the rather limited role which the notarial instrument had in England and the fact that most notaries probably devoted only a part of their time to preparing notarial instruments, one will not be surprised that their collections are far from being taken up exclusively with such instruments. This applies, for instance, to a letter book of Gilbert Stone, who held high offices in the dioceses of Salisbury, Bath and Wells, and Worcester from 1375 to 1407<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, p. 48.</p></note>, and to the formulary which belonged to Peter Effard. The latter contains fifteenth-century notarial instruments and other documents concerning ecclesiastical administration and especially benefices. Names and dates in the entries are generally abbreviated or omitted<note type="1"><p>Cambridge University Library, Add. MS. 3115. There are two illustrations from the manuscript in D.M. OWEN, <hi rend="i">The Medieval Canon Law: Teaching, Literature and Transmission</hi>, Cambridge, 1990, pp. 51-2. This formulary and other collections are discussed ibid., pp. 30-42.</p></note>. Another collection, which dates from the early sixteenth-century, is associated with Nicholas Collys. In addition to being a notary public, Collys was proctor-at-law of New College and Merton College, Oxford. In 1481 he is described as proctor of the court of Canterbury, a position he still held in 1521. In that year he also appears as <hi rend="i">actorum scriba</hi> of Richard Lichfield, commissary of the bishop of London<note type="1"><p>EMDEN, <hi rend="i">Biographical Register of the University of Oxford</hi>, i. 465; Corpus Christi College, Cambridge, MS. 108, p. 22; Cambridge University Archives, Collect. admin. 39, f. 41<hi rend="sup">r</hi>.</p></note>. Collys’s collection contains copies of notarial instruments and judicial proceedings, but also copies of papal letters, petitions to the pope, letters concerning business in the papal court and other matter which would be of use to someone acting as a proctor there<note type="1"><p>Corpus Christi College, Cambridge, MS. 170; M.R. JAMES, <hi rend="i">A Descriptive Catalogue of the Manuscripts in the Library of Corpus Christi College, Cambridge</hi>, 2 vols, Cambridge, 1912, i. 381-90.</p></note>. Business at the papal curia features prominently in the memorandum book of another notary, John Lydford, official of Winchester from 1377 to 1394 and archdeacon of Totnes<note type="1"><p>D. M. OWEN (ed.), <hi rend="i">John Lydford’s Book</hi>, London, 1974.</p></note>. This volume contains examples of notarial instruments as well as related material, for instance, a formula to be used in court to cast doubt on the authenticity of a notarial instrument.</p>
                        <p>The notary prepared the original instrument on the basis of his protocol. The notarial instruments drawn up in England do not differ fundamentally in their external features or their formulae from those drawn up on the Continent. The style of handwriting, as one would expect, tended to be English. Some notaries, however, were strongly influenced by Italian hands and, in the fourteenth century, by the handwriting of the papal curia in Avignon. A good <pb n="106"/>example of this is the handwriting of John de Branketre. He visited Avignon as an envoy of King Edward III in 1355. He remained there long enough to learn the curia’s cursive script, which he employed until 1359<note type="1"><p>CHAPLAIS, ‘John de Branketre’, pp. 179-81.</p></note>.</p>
                        <p>It is not possible to consider in detail the diplomatic of English notarial instruments here, but I wish to draw attention to one or two special features. The <hi rend="i">signum</hi> is visually the most striking element in the original instrument<note type="1"><p>Examples of <hi rend="i">signa</hi> are illustrated in J.S. PURVIS, <hi rend="i">Notarial Signs from the York Archiepiscopal Records</hi>, Borthwick Institute, 1957. For the design of the <hi rend="i">signum</hi> of Richard of Ledbury, notary of the bishop of Worcester, see HAINES, <hi rend="i">Ecclesia Anglicana</hi>, p. 242 n. 74.</p></note>. We learn of one notary, Thomas Everarde, employed by New College, Oxford, from 1475, who imprinted his sign with a wooden stamp. This suggests that he frequently had occasion to use his sign. We are here in the age of printing, and it has been suggested that the stamp may have been made for Everarde by Theoderic Rood, the first known Oxford printer, although there does not appear to be any direct evidence for this<note type="1"><p>EMDEN, <hi rend="i">Biographical Register of the University of Oxford</hi>, i. 654.</p></note>. Many instruments, especially those concerning judicial proceedings, were authenticated only by the notary’s <hi rend="i">signum</hi> and subscription; but sealed notarial instruments were common, for England was a land of seals. Only sealed documents were given credence in the common law courts, which must have provided an incentive to seal any notarial instruments which might need to be produced there. Finally, I should like to mention a case when the <hi rend="i">signum</hi> was used in place of the seal. In a document of 1338 addressed to the official of the court of York, the notary public Hugh Palmer de Corbridge recites a summons and states that, because there is no suitable seal available, he has added his sign<note type="1"><p>Borthwick Institute of Historical Research, York: Diocesan Records, CP.E.35: <hi rend="i">quia sigillum auctenticum ad presens habere non potui signum meum consue</hi>[<hi rend="i">tum</hi>] <hi rend="i">apposui</hi>. See also PURVIS, <hi rend="i">Notarial Signs</hi>, plate 19.</p></note>.</p>
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                        <head type="h1">8. Penal Measures<note type="1"><p>Cf. in general T. SCHMIDT, ‘Der ungetreue Notar’, in <hi rend="i">Fälschungen im Mittelalter</hi>, ii, Hanover, 1988, pp. 691-711.</p></note></head>
                        <p>There is no reason to suppose that official lists (or <hi rend="i">matricula</hi>) of notaries public practising in England existed, and doubts must have arisen from time to time about notaries’ credentials. Most of the cases which I have come across of disciplinary proceedings against notaries public concern suspect credentials. In 1314 the bishop of Durham forbad notaries by imperial authority to practise in his diocese until they showed their credentials<note type="1"><p>N. DENHOLM-YOUNG, ‘The <hi rend="i">cursus</hi> in England’, in his <hi rend="i">Collected Papers</hi>, Cardiff, 1969, pp. 42-73, at p. 57.</p></note>. The bishop of London’s investigation of 1402, which was discussed earlier, found forty-eight notaries in his diocese who were able to establish their credentials and no fewer than thirteen <pb n="107"/>who were not able to do so. The thirteen, described as <hi rend="i">male fame et denigrate opinionis</hi>, were all named<note type="1"><p>CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 93-4, 183-4.</p></note>. In addition one finds occasional references to individual notaries who appear to have been acting illicitly. A letter of Pope John XXII of 1317 refers to some associates of David de Truru (that is, Truro in Cornwall), who falsely claimed to be notaries by apostolic authority<note type="1"><p>Vatican Archives, Reg. Aven. 6, f. 145<hi rend="sup">r-v</hi>: … <hi rend="i">assumptis secum aliquibus, qui se tabelliones existere mentiuntur</hi> …; MOLLAT, <hi rend="i">Jean XXII: lettres communes</hi>, i. 324, no. 3556.</p></note>. Similarly John de Pedehulle was denounced by the bishop of Exeter in 1331 for having posed as a notary public and produced <hi rend="i">plura Instrumenta, nedum suspecta set falsitate conspersa</hi><note type="1"><p>F.C. HINGESTON-RANDOLPH (ed.), <hi rend="i">The Register of John de Grandisson, Bishop of Exeter</hi>, i, London, 1894, p. 255.</p></note>. In 1382 Master John Thorne was found guilty in the court of King’s Bench in a plea of falsity and deceit by bill. He was said to have forged an instrument concerning a marriage contract<note type="1"><p>G.O. SAYLES (ed.), <hi rend="i">Select Cases in the Court of King’s Bench</hi>, vii, Selden Society, 1971, pp. 22-3. For further examples see CHENEY, <hi rend="i">Notaries Public</hi>, pp. 130-1.</p></note>.</p>
                        <p>Of a quite different type are cases when notaries public fell foul of the royal authorities, not because they were practising illicitly, but because they were employed by clients held to be acting against royal rights. Pope Clement V in 1308 accused royal officials of preventing notaries from publishing citations in certain ecclesiastical cases<note type="1"><p>RYMER, <hi rend="i">Foedera</hi>, II. i. 41-2.</p></note>. It is not surprising that notaries should occasionally have been caught up in the frequent conflicts between the Church and the English Crown concerning ecclesiastical benefices, jurisdiction and other matters. Luke de Thakested, for instance, a notary by apostolic authority, was imprisoned during the king’s pleasure in 1329 for coming to the court of the Exchequer to notarialise a record of a plea there. He was only released through the intervention of the bishop of Lincoln<note type="1"><p><hi rend="i">Calendar of Patent Rolls, 1327-1330</hi>, London, 1891, p. 418.</p></note>. The notary’s work could indeed be hazardous. Thomas Pris was thrown into a pit in a dispute concerning a benefice in the diocese of Lincoln in 1400<note type="1"><p><hi rend="i">Calendar of Entries in the Papal Registers relating to Great Britain and Ireland: Papal Letters</hi>, v, London, 1904, p. 303. A <hi rend="i">T. Prys</hi> acted as proctor for John Bysschopton, monk of Durham, in the papal chancery in 1396: P.N.R. ZUTSHI, <hi rend="i">Original Papal Letters in England, 1305-1415</hi> (Index Actorum Romanorum Pontificum ab Innocentio III ad Martinum V electum, 5, 1990), p. 322.</p></note>.</p>
                        <p>If we wish to arrive at a balanced judgement concerning English notaries we should bear in mind that they seem normally to have been properly authorised and to have practiced peaceably and honestly. The instruments which they drew up are not free from blemishes, but in general it seems that they display a reasonable standard of penmanship, drafting and accuracy.</p>
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            </text>
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